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jueves, 10 de septiembre de 2026

10 de Septiembre

Hoy es el día mundial de la prevención del suicidio.
Las redes estan inundadas de lazos amarillos, de consejos, de mensajes e información. ¿Y sabéis en qué pienso yo?

En Maikel. En cuando busqué su cuenta de Twitter tras dejarlo para hablarle del libro, y vi que habia retuiteado un tweet que decia algo asi como "mañana voy a dejar a mi novio, con el que llevo un año, porque esta deprimido y ya no lo aguanto mas" No era exactamente eso, pero era el mensaje.
Le hablé muchas veces de mi depresión. Él ya había dejado antes a una chica por estar deprimida, y me daba miedo que pasase lo mismo, pero me repetía una y otra vez que no pasaría porque no éramos iguales. Sabía lo que me hizo Dani. Sabía que mi empeoramiento era debido a él. 
Me dolió mucho ese tweet. Fue como una prueba mas de las mentiras, fue sentirme una carga una vez mas, un problema, solo porque no podia con mi vida.
Le dije muchas veces que si no podia estar con alguien con depresión lo entendía, y realmente lo entiendo, pero me sigue doliendo que siempre dijese que sí podía, que merecía la pena, para después publicar algo asi.
Todos nos escandalizamos si alguien dice que deja a su pareja porque le han diagnosticado cáncer y no quiere aguantar con ella la enfermedad. Hablamos de egoismo y de que no la queria de verdad. Pero no nos escandalizamos igual si la enfermedad es la depresión. 
Sé que es un tema complejo, y que no es tan sencillo como "si se va es egoista y si se queda es buena persona", no voy por ahí. Pero, si decides quedarte, es para ser un apoyo, no una losa mas, si no, es mejor que te vayas lo antes posible.

Me imagino bastante bien su reacción cuando le cuenten (porque seguro que lo harán) lo que ocurrió la semana pasada. Y, por desgracia, me da vergüenza. Desearía que no llegase a saberlo. Hay personas que no deberían conocer tus debilidades, ni conocer nada de tu vida. Odio la idea de que pueda seguir sabiendo cosas de mi.

Luego he pensado en mi hermana. En todas las veces que me ha demostrado que no soy una carga, que no solo no soy un problema, si no que soy su ancla, que soy importante. Su manera de quererme y cuidarme.
También pienso en German, Joshua, Paula, Danil, Salo... en todos esos amigos que estan conmigo incluso cuando hace días silencié las notificaciones de WhatsApp y lo quité todo de mi vista porque no quiero hablar con nadie.
Recuerdo la cantidad de veces que he escrito "tengo suerte de tener a mis amigos" y German me ha respondido "y ellos de tenerte a ti, no lo olvides".

Algunos me entienden. Entienden lo complicado, lo casi imposible que es vivir con la sombra de Dani haciendo su vida tranquilamente después de lo que me hizo, avanzando en sus metas mientras yo me he quedado estancada porque no soy capaz ni de respirar, mientras a la vez niega lo que hizo y, encima, no duda en decir que la mala fui yo. 
Otros no lo entienden. Se enfadan, me repiten que tengo que dejar de pensar en Dani y que tengo muchas cosas buenas. No es que no tengan razon, pero que sepas la solución a algo no significa que tengas la capacidad para realizarlo.

Pensé que no iba a llegar a cumplir los 35, y por eso este cumpleaños ha sido tan importante para mi. Ya estaba estable, mucho mejor, con ganas y capacidad para hacer cosas y moverme. Días después Dani me escribe y vuelve a tirarme a ese pozo infinito, esta vez dejándome por completo sin capacidad para salir. Le odio. Más de lo que nunca he odiado a nadie, y me parece la persona mas egoísta que he conocido nunca. Ojalá nunca vuelva a hablarme.

No sé qué va a pasar con mi vida. No sé qué será de mi en una semana, un mes o un año. Sé que no estoy sola, y que he aprendido a valorar mas lo que me rodea, y a elegir mejor. 
Sé que nunca volveré a estar con alguien que sea posible que este de acuerdo con un tweet que dice que deja a su pareja por estar deprimida. Sé que no volveré a dejarme engañar mil veces y durante años por la misma persona. Y sé que debo quedarme con las amistades de verdad, las que me quieren y aceptan con todas mis luces y sombras. 

Las que no me abandonan si les digo que estoy tan mal que no quiero seguir con mi vida.
Las que no me hacen sentir un problema.
Las que me dan lo mismo que doy yo.

Gracias, a todos ellos, a mi familia. 
Gracias a mi hijo, mi hermana, mi sobrino.
Gracias a German, Joshua, Paula, Danil, Salo, Almu, Yeimi, Ale, Rocío, María y Alex.
Gracias a los profesionales que me acompañan.

Ahora mismo no puedo prometer seguir intentándolo, no tengo capacidad para pensar en positivo o ver opciones. Pero sí soy consciente de la suerte que tengo a mi alrededor, y creo que eso también importa.

domingo, 26 de enero de 2025

Tercer domingo

Es otro domingo. De esos que no estoy allí, y ya van tres.

Ya no tengo ni idea de cuando hay fútbol, tampoco sé horarios ni qué estará haciendo en este momento. 

Pasan los días, la semanas. Voy sobreviviendo. Sigo recordando y repasando cada palabra de la última conversación, el "ya he quitado las fotos", los reproches, la culpabilidad. El daño.

A veces hay situaciones, canciones, lugares... que clavan puñales a traición y me rompen de nuevo, cuando parecía que todo estaba tranquilo. 

Intento hacer una lista mental de todas las cosas que no funcionaban, que nos hacían absolutamente incompatibles. No son pocas, y de hecho son tantísimas que no entiendo cómo hemos durado tanto. 
Y eso se me clava. Más de un año, convivencia, planes, rutinas... todo se ha ido, y por mucho que sepa que es lo mejor, se me sigue haciendo un mundo hacerme a la idea de que nada de eso volverá. 

Pienso muchísimo en Dylan, cada vez que veo a mi perra, cada noche antes de dormir, con cada recuerdo. 

Mi hijo me ve llorar todos los días, le he explicado lo que ha ocurrido y siempre me dice que soy muy fuerte y que es normal que esté así, que no pasa nada. Me ha dicho que está orgulloso de mi. 

Danil me dice cada dos por tres que he hecho lo correcto, me dice también que está orgulloso de mi, igual que el resto de mis amigos. Joshua, Rocío, Almu, Paula, Dani...
Germán dice que en cuanto me recupere va a darme muchísima caña, pero ahora mismo siento que me cuida una barbaridad, y se lo agradezco tanto que no me valen las palabras.

No sé muy bien cómo seguir esta entrada. Qué más decir o cómo vaciarme. Tengo muchas ganas de irme a Salou, pero a la vez no me apetece en absoluto prepararlo todo, pensar, organizar... 

