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domingo, 8 de marzo de 2026

Decido avanzar

Es 8 de marzo, y hace justo un año que conocí a Maikel. 

Estaba dándole vueltas a publicar algo sobre ello en instagram, y entonces he pensado en todas las publicaciones que he subido a lo largo de los años con mis parejas, y en cómo se han ido acumulando en esa cuenta. Yo nunca he archivado fotos al acabar una relación, porque siempre he sentido que hacer eso seria como borrar parte de mi historia, y quería respetar a la Irene que decidió hacer esas publicaciones porque era lo que le salía de dentro.

Pero luego he pensado en Fran y Dani, en cómo me destrozaron cada uno a su manera, y me he dicho que ellos no se merecían seguir ahí, que no era borrar mi historia, si no darles a ellos el lugar que se han ganado. Ninguno.

Al empezar a archivar, he visto la última publicación que subí sobre Dani. Fue el 14 de febrero del año pasado, sin ser novios, sin ningún tipo de compromiso entre nosotros... y fue esta:



Hacía meses que no lloraba por Dani. He llorado "a causa" de él, he llorado de rabia, de frustración... pero hacia mucho que no lloraba de pena al pensar en él. Me ha invadido una tristeza enorme. Tristeza por mi, sintiéndome idiota e ingenua. Y tristeza por él, porque si yo hubiera tenido a alguien que me amase de la manera en que yo le amaba a él... jamás habría sido capaz de hacerle el tipo de daño que él me hizo.

Me leo y recuerdo a esa Irene, a la que le amaba con todo su ser y todas sus ganas. A la que no sabia como manejar su vida y su relación porque la lógica le decía cosas que el corazón no aceptaba. Me recuerdo a mi misma y... de verdad, no podríais imaginar hasta qué punto amaba a ese hombre. Creo sinceramente que ni él mismo es consciente. 

¿Cómo vas a destrozar algo así? 

¿Cómo puede seguir defendiendo que no fue consciente?

¿Cómo puede vivir consigo mismo?

He seguido archivando publicaciones, y he llegado muy atrás, al comienzo de cuando decidimos volver, y he encontrado estas palabras:



Me lo creí. Me creí de verdad que luchaba por mejorar y hacer las cosas bien. Quizá fue verdad un tiempo, o a veces. O no sé. Siento que ya no lo sé.

Media vida al lado de un desconocido. Al lado de quien creí el amor de mi vida, hasta el punto de permitir que fuese parte de ella para siempre, porque decidí tener un hijo suyo.

Hacía mucho que no recordaba lo que sentí por Dani. Pero ha sido tan tan tan fuerte durante tantos años, que aún me sorprende que haya existido algo capaz de borrar esos sentimientos. 

Me sigue importando, no puedo evitarlo. Quizá me importe el resto de mi vida, y me siga preocupando por él o asustandome si sé que le ocurre algo. Pero ese amor, ese sentimiento gigante que tenía hace solo un año... está totalmente borrado por una decepción y dolor tan grandes como lo fue el amor.

Y creo que es muy triste.

Creo que no saber valorar y cuidar lo bueno que tienes es de los peores errores que alguien puede cometer. 

Él lo hizo demasiadas veces, pero esa última... eso es algo que nunca podré perdonar, que no podré olvidar.

Él miércoles tuve sesión con la psicóloga que me trata en AMUVI, y le estuve explicando como a veces aún pienso que habría sido mejor hacer como si no hubