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jueves, 12 de febrero de 2026

Porque yo puedo, y siempre podré

He pensado en el 14 de febrero, y me he acordado de mi Mimi... y de Dylan.
He recordado que la primera vez que le vi después de terminar definitivamente fue ese 14 de febrero, el día de su cumple. Pienso mucho en él, en cómo estará, en si habrá mejorado o empeorado la artrosis, en si lo sabré el día que ya no esté, en lo mucho que le echo de menos y lo mucho que me encantaba abrazarme a él en la cama y dejarle subir al sofá. En si se acordará de mi o si me reconocerá si alguna vez volvemos a vernos.

Todos esos recuerdos me han llevado a pensar en la relación que me hizo conocerle y ser parte de su vida, y he vuelto a ser consciente de que estoy "recuperada" de aquello, de la adicción, de echarle de menos o pensar en el, de la necesidad de saber de su vida. No recuerdo la última vez que le busqué o leí en redes, o cuándo miré su chat. 
Me ha dejado muchas heridas, muchísimas, que aún no estan curadas del todo y a las que sé que aún les queda tiempo. Pero a él ya no, él ya está olvidado por completo, no pienso en él con nostalgia ni muchisimo menos con amor o cariño. Veo de forma mas realista lo que viví y lo que fue la relación. 

Esta semana he aprendido que mi hermana y Germán tienen razón, que necesito priorizarme, pensar en mi de verdad y dejar de pensar en otras personas a la hora de tomar decisiones.

Tuve un ataque de ansiedad el martes comprando porque no sabía qué podría querer Maikel, y me despertó miedos casi olvidados que me cerraron la garganta y aplastaron mi capacidad, sentí ese miedo olvidado al castigo si no elegía bien, aunque racionalmente supiera que Maikel no es así y que eso no pasaría. 
Estoy dándole vueltas a aquello, y me he dado cuenta de que, aunque todo lo que iba a comprar era para los dos, no pensé ni una sola vez en lo que yo quería, solo en lo que querría él, en lo que le gustaría a él. Incluso con el par de cosas que miré solo para mi, pensé en si él me juzgaría o diría algo, ya que no eran sanas. 
No me merezco hacerme eso a mi misma. No me merezco seguir dándoselo todo a los demás y quedarme yo fuera.

Mi madre me ha repetido tantas veces a lo largo de mi vida que soy super egoísta que he pasado esa misma vida intentando demostrar que no lo soy, obligándome a no serlo. Y ahora solo pienso en ser egoísta cuando calculo el poder quitarme la vida, lo veo como ese acto de egoísmo supremo que compensará todas las veces que no lo fui y que le podrá dar la razón a mi madre. 
No pienso en usar ese egoísmo para mi bien o para protegerme, si no para hacerme daño.

Eso tampoco es justo para mi misma.

No es justo para la niña que seguía yendo todos los días al colegio porque tenía la esperanza de que el futuro sería mejor, no se lo merece la adolescente que pensó tantas veces en huir o morir, pero que se quedó porque también confiaba en el futuro. Y no es justo para la joven madre que a los 20 años dijo que le daría a su hijo todo el amor, comprensión y apoyo que ella no tuvo.
No se lo merece la mujer que buscó ayuda, que consiguió estudiar y superar miedos, que mejoró la vida de otras personas e intentó por todos los medios ser fuerte contra todo lo que el universo le echó encima.

Tengo que abrazarme, cuidarme, priorizarme. Y no sé si podré conseguirlo o si mañana volveré a ser el trapito que solo se quiere morir, que no ve salida y está agotada.

Estoy agotada. Pero incluso agotada siempre he estado para mi hijo, para mi pareja, para mi hermana, para mis amistades... y tengo que creerme que también me merezco estar para mi, aunque no queden fuerzas.

Aunque pierda a personas por el camino.

Nunca he llegado a rendirme del todo, y eso también agota. Pero miro a la niña, a la adolescente, a la madre, a la mujer... y soy consciente de todo lo que tengo ahora que ellas no tuvieron. Un trabajo estable, independencia económica (aunque no sea toda la que necesito o me gustaría), formación, una red de apoyo estable, fuerte y que no la abandona. Un futuro tangible, y no solo la esperanza de que más adelante todo irá mejor, si no la certeza de que efectivamente será así. 

Libertad.

También tengo libertad. Libertad de ya no estar atada a nadie solo porque le quiero, de no idealizar a quien me rodea, de ver la realidad en cada persona.
Soy libre porque ya no dependo de nadie para estar estable. 