Estoy continuando mi vida y me siento arropada y acompañada. En unos meses todo habrá quedado atrás y las cosas serán distintas. Pero ahora mismo sigo rota. Me sigue doliendo el alma, me queman los recuerdos y estoy, simplemente, hecha polvo.

Supongo que es normal, que me lo tengo que permitir, que es cuestión de tiempo. Pero estoy tan agotada, tan cansada, tan harta...

Una parte de mi sigue esperando una llamada, pero cada vez es más grande la parte que sabe que no. Que no es el camino. 

Me recuero continuamente el "¿qué estará haciendo él?", y, aunque no sé cuál es su rutina ahora, si sé que no piensa en mi ni la mitad que yo en él, y eso es una de las formas de hacerme más fuerte. 
Pero también duele mucho esa idea. Sentir que no he sido nada, que seré una más, que no recordará mis esfuerzos o que pensará que nunca he valorado los suyos. 

Me sigue doliendo el pecho, siento una presión infinita y sigo ahogándome. Sigo deseando que ojalá hubiera funcionado. Que ojalá el amor hubiera sido como tenia que ser.

Y me duele todo. Por dentro y por fuera. 

Yo solo quiero tener paz.

jueves, 23 de enero de 2025

Ahogarse

Me estoy ahogando. De verdad que me ahogo.

Esta angustia, este dolor infinito. Esa ansiedad de ver sus fotos, de recordar. De olvidar lo malo y resaltar lo bueno. 

Convencerme de que es lo mejor, que en un tiempo veré que era lo correcto. Releer conversaciones, leerme a mi misma. Recordar las cosas que tanto han dolido. 

Pero me sigo ahogando. Me duele el pecho, me desespero. Quiero gritar, gritar de verdad, fuerte, con todas mis ganas. Quiero llorar 24 horas al día, y no recordaba lo que era sentirse tan sumamente mal. Incluso sabiendo que es lo mejor, aunque me repita cien veces que es lo mejor.

Me agarro y aferro a mi gente, me recuerdan cosas, me dan amor infinito. Aunque me siga ahogando. Aunque el llanto no pare. Aunque no sea capaz de controlar el dolor.

Me dicen que pasará. Yo sé que pasará, porque no es la primera vez, porque ya he vivido otras pérdidas en las que pensé que no sobreviviría.

Pero al final siempre sobrevivo, siempre sigo adelante. Con amor, con apoyo, con fuerza.

Aunque ahora... ahora me estoy ahogando.

martes, 3 de octubre de 2023

Sobrevivir a los recuerdos

Ha llegado otro 3 de octubre. 
Esta vez ya hace 15 años desde aquel primer concierto, con esas casi doscientas personas que vinieron a vernos dar nuestro debut, a acompañarnos en nuestro gran día.

15 años desde aquel fin de semana repleto de felicidad, de cosas nuevas y sentimientos a flor de piel.

Mañana serán 15 años desde aquel primer beso.

Ha vuelto a llegar octubre, y con él todos los recuerdos, todo el dolor, los escalofríos, la tristeza.
Cómo odio octubre.

Este año es aún más complicado, la situación es diferente a estos años atrás, y a la vez muy parecida a la del octubre de hace 9 años. Vivo con miedo a que termine repitiéndose el infierno y los meses que siguieron a aquel 4 de octubre de 2014.
El día que comenzó la guerra. 
A veces siento que es una guerra que nunca va a terminar del todo, que los fantasmas siempre van a estar ahí.

Me invade la pena al pensar en cómo unos recuerdos horribles terminaron sepultando a los buenos, me invade la pena al recordar cómo eran de importantes para mí las fechas y lugares, y cómo pisaron de forma tan brutal todo lo que era valioso. 
Sigo sin comprender por qué ese día. Por qué justo ese día.
Sigo sin comprender por qué años después fue en aquel lugar. Justo aquel lugar.

Siempre he pensado que al final el dolor acabaría pasando, que mi cuerpo y mi corazón se acostumbrarían, y que la nueva vida sería mucho más importante y maravillosa y por tanto eclipsaría aquel octubre.

Pero al final el dolor nunca se va. Y quizá esa sea una de las razones por las que el final era inevitable, porque yo he perdonado, pero mi corazón no olvida.

Que horrible tener que vivir otra vez octubre.
Necesito que termine el día de hoy, necesito que pase el día de mañana, y necesito que sea ya día 9 o 10 y que toda la semana de recuerdos nefastos se haya marchado.

No sé qué voy a hacer estos días para continuar en pie, pero una vez más debo aguantar, mantenerme fuerte, y recordar que pude seguir adelante pese a todo el daño, pese a todos los golpes.

Ella jamás volverá a mi vida. Él ya no es el mismo.
Sigo cumpliendo mis metas.

Y voy a sobrevivir a octubre.

jueves, 7 de octubre de 2021

Octubre

Hace años que odio el mes de octubre. Sobre todo esta primera semana. Los recuerdos me abrasan y me hacen daño de manera continua. De casi cada dia de la primera semana tengo un recuerdo que quema.
Tan solo el ser consciente de ello ya duele. De cómo un mes que era el mejor pasó a ser un infierno.

Si encima las cosas están tal y como están ahora... el daño es cuádruple. Me replanteo mi vida y mis decisiones, me lo replanteo todo y todo lo pienso cien veces.

Ya no se ni que más decir. 
Algún día aprenderé.

jueves, 27 de mayo de 2021

Las cosas que duelen

Las cosas que duelen. 
Las preguntas que jamás quieres volver a hacer, las respuestas que no quieres volver a escuchar. 
La sensación de pérdida, de fracaso. De sentirte nada.

El dolor en el pecho cuando te das cuenta de que la buena época ha pasado.
Las dudas.

Las ganas de rendirse.

El darte cuenta de que en realidad, ya te has rendido. 

miércoles, 14 de abril de 2021

Con las ganas

Se me hunde el dolor en el costado y se me nublan los recodos
Tengo sed y estoy tragando, no quiero no estar a tu lado...

Esta canción me pone tan triste... me recuerda ese momento de mi vida en el que todo volvió a ir cuesta abajo, ese preciso momento en el que me perdí a mi misma para adaptarme o intentar convertirme en algo que no era. Aquel momento en el que dejé que mi autoestima desapareciera por completo, y me quedé donde me estaban haciendo daño día a día. 
Esas maravillosas frases; "tia es que estas loca" "qué medias más feas, te quedan fatal" "hoy no te has arreglado nada" "no sabes hacerme disfrutar" "no haces nada por mi" "yo lo doy todo por ti" "no eres capaz de controlarte"
Entre otras muchas más, entre otros tantos momentos de salir de allí y comenzar a llorar como si no hubiera un mañana, pero pese a todo volver al día siguiente. Llamar a mis amigos con un "No puedo más", pero quedarme, porque yo iba a conseguir que las cosas cambiaran, porque yo no lo estaba haciendo bien, porque yo podía cambiar, porque yo podía adaptarme. Porque estaría loca si me iba. Porque era perfecto. Porque lo tenía todo. Porque me trataba como a una princesa. Porque me cuidaba.

Qué infierno fue parar. Ser fuerte. No volver a llamarle, hablarle, ni saber de él. Qué horrible sentirme culpable de todo.
Y después, lo de siempre, lo que nunca se ha ido de mi lado, la frase eterna... "eres una dramática, una exagerada" 
Me apoyé en quien no debía, y todo fue a peor. "Te has equivocado" "Es que eres tonta" "Lo tenia todo" "Ojalá encontrar yo a alguien así"
Quizá simplemente no supe explicar de verdad lo que pasaba.

Y allí me quedé, rota. Allí sigo, en realidad. Sin recuperarme de las heridas, sin recuperar la autoestima, sin volver a ser yo, sin volver a quererme, ni a gustarme lo que veo en el espejo. Simplemente sobreviviendo. Empeorando a ratos. Mejorando otros.

Y sin ser capaz de hablar de aquello porque siento que la culpa fue única y exclusivamente mía. Porque yo sabía lo que había y aún así me metí. Porque fui yo la que se mantuvo arrastrándose durante meses, después de todo. Pese a todo.

He estado leyendo mis publicaciones de aquella época, y, entre muchas, he encontrado esta, "Puede", de un par de meses después de haber terminado todo.
Siempre me eché la culpa. Siempre me he echado la culpa.
Pero... ¿De verdad fue solo mi culpa?

Ojalá ser de nuevo yo, algún día.



¿Cómo no pude darme cuenta?

lunes, 18 de mayo de 2020

Karma

¿Cuántos de vosotros creéis en el karma?

Yo creo fuertemente en él. No me preguntéis por qué.
Quizá porque siempre he pensado que lo malo que me pasa es en justicia por el daño que he causado o las cosas que he hecho mal. Y que las cosas buenas son para premiar las que yo hice o hago. 

Tengo 28 años y siento que no me conozco, que no sé quién soy, qué quiero, qué necesito, porqué hago las cosas. 

El teléfono me dice que estás viva, pero solo veo distancia.

Me duele mucho el corazón, me duele mucho el alma. Ojalá mi gata estuviera aquí para abrazarme a ella. Desde que no está no he vuelto a sentir que duermo realmente bien. Siempre falta algo. Siempre va a faltar. Nunca pensé que de verdad la echaría tantísimo de menos.

Llevo años encerrada en mi misma, sin sentir que haya alguien que me entienda. Llevo años sintiendo que estoy rota. Sola. Y también siento que me gusta estar así. Es más fácil no contar nada, no expresar nada, no escuchar nada de vuelta.

¿Dónde está la Irene de 2016? En serio, ¿Dónde está? ¿En qué momento se perdió? ¿En mayo? ¿En septiembre? ¿Fue en febrero, cuando todo volvió a comenzar?
Quizá fue solo un espejismo que nunca llegó a existir. 

Nunca he sabido tomar decisiones, nunca lo he hecho bien. Al final siempre me arrepiento de todo, al final veo que tendría que haber tomado otros caminos. Y ahora no soy capaz de tomar ninguna porque me da miedo verme en un año arrepintiéndome de lo que decidí hoy. 
¿Y qué ocurre mientras?
Que hago daño a los que me rodean.
Como siempre.

José Manuel es mi ancla. Él es mi soporte. Y vivo muerta de miedo ante la idea de hacerle daño, de estropear su vida como estropeé la mía. 

No voy a tener graduación. Ni viaje de fin de carrera. Y no sabéis lo que me duele, lo que se me clava en el alma. Aunque en realidad no sea importante, aunque parezca una auténtica tontería. Siento que me han robado el premio por mi esfuerzo estos años, y entonces recuerdo que no me he esforzado tanto, y el karma viene a recordarme que es lo que me he ganado tras pasar cuatro años haciendo pensar a la gente que era buena en mi carrera cuando lo único que soy es un fraude con mucha suerte. Por eso no tengo mi graduación, ni mi viaje. Porque en realidad no me los he ganado.

Mi cabeza es un torbellino. Es un auténtico torbellino que no consigo parar. Nadie va a escuchar mis gritos de auxilio.

Un hombre cansado que sube de un bar, ese soy yo,
Cartel de cerrado en el paraíso,
El corazón me pide una tregua,
La luz de reserva se encendió.

Daría mi mundo por poder coger las maletas y a mi hijo y marcharme lejos. Muy lejos. Empezar de nuevo. Huir. Él y yo solos, felices en algún lugar remoto.
Pero es un pensamiento egoísta, porque él no sería feliz. Él echaría demasiado de menos. 
Ojalá pudiera decir lo mismo de mi.

Mi profesor de Salud nos contó que lo máximo que una persona puede estar llorando seguido son 10 minutos. El cuerpo humano no admite más tiempo de lágrimas. Desde entonces, cada vez que lloro pienso que va a durar como máximo diez minutos, y me siento algo mejor. Aunque otras veces siento que me gustaría pasarme llorando el resto de mi vida. 

De verdad que siento que alguien me aprieta el pecho. Me duele, y me duele, y me duele. Y no consigo pensar o tomar decisiones de forma lógica. No consigo dormir. Estoy aquí frente al ordenador y la simple idea de echarme en la cama me da una ansiedad enorme. 

Ojalá tener las cosas tan claras como los protagonistas de los libros que leo. Ojalá todo fuera tan fácil y sencillo. 

Escribir siempre me ayuda, y sin embargo esta vez no consigo que haga efecto, no me está sirviendo, sigo igual de enredada que al principio y me araña el dolor por dentro. Me están arañando el alma.

Ojalá subiera mi madre y me abrazara, y me hiciera sentir protegida, y segura. Ojalá me abrazara fuerte y me diera algún beso, sin exigirme nada, solo con la intención de hacerme sentir mejor.
Pero mi madre no es así, si mi madre sube ahora y me ve llorando se preocupará, pero me dirá que me tranquilice y me acueste. Sin nada más. Me dirá un "tienes que ser fuerte y seguir adelante"  me dirá un "no es tan grave". Y me dará un abrazo breve e incómodo. 
En realidad lo más probable es que se enfadase porque es muy tarde y en lugar de estar dormida estoy llorando. Me diría desde la puerta y con voz de fastidio "Venga, cálmate y vete a la cama ya".
Creo que necesito tanto a Mimi porque era la única que al verme mal venía a abrazarme simplemente. Sin nada más, y se quedaba conmigo pasara lo que pasara. Con ella no estaba sola. 

Que nadie me quería como tu a mi en el mundo...

Cada vez que paro de escribir miro el móvil, esperando que alguien haya acudido a rescatarme. Queriendo ver alguna notificación que me saque de esta angustia. 

Pero son las cuatro de la mañana. No va a pasar. 
Me leeré otro libro, o veré otra serie. O seguiré llorando hasta quedarme dormida. 