Aún me queda mucho camino, me quedan muchos miedos que superar, muchas cosas de las que ser capaz, muchos logros por conseguir y retos que ganar. 

Pero he abierto los ojos, y a partir de ahora mis días van a empezar con un "¿Qué puedo hacer hoy para estar yo bien? ¿Qué necesito?"

¿Qué necesito?

Quererme más, cuidarme más, priorizarme más. 
Y darle ese mismo trato solo a las personas que me demuestran que son capaces de darme lo mismo que yo doy. 

Porque yo puedo, y siempre podré. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Todo en su lugar

Cojo aire y perspectiva
Y poco a poco, me empiezo a calmar
Miro de lejos todo lo que me preocupa
Y me doy cuenta de lo pequeño que es en realidad


Quizá no sea pequeño. Quizá sea tan enorme que es difícil mirarlo de lejos. Pero sigo aquí. Aún sigo.
No sé muy bien como expresarme o qué decir. Sigo agotada. Sigo sintiendo que, haga lo que haga, me estoy equivocando.
Me dan mucha envidia las personas capaces de pensar primero en si mismas. 
He perdido las ganas de intentarlo, de seguir a flote.
Estoy tan cansada.

Después de noches en vela conseguí dormir mi conciencia
Miro hacia atrás y volvería a quererte de la misma manera
Porque soy de querer sin miedo a que no lo hagan de vuelta
Creo que se lleva más quien quiere que quien se deja

No me siento igual, hay cosas que se han apagado. Está claro que hay otras que no debería haber visto, que confirman mis miedos y me hacen ver que no estoy tan loca, aunque no pueda reprocharlas.
Hay otras que ya no veo, y es algo que me da muchísima paz.

Llevo días con muchísimas ganas de escribir, con mil ideas en la cabeza, y ahora que he podido parar a hacerlo y tenía ganas... de pronto mi cabeza se ha quedado en blanco.
Estoy planeando mi nueva rutina cuando vuelva a casa, pero he planeado tantas veces rutinas que al final no cumplo... por las noches intento pensar en positivo, en cosas bonitas, en ideas que me calmen. Pero cada vez hay menos y dejo de verle sentido.

La rabia sigue siendo mi emoción principal, seguida por la tristeza. Tristeza profunda. Decepción, frustración. No recuerdo cuando sentí de manera prolongada una emoción bonita. Mi terapeuta siempre me dice que las emociones nos hablan, que nuestro cuerpo nos habla, y que es su forma de decirnos que algo nos hace mal o nos hace bien. Pero yo aún no sé leer mi cuerpo o mis emociones, se hacen barullo y no encuentro la forma de entenderlo todo.

Me deja más tranquila comprobar que el tiempo te alejó de mi vista
Porque ponía todo en su lugar
Que lo que no es para mí me lo quiten de las manos
Que lo que me haga feliz lleve un cartel bien iluminado
Que lo que no es para mí me lo arranquen aunque duela
Por si tardo demasiado en aprender que quien quiere quedarse, se queda


Siempre tardo demasiado en darme cuenta de las cosas. De cuando parar, de cuando seguir. 
Nunca debí haber empezado mi última relación, y no solo la empecé, si no que tardé un año en irme, aunque todas las señales me gritaban "corre". No dejé de intentar estudiar, aunque todo me gritaba que me rindiese. Pero eso salió bien, mereció la pena. 
Durante muchos años seguí dando oportunidades a quien no debía. 
Me sigo dando oportunidades a mi misma. 
Sigo bien rodeada.
Lo intento.

Por si tardo en reaccionar y me frena el miedo a equivocarme
Por si de lo que me hace daño no sé desengancharme
Por si no me atrevo a saltar de otra cuerda floja
Por si me siento incapaz de detectar a tiempo esas banderas rojas




jueves, 22 de enero de 2026

Sale el sol

Las noches siguen siendo un infierno. Dormir es una odisea y en mi cabeza se agolpan pensamientos en todas las direcciones. Siento que me ahogo, que nunca podré dormir. Noches en vela, días que no acaban. Es como si me quemase todo el tiempo, como si estuviera bajo el agua sin mas aire y a la vez todo quemase.

Odio tanto no estar siendo capaz de superarlo. Pero tanto.

Y odio más aún irme a dormir. No imagináis el infierno que se crea en mi cabeza una vez cierro los ojos. Puro infierno, queriendo morir sin ser capaz.