Al menos Mumi está esta noche conmigo.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Crecer

Crecer es una mierda ¿no creéis?

Llevo tres días aplazando esta entrada, pero ya no puedo seguir absorbiendo los sentimientos como si no estuvieran, permitiendo que me exploten dentro.
El sábado murió mi tío Luis, hermano de mi abuelo, y con él se ha ido lo que me quedaba de esas ilusiones y esperanzas infantiles, con él se ha ido la Irene que fui hasta 2001, la que creció de golpe en 2004, la niña que amaba a su familia por encima de todo. 
Últimamente me he dado cuenta de golpe de que he crecido, que de pronto los 16 desaparecieron hace más de 10 años, que ya no soy una niña, ni siquiera una adolescente. De que tengo un hijo que ya tiene 7 años, que dejé la libertad de la juventud a los 20, que ya ha pasado más de un tercio de mi vida, que ya nunca volverán aquellos años felices yendo a ver funciones de navidad con mis abuelos, ni las salidas con Rocío a comprar el pan, que mi gata nunca volverá a trepar por mi pierna antes de entrar a la ducha para que la coja. 

Siento que he perdido todo lo que me unía con mi yo de niña. Ya no están mis abuelos, ya no está mi gata, ya no está mi padre, ya no está Cristina, ya no está mi tío. ¿Cómo se despide una de lo que la hizo ser quién es?
Tengo la sensación de que han sido demasiadas pérdidas de golpe, parece que mi abuelo ha vuelto a morir y que vuelvo a sentirme tan perdida y sola como cuando se fue hace diez años. Solo que al menos en aquel momento tenía a mi gata.
Diez años. Ya han pasado diez años desde que se marchó una de las personas a las que más he querido en mi vida. Y sé que hoy estoy aquí, que continué con mi vida, que seguiré continuando, pero, ¿por qué leches tenemos que perder a tantos seres queridos por el camino? ¿Por qué no podía ser mi gata inmortal? ¿Por qué no pudo mi padre tomar otras decisiones que le hubieran mantenido cerca y bien? ¿Por qué tuve que ser la más pequeña de mi familia y por lo tanto la que menos tiempo pasó con mis abuelos? ¿Por qué no pudo mi abuelo conocer a mi hijo? ¿Por qué mi tío Luis no podrá venir a mi boda?
Estoy harta de las pérdidas, estoy harta de crecer, estoy harta de las responsabilidades, las preocupaciones, las decisiones constantes. Tengo mucho miedo cada vez que pienso en José Manuel y en que todo lo que yo hago le afecta a él y a su futuro. Tengo miedo de hacerle daño. Tengo miedo de no conseguir mis metas. Tengo miedo de seguir perdiendo aún más.

Echo de menos a mi gata. La echo tanto, tanto, tanto de menos que a veces me duele respirar. Me da mucho miedo que empiece el invierno, porque no sé como se pasan los inviernos sin ella. La necesito cada vez que entro por la puerta, cada vez que me siento feliz, cada vez que rompo en llanto, la echo de menos cada vez que miro a su hija y la veo tan sola.
¿Sabéis en la mano de quién se durmió por primera vez? En la mano de mi tío Luis. Su casa en la Algaba fue la primera que mi gata pisó, pues cuando nos la regalaron iba con mis abuelos camino de ver a mis tíos en el pueblo. Tengo ese día grabado a fuego, a mi tío Luis con la mano en alto sin poder merendar porque la gata se había quedado frita y le daba pena moverla. A mi tía Encarni poniéndole un plato de leche en el suelo. A mi misma mirando a mi gata y a mi familia con adoración. 
Y ahora ninguno de ellos está. Ni mi tío, ni mis abuelos, ni mi gata. 
Ojalá mi tía Encarni aún esté mucho tiempo.

Echo de menos la risa de mi abuelo, esa risa maravillosa, ese carácter tan bromista, esa manía de ser tan pesado que hasta te enfadaba, y entonces al enfadarte se enfadaba él. Echo de menos sus arranques de cariño, su interés por mi vida y todo lo que yo hacía. 

Crecer es una mierda. 
Y aquí estoy, creciendo. Y aquí está mi hijo, creciendo también. Y hay seres queridos que han crecido tanto que se han ido. Y nos toca a los que nos quedamos seguir adelante sin ellos, recordándolos, pensando en ellos cada dos minutos, cada dos días, cada dos segundos. Y nos toca preguntarnos continuamente por qué, por qué tienen que ser así las cosas. Por qué no pudimos quedarnos en aquellos años donde todo era mucho más fácil, aunque en aquel momento no fuéramos conscientes. 
En 2001 yo tenía a mi gata, a mis abuelos, a todos mis tíos, a mi padre, a Cristina. Tenía hasta mi vista intacta. Yo en 2001 lo tenía todo, incluso aunque me martirizaran cada día en el colegio. 

No quiero seguir creciendo, no quiero seguir perdiendo. Necesito a mi gata, necesito a mi gata, necesito a mi gata, necesito a mi gata, necesito a mi gata, necesito a mi gata, necesito a mi gata. 
Han sido 18 años, 18 años sabiendo que si me sentía sola la tenía a ella, ahora me siento sola y ya no tengo nada, ya no viene a refregarse contra mi cuello. Ya no está mi abuelo para hacerme reír o rabiar. Ya ni siquiera está mi hermana para pegarme hablando con ella hasta las tres de la mañana.


Y ahora tengo que ser fuerte, secarme las lágrimas, serenarme, irme a dormir, levantarme mañana y seguir con mi vida, ayudar a mi hijo, estudiar, ir a clase, hacer epds, tomar la siguiente decisión, seguir creciendo. 
Pero ojalá poder parar el tiempo. Ojalá poder volver atrás aunque solo fuera un ratito, para abrazar más fuerte, para hablar más, para aprovechar más el tiempo, para disfrutar una vez más de sus sonrisas, de sus charlas, de sus ronroneos. 

Ojalá dejar de crecer sin que eso significara morir. Ojalá poder quedarte para siempre con las cosas y personas buenas de tu vida. 
Ojalá todos aquellos que ya no están aquí ahora estén disfrutando mucho allá donde estén, y se cuiden entre ellos, y nos cuiden a nosotros. 
Y ojalá nos ayuden a eso tan horrible e inevitable;
Crecer.

martes, 22 de enero de 2019

Fantasmas

Hay muchas formas de afrontar el dolor.
Sinceramente, no sé si unas son más buenas que otras. Imagino que la opinión popular (no sé si la profesional) es que hay algunas que no son sanas, pero... ¿y si te sirven, aunque sea solo temporalmente? Puede que sean solo una tirita, pero es una tirita que calma el dolor un rato.

Hay personas que afrontan el dolor con odio. Que deciden contraatacar a su dolor con más daño, y que todo lo malo que sienten por dentro lo expulsan contra lo que les provoca ese sentimiento, y, al final, se sienten más tranquilas, más relajadas.

Hay otras personas que prefieren no aceptar el dolor, que se engañan a sí mismas y se repiten, incluso inconscientemente, que no ha pasado, que no duele, que no es real.

Están también las personas que se flagelan, las que lo recuerdan cada día a cada hora y se bañan en ese dolor para que las inunde, las que prefieren tenerlo todo el rato presente para que no se vaya de sus vidas, porque quizá de esa manera deje de doler mucho antes.

Yo, a mis fantasmas, los ignoro. Esa es mi manera de afrontar el dolor. Están ahí, no está superado, no se han ido, pero decido ignorar el dolor y olvidarme de él. Normalmente me funciona bastante bien, el problema viene cuando algo me recuerda ese dolor y no se como manejarlo, cuando no sé qué hacer para que no me desborde.

La mayor parte de las veces que ha pasado algo que me ha hecho mucho daño me he llevado un tiempo muy muy mal, y luego, de pronto, parece que todo está superado y que el dolor se ha ido. Sin embargo no es real, el dolor sigue ahí, esperando para salir a flote en cuanto algún fantasma ronde cerca.
Fantasmas. Es curioso como permito que me persigan, como los mantengo en mi vida.

Ojalá algún día aprenda no solo a afrontar el dolor, si no a superarlo, a aceptarlo en mi vida sin que me haga daño.

Hasta entonces ojalá que él me dijera cosas feas y malas de ella cada vez que me vuelve a rondar, soy así de infantil 路‍♀️

Hoy el dolor me ha superado
Siento que pierdo la razón 
Una vez más el ha ganado
Y la rabia no tiene compasión

¿Quién soy, que no me reconozco?
¿A quién le estoy pidiendo perdón?

sábado, 8 de diciembre de 2018

Demasiado

Un mes atrasando el contárselo, entre otras cosas, por no saber cómo hacerlo, por no querer alargarme, pasarme...
Pero al final no es tan difícil. 
Al final es simple.

"Él hizo esto, esto y esto. Yo hice esto y esto. Y ahora hay que seguir adelante"
Y fin. Tres frases, muchos miedos, mucho dolor, mucha rabia. 
Pero ya está, es solo eso. No es nada.


Estoy cansada. Me siento mal conmigo misma y me doy coraje. Por mi manía de darle demasiado valor a las cosas. Por mi manía de soñar de forma desorbitada. Por mi obsesión por hacer de las cosas simples algo especial.
Nunca más.


No quiero volver a hablar de mi boda, de lo que me gustaría hacer, o dónde, o con quien, o como, ni qué quiero que suene, ni qué quiero que haya. Nada. Me niego. Nunca más. 
No quiero volver a pensar en futuro, ni en hijos, ni en una casa propia y cómo sería esa casa, cómo sería la rutina.
No quiero que vuelva a haber en mi vida ningún lugar especial.

Al final solo sirven para hacer daño.

Soy demasiado exagerada, demasiado dramática. Demasiado todo.
Creo que si me tuviera que definir sería con esa palabra.
Demasiado. 
Excesiva.
También imbécil.


A partir de ahora voy a intentar que me den igual las cosas, y voy a hacer lo que quiera, dónde quiera, como quiera y por la razón que quiera. Sin pensar en lo que puede significar, sin pensar en guardarlo para momentos especiales.
Estoy harta de los momentos especiales. En realidad no existen. Ni las fechas, ni los momentos ni los lugares especiales.
Nos empeñamos en crearlos para sentir algo distinto, para creernos únicos. 
Pero no lo somos.
Somos una persona más, una relación más, unos amigos más, unos padres más.


Siempre me he visto distinta a los demás. En el colegio pensaba que era en el mal sentido, y eso me duró toda la vida, hasta hacerme adulta. Luego fui capaz de ver que ser distinta no tenía porqué ser malo, si no lo contrario. Y 2015/16 fueron los mejores años que recuerdo en este aspecto.
Ahora siento que vuelvo a estar en el colegio.


Se acabará pasando, lo sé. El dolor al final siempre se va. Igual que las lluvias que sentimos por dentro.

El detalle es... cuántas cosas de mí va a llevarse consigo.

martes, 12 de diciembre de 2017

No quiero

Me siento completamente ridícula, estúpida, imbécil.

Llevo años perdonando, llevo años pasando por alto todo el daño, quedándome con lo bueno, siguiendo adelante. Y cada mínima vez que he recordado algo del pasado él me ha dicho que deje de mirar atrás.
Y resulta que al final el que más estaba mirando atrás era él.
Que después de todo se atreva a decirme que no confía en mi, que no se crea la mitad de las cosas que digo, que me martirice recordándome cosas que he hecho mal. Que se calle, y se calle, y se calle. Y luego explote.
Y me explote a mi cuando podían haberse evitado esas explosiones.

Tengo que arrancarme algo del pecho. Y no es arrancarle a él. Es arrancarme la idea de que quiero estar con él en el futuro. Es el sueño de una familia perfecta, de una familia feliz en la que podamos estar los tres, y llegar a ser cuatro. Tengo que arrancarme de cuajo esas ilusiones que mi parte racional sabe que jamás funcionarían de verdad. Porque sé que nunca confiará en mi. Sé que nunca va a olvidar ni perdonar, y sé que cada año que pase encontrará cosas nuevas que añadir a la lista de rencores.

Estoy temblando. Literalmente. Me tiemblan las manos y los dedos mientras escribo. Y no es de frío. Es de miedo, de emoción, de rabia. De pensar muy rápido y que la adrenalina me vuelva loca.

Vete, hazme el favor de irte. Me dolerá toda la vida. Pero no me mereces. Y no sé si yo te merezco, y puede que no. Pero está claro que hay cosas que la rabia no perdona.

Si la rabia no te olvida es porque tu no has olvidado.

Tengo que aceptar que va a estar con otra. Tengo que asumir que va a estar con otra. Tengo que aceptar que será de otra. Tengo que asumir que acabará con otra. Que no seré yo quien envejezca con el. Que no voy a ser yo quien viva con el, quien comparta sus días. Tengo que aceptar que va a estar con otra el resto de su vida. Si no es ahora será algún día, mas tarde o mas temprano.
Tengo que escribir cien veces que va a estar con otra para recordarme otras cien que esa otra no seré yo, que nunca va a estar conmigo. Tengo que aceptar que estará con otra. Que sera feliz con otra. Que otra le hará sentir especial. Que otra le dará todo lo bueno que le he dado yo. Y tengo que aceptar que yo acabaré con otro. Y que ese otro no será el. 


Mi cabeza va dando vueltas cada vez más rápido. Y mi cerebro funciona a mil por hora, volviéndome loca.
Le necesito. No le necesito.
Quiero estar con él. No quiero.