Ya ni siquiera hablo con nadie de ello, no a fondo, no como lo siento. Quizá con mi hermana, porque pienso que es la única que va a aguantarme repitiendo lo mismo mil veces, quizá porque siento que es la única que nunca va a dejarme.

20 de enero, 6:10 a.m.

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Un día mas de sentir la tormenta en cada célula de mi piel, esa que mi cabeza no para, esa que no me da tregua. Ni aún con objetivos.

Intento escapar de todos los pensamientos que sé que me hacen daño, pero me persiguen. Siento que corren demasiado y que no tengo capacidad de esquivarlos. No sé cómo pedir ayuda ni cómo sobrevivir.

Ni siquiera sé exactamente de qué serviría. Es decir... ¿para qué vivimos? ¿cuál es el objetivo? Si consiguiera mis metas (independizarme, un trabajo estable que me guste, tener paz) ¿después qué? ¿qué se hace?.

Sigo sin soportar la idea de que él estará ahí el resto de mi vida. Viviendo la suya sin consecuencias por sus actos. Siendo el amigo perfecto, la persona perfecta, el novio perfecto. Y yo la mala. La exagerada. Siempre la negativa.

El 3 de febrero termina el camino que empecé en septiembre. Tengo mucho miedo. Y estoy enfadada con las circunstancias, con lo diferente que habría sido todo de otra manera. Con la frustración de estar dando un 20% porque no soy capaz de dar mas.

Sé la teoría de lo que debo hacer y pensar, de verdad que me la se. Pero no soy capaz de aplicarla. No soy capaz.

21 de enero, 21:10 p.m.

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Dormir con él me ayuda y me calma, aunque solo sea a través de un teléfono.
Recordar lo que se siente cuando le abrazo y le tengo cerca, esa calidez, ese tipo de amor.
Solo dos semanas.

Este sábado estaré con ellos, mi familia, mi calor.
Ayer fui capaz de hablar con las niñas y contarles todo lo que llevo sintiendo estos meses.

Sigo siendo la que lleva la responsabilidad de prácticamente todo, pero al menos no estoy loca. Me han dicho que tenga paciencia, que la edad tiene mucho que ver. Me he recordado a mi misma y creo que pueden tener razón.

Estoy bien rodeada. Soy fuerte.

22 de enero, 13:20 p.m


Te lloré hasta el extremo de lo que era posible
Cuando creía que era invencible
No hay mal que dure cien años,
Ni cuerpo que lo aguante
Y lo mejor siempre espera adelante

Y un día después de la tormenta,
Cuando menos piensas, sale el sol
De tanto sumar, pierdes la cuenta
Porque uno y uno no siempre son dos
Cuando menos piensas, sale el sol

viernes, 16 de enero de 2026

No sé salir

Estoy oyendo como llueve, y, mientras lo oigo, soy consciente del tiempo que hace que no salgo a la calle, a la luz del día. Todos los días me propongo hacerlo, pero al final mi habitación es mi propia cárcel, esa de la que no soy capaz de salir.

Hoy, además, me pregunto de qué clase de monstruo he estado enamorada, hasta cuándo durará este dolor en el pecho y esta guerra fría, y si de verdad acabará mereciendo todo la pena. 
Me pregunto por qué a los monstruos les salen las cosas bien.

Sigo teniéndole pánico al futuro. A los genes, a la historia.
A los bucles que se repiten.

Estoy encerrada en mi misma.
No sé salir.

jueves, 15 de enero de 2026

No quiero

Vuelvo a no poder [a no querer] dormir.
Siento que no soy sincera conmigo misma, que no sé lo que hago, que no podré con todo.
Necesito constantemente una validación externa que a la vez nunca es suficiente. Y sé que estoy rota.
Mi hermana no deja de decirme que saldré adelante, que lo superaremos. Mi terapeuta dice lo mismo. Mis amigos, las personas que me rodean.
Yo me lo digo mas de lo que lo pienso.
Pero no termino de creérmelo.

Me anestesio con cosas que me hacen dejar de pensar, que me evaden. Siento los genes viciados de mi padre invadirme. Me da miedo mi futuro.

No quiero dormir. No quiero que el día acabe ni que otro empiece. No quiero tener que pensar, tener que hacer, tener que moverme. 
No me apetece hablar con nadie, ni relacionarme, ni... no sé, ni simplemente existir. 
Es demasiado agotador.

Pero no me queda otra, ¿verdad?