Estoy agotada y aún consigo mantenerme en pie.






jueves, 7 de diciembre de 2017

Cuando el alma duele desespera

No sé cómo empezar a escribir ni como ver las letras con los ojos empañados. No sé cómo soltar toda la maraña que llevo dentro. No sé cómo parar. Cómo seguir. Me ahogo.

¿Por qué tanta indiferencia? ¿Por qué esa muestra de indiferencia total ante todo? ¿Por qué os empeñáis en hacer daño a base del "me da igual"?
Estoy harta de esas personas, de las personas que saben que las quiero y se quieren convencer de que no es así, y a mi me muestran desprecio, indiferencia, enfado. ¿Por qué?

Siento que me falta el aire y que necesito llorar ocho años seguidos. Siento que vuelvo a febrero de 2008 y que el mundo se está parando. Y joder, sé que no es así, sé que va a seguir adelante, siempre, y que irá a mejor. Pero me duele demasiado ahora mismo, me duele todo, me quema el alma.

Siempre igual, siempre la misma historia, una y otra vez, y otra, y otra y otra y otra. Y no puedo. Y me canso, y me duele, me duele, me duele. Me duele todo.
Y a ti no te da igual pero no me entiendes. Y me siento imbécil, y mi orgullo se está yendo a la mierda y soy absolutamente ridícula. Realmente soy la persona más ridícula del mundo.

Ojalá estuviera sola en casa, para pegar de verdad todos los gritos que estoy pegando por dentro. Me estoy volviendo loca.

Nunca soy lo suficientemente buena. Nunca hago las cosas bien. Nunca. Nunca soy suficiente. 

Hace tres años le estaba recordando a cada segundo mientras él estaba con ella. Y ahora estoy muriéndome por dentro mientras a él le soy por completo indiferente. Y esa es la puta historia de mi vida. Siempre. 
Siempre soy mientras no haya otra. Y nunca soy buena. Solo soy un sueño idealizado que no sirve para nada. Solo es un sueño idealizado que no es real.
Y tengo que mentalizarme, y tengo que romper altares. Y tengo que romper sueños y volver a construir otros. Y tengo que sobrevivir. Y llorar. Y volver a sobrevivir. Y mantenerme fuerte.

Y estoy cansada de pasarme la vida luchando. Luchar. Qué mierda de palabra. Qué mierda todo lo que significa y todo lo que trae.

Y digo nunca más y siempre vuelvo. Siempre. Soy gilipollas. 

Ha llegado mi gata. Ya casi no me deja escribir. Está sonando "Quién" de Rosana. Aún no he hecho la maleta y tengo que poner la ropa en la secadora.
Estoy mucho más tranquila.
Ella me salva.
Gracias, Mimi.

viernes, 13 de octubre de 2017

Decir adiós

Hoy somos uno menos en la familia. Y uno más se ha unido a la familia que tenemos arriba. 
He recordado muchísimo aquel día en que murió mi abuelo, porque me he visto en la misma situación. Dándole la mano a un ser querido mientras se le para el corazón.
No hay nada más duro que esa aplastante certeza cuando te das cuenta de que se acabó, de que ya no está. Tengo el corazón roto, y me duele cada pedacito del alma. 

Ese entrar en casa y ya no escuchar los ladridos. Ese momento en el que la escuché ladrar y supe que sería la última vez. Mirar la escalera y saber que ya nunca estará ahí. ¿Cómo se acostumbra una a eso? ¿Cómo se sigue adelante?
Cada vez noto mi casa más vacía. Hace dos años había siete animales correteando de un lado a otro, y ya solo hay cinco. Me da pánico el día que solo haya cuatro, o aún peor, tres.
Voy a echarla de menos todos los días.
De verdad que espero que esté bien.
Te quiero, Ona.
Han sido doce años increíbles, pero se me han hecho muy cortos.

Septiembre 2005
Enero 2017



Llevo más de un mes dejando claro ese Te quiero al final de mis entradas, ese te quiero va a seguir siempre dentro de mi y jamás se va a ir, pero el egoísmo que me ha demostrado esta semana y el daño que ha vuelto a hacerme me ha hecho tomar la decisión de no volver a ponerlo. No es fácil decir un adiós definitivo a las personas (y a los animales) que quieres, y nunca será fácil, puedes vivir engañándote, intentando alargar el momento de decir adiós, pero al final siempre llega. Para mi desgracia esta semana he dado ese adiós definitivo a dos de los seres que más he querido nunca, aunque haya sido por diferentes razones a cada uno.

El dolor se llega a hacer tan fuerte que te ciega y te remueve al completo, te vulnerabiliza, te destroza. Y hay dolores que se quedan dentro para siempre, hasta que aprendes a vivir con ellos y dejan de influir en tu vida y en ti misma.

Y ahora voy a ponerme a jugar a los sims mientras escucho música, porque necesito salir de esta realidad.


viernes, 6 de octubre de 2017

6 de Octubre de 2014

1:28

Ojalá algún día me hubieras querido como yo te quise
Ojalá supieras que es el amor, tan bien como sabes lo que es la traición
Ojalá todo el esfuerzo que usas en hacer daño, lo hubieras usado en amar con fuerza
Ojalá el tiempo no hubiera pasado

1:37

Es increíble como una sola persona puede afectar tanto a tu vida

1:39

Me siento tan engañada y traicionada que no se como seguir en pie.
Pero por mis muelas que voy a hacerlo...

1:39

Por segunda vez este año...

1:39

Cada vez se parecen mas. Al final uno y otro no son tan distintos..
Ni el tercero tampoco

10:13

Y ahora toca entender que hacer con tanto daño 
Y ahora toca aprender como dejar de querer, saber borrarlo bien
Que igual que vino fue...

10:36

Podrás volver a tener relación con ella. Y espero que te sientas bien así
Pero ella jamás te aceptará todo lo que te acepté yo, y una vez que te consiga, perderá el interés en ti.
Porque ella, igual que tu, no sabe lo que es amar
Ojalá te merezca la pena

11:02

Que me vea llorar, que me escuche mal, y que aparezca de la nada para ponerse encima mía y refregarse contra mi... Trece años y mi gata sigue animándome mejor que nadie, solo con estar, solo con aparecer y ponerse conmigo a mojarse con mis lágrimas al refregar toda la cabeza contra mi cara
Y es que siempre, siempre está, desde que tengo nueve años... no se que haré el día que me falte

Una sola lágrima y ella aparece...
Me da toda la fuerza que no se darme yo

15:31

Tengo que superar esto y se que acabaré haciéndolo, pero es que cada vez que lo recuerdo, y cada vez que se que va a volver a tener relación con ella... juro que me muero por dentro 
Aun no consigo creérmelo, después de todo lo que hemos pasado...

Un palo detrás de otro.. ¿Será que me lo merezco?

17:00

Siento que me muero... otra vez...
Al final siempre me levanto.. pero cada vez me canso mas..
No puedo con esto...
Cada vez que lo recuerdo...

17:01

Después de todo lo que hemos pasado...

17:04

Pero voy a seguir. De verdad que voy a seguir
Y mas con este niño tan precioso que tengo al lado, dándome fuerzas y cariño cada día.. mi pequeño bebé que se hace grande y al que cada día quiero mas...
Y con mi gata, que no puedo olvidarla.. pues... que seria de mi sin ella? 
Son mis amores

18:58

Quiero llorar. Y gritar. Y llorar otra vez

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Los recuerdos de facebook es lo que tienen.
A veces molan un montón porque te recuerdan cosas muy chulas, pero otras veces los recuerdos te rompen bastante.
Y mas cuando ya venías algo rota de antes.

Para mi los 6 de octubre siempre serán días especiales, antes lo eran para bien, ahora parece que solo pueden serlo para mal.

Al leer todo esto he echado mucho de menos a Raúl, a Masu, a Rocío, a mi hermana. Fueron los cuatro pilares que me sostuvieron aquellos días que siempre recordaré como los más dolorosos de mi vida. Simplemente por recordarlos ha vuelto ese vacío enorme en el pecho. Creo que nunca podré describir cómo me sentí, cómo me dolió. Creo que solo ellos cuatro podrían hacerse una idea de como estuve.
El dolor es demasiado duro incluso ahora, cuando ya han pasado tres años y las cosas son tan diferentes. 
Pero, ¿lo son? ¿Puedes volver a confiar alguna vez en alguien que te rompió de aquella manera?
Quizás solo sean mis ganas de hacerlo, quizás solo me esté engañando a mi misma. 
Son días que recuerdo de forma tan nítida... La noche en blanco del 3 de octubre, las mentiras del 4, el dolor del 6. La explosión final aquel mes. La foto. La llamada. 

Es curioso cómo el destino, la casualidad o el universo mezcla las fechas y elige aquellas que más daño van a hacerte. Como puede alinearse todo para que un daño que ya de por sí iba a ser grande, sea aún peor.

Ha sido un mal recuerdo para traer a mi vida esta noche.

Ahora mismo haría cualquier cosa para tener a mi lado a Raúl, Masu, Rocío y Julia, y abrazarles a los cuatro, y fundirme con ellos, y sentirme en casa, protegida, y feliz.

Es increíble como el corazón olvida y perdona, y a la vez como recuerda.

Acabo de entender de un golpe porqué estas cuatro personas no quieren que él vuelva a mi vida de ninguna de las maneras. Yo tampoco lo querría después de haberme visto como me vieron ellas. Y aún así... hay algo tan fuerte dentro que hace olvidar el daño, que hace que no parezca tanto. Hasta que la realidad te llama y no puedes colgar.

Hasta que recuerdas frases como "¿Están ricas las babas de la otra?" (Dijo el nombre, pero no voy a ponerlo)

Me pregunto si algún día perdonaré de verdad, si olvidaré, si dejará de doler. 
Quizás algún día.

El año que viene serán diez años. Ya le tengo miedo al próximo 6 de Octubre.

(Y cómo me alegro de que twitter no tenga lo de los recuerdos igual que facebook)


martes, 16 de mayo de 2017

Un día más

Tengo todas las ganas de llorar.
Tengo todas las ganas de llorar del mundo y me siento el ser mas imbécil del planeta, por permitir que me afecten cosas que no deberían afectarme.

Mi hermana hoy me ha dicho que si me gusta mi forma de hacer las cosas y creo que para mí es la correcta no debería sentirme mal por ella, ni sentirme tonta. Creo que tiene razón, y siempre he defendido mi forma de ser, pero al final también he acabado cediendo siempre. No soy fiel a mí misma.
Esto me está doliendo mucho más de lo que esperaba, y sigo sin saber cómo salir de aquí. Y más aún ahora que todo ha sido exactamente como sabía que sería.

Vuelvo a no querer irme a dormir, y me he dado cuenta de que es que ni siquiera tengo ganas de estar bien. Me paso la vida luchando y al final siempre vuelvo prácticamente al mismo punto. Estoy tan sumamente cansada que siento mis días como una simple sucesión del tiempo.
Ya ni siquiera se lo que necesito, o lo que me vendría bien.
Bueno, sé que quiero desesperadamente que llegue el viernes, creo que este fin de semana sí que puede beneficiarme, y espero no estar equivocada.

Hoy he necesitado muchísimo a K. Pero muchísimo.

Buenas noches.

viernes, 8 de abril de 2016

No me canso

No tengo dinero para el tren que me lleva a tu barrio, necesito aire en el pulmón del cielo de tus labios

Estoy en el metro, mirando el móvil, sin saber que hacer ni que pensar. Llevo todo el camino igual, con esta canción en repeat, con el alma hecha pedazos y las lágrimas a flor de piel.
He mirado por la ventana y he visto mi reflejo, y al bajar la vista me he dado cuenta de que el reflejo de la pantalla del móvil provoca un arcoiris en la ventana. Si miro a través de su reflejo, lo que veo es un móvil arcoiris.
¿Os he dicho ya tantísimo me gustan los arcoiris?


La ventana ha cedido al sol, que me aporta calor y algo de pena. No queda nada de alcohol, quien fuese cristo en la última cena

Ya he salido a la superficie, y el sol ha eliminado mi arcoiris.
Sigo sin saber que hacer ni como sentirme. Intento ser cuerda, pero con los sentimientos es imposible. Soy una montaña rusa.

Tengo unas ganas de llorar que me queman, y tengo ganas de salir corriendo del mundo, tengo ganas de gritar. Como aquella vez.
Nunca olvidaré aquel día, aquella primera foto, aquel desgarro por dentro. Aquellas ganas de morirme


No me canso de quitarme el sombrero cuando llueve por mojarme las canciones.
Y no me daré cuenta en esta puta vida de que lo que yo quiero es rellenar tus rincones

Ya van dos veces en estas semanas que acabo en el metro llorando. Por diferentes razones y a la vez tan parecidas, tan enlazadas. 
Pensar en aquel desgarro me mata, y la lógica dice "no lo pienses, no lo recuerdes" pero yo no soy una persona lógica, y necesito recordar, para sentir siempre ese dolor, para no volver a permitir que se repita


Las pupilas ya sacian su sed, que son entre tu espalda enredaderas
La mar arde y no estas tu, y se hace menos tarde

Necesito a Rocío. Necesito cordura y objetividad. Necesito sobrevivir a esto. 
Necesito entender, y no soy capaz de entenderme a mi ni a nada de lo que ha pasado en todos estos años.
Tantos años...


La ventana prescindió del sol, que va de emigración hasta mañana. Ya llegó la ansiada luz que nunca nos evita las miradas
Hay un paraíso en cada piel, y un dios en cada hombre, yo sigo poniendo en el sofá cojines de canciones

Ya me he bajado del metro, y he tenido que sentarme en un banco a seguir escribiendo, a dejar que las lágrimas fluyan para ver si así se mitiga un poco el dolor. 
¿Cómo se para este dolor, esta sensación de no saber si haces las cosas bien o mal?
Me encantaría ser capaz de mirar esto y no derrumbarme. Se que algún día lo conseguiré, que quizá solo debo tener paciencia, darme tiempo a mi misma para sanarme.
Pero nunca pensé que algo podría hacerme tanto daño, nunca creí que algo me rompería tanto. Y no sé como se sigue a partir de aquí, a partir de esto.
No sé como perdonar


No me canso de mirarte a la cara, no me canso de vivir en escenarios, y no hay mas adversarios que nosotros de espalda, que el amor son tres flores que se riegan a diario.
La vida son tres flores que se riegan a diario

lunes, 29 de febrero de 2016

Seré esa chica

Seré toda la vida la chica que no olvida, que se consume en sus recuerdos. Para él seré siempre la chica que no perdona, la que vive en el pasado y no pasa página

Y en cierto modo tiene razón. Hay cosas con las que no puedo, cosas que no olvido ni olvidaré nunca, cosas que aún me hacen llorar a lágrima viva, como ahora.

Y es que me siento tan imbécil... cada vez que recuerdo aquellos meses, que algo los trae de vuelta a mi, vuelvo a morir un poco. Vuelvo a sangrar. Cuanto tiempo pasé culpandome de que ella volviera a mi vida, cuanto tiempo dudando de mi misma, pensando que yo me lo habia buscado, cuanto tiempo creyendo que había estado en mi mano evitarlo.

Cuantas mentiras, cuanta rabia, cuanto daño... 


Y resulta que fue él quien decidió buscarla, quien la trajo de vuelta, y mucho antes de lo que yo creía. Pasé meses engañada sin siquiera sospecharlo, y solo de pensarlo me dan ganas de llorar el resto de mi vida. 

Intento comprender. Intento razonar. Intento superarlo.
Realmente he avanzado mucho, y me siento orgullosa de ello, me siento orgullosa de quien soy ahora y de todo lo que he logrado y seguiré logrando, pero con él cerca los fantasmas me consumen, y no puedo dejar de recordar.
Quien tuviera una máquina del tiempo para volver atrás, y borrar todas las caricias, cariño, amor, sexo y toda la confianza que tuve con él mientras a la vez la veía a ella. Quien pudiera borrar aquel tres de octubre en el que mientras yo recordaba él la besaba. Quien pudiera odiarle, o convertirlo todo en indiferencia.
Ojalá pudiera parar el llanto. El tiempo. Los recuerdos.

¿Por qué? ¿Por qué tanto daño? ¿Qué se ganó?

Por favor, dios mio, por favor, no permitas que vuelva a enamorarme nunca, por favor, no quiero volver a confiar y a amar a nadie nunca como hice con él, no quiero que jamás vuelvan a romperme tanto.

No me dejes ser nunca mas la chica enamorada, ciega y estúpida que he sido tantos años

Por favor, no vuelvas a dejarme caer.

martes, 10 de enero de 2012

Cuando te duele el corazón...

Es curioso como un simple capitulo de una serie puede afectarme tanto. 
Sé que no es real, se que ademas, aunque lo fuera, es otra situación, se que no tiene nada que ver con nada, y aún así no puedo evitar que me duela y pensar "Ojalá me pasara a mi" 


A lo largo de estos años he tenido tiempo de envidiar a muchos de mis amigos por el hecho de tener un padre, he tenido tiempo de ver a mis amigas sobreprotegidas por ellos, a sus novios con miedo de conocerlos, he podido ver como mis amigos tenían una complicidad con ellos que no tenían con nadie... y también he visto a esos mismos amigos quejándose constantemente de tenerlos, de aguantarlos, alguna vez incluso me han llegado a decir "Que suerte tienes de no tener padre" y cada vez que hacen esto pienso lo mismo.. ¿De verdad creéis eso?


Mi madre es la mejor persona, la mas fuerte y la mas increíble que jamás conoceré, está ahí pase lo que pase, a las buenas, a las malas, se desvive por mi y por mi hermana, daría su vida por nosotras, somos su prioridad única y exclusiva, y no podría aspirar a tener una madre mejor porque no existe. Ella ha hecho todo lo posible para que no notemos la ausencia de mi padre, ella ha valido por dos y ha hecho los dos papeles. Le debo y le agradezco cada minuto que he vivido y que viviré, y sin ella no sería quien soy.


Pero pese a todo, un padre es irreemplazable. Puedes vivir y crecer perfectamente sin el, pero aún así lo echas en falta. Sobre todo si, como en mi caso, lo tuviste, te dejó ver lo maravilloso que es tener un padre y después se fue. 
Ahora muchas veces le echo de menos, vivo momentos en los que me gustaría que estuviera ahí, y me abrazara, o poder contarle algo y que me diera consejo, me gustaría tenerlo ahí como apoyo, tener la seguridad de que no me abandonará. Me gustaría simplemente poder abrazarle de vez en cuando.
Pero no está, simplemente ya no está, y no va a estar más. Porque todo lo bueno que viví con el fue para esconder el infierno que traía consigo, el infierno que nos hizo vivir a todas.
Todas y cada una de las palabras que salen ahora de su boca son mentiras, y sus actos son plenamente egoístas, y solo busca su propio beneficio.
Mi padre se ha ganado a pulso el perdernos, simplemente porque no nos ha querido, porque no puede querer a nadie que no sea él mismo.
El día de mañana, mis hijos no tendrán abuelo, me ocuparé de que no lo conozcan nunca, ni siquiera llevaran su apellido. Porque no pienso dejar que les haga a ellos lo mismo que nos ha hecho a nosotras.


Estos días pienso mucho en él, en como es, en como era, en lo que hemos vivido, y algo curioso del ser humano es que cuanto mas tiempo pasa, mas se borran los recuerdos malos y se sustituyen por los buenos, quizá por eso le hecho mas de menos. O quizá es porque le necesito, porque daría lo que fuera por poder tenerle conmigo.


Antes de acabar, quiero dejar claro que pese a todo, si mi padre me llamara ahora, o intentara tener relación conmigo, le mandaría muy muy lejos, porque aunque parezca una contradicción, no le quiero cerca de mi vida ni de los que me rodean, solo es que a veces me aflojo, por tonterías como un capitulo de Como conocí a vuestra madre, y necesito soltarlo.


Al menos espero que algún día se arrepienta realmente de todo lo que ha hecho, se de cuenta del daño que ha causado, y le duela. Creo que es algo casi imposible, porque mi padre no tiene nada dentro de sí que le permita pensar en los demás, pero bueno, puedo seguir soñando, como siempre.


Chic@s, solo puedo deciros que valoréis muchísimo lo que tenéis en casa, tanto si es vuestro padre y vuestra madre, como si es solo uno de los dos. No se valora lo que se tiene hasta que se pierde, y si no lo valoráis ahora, quizá luego sea demasiado tarde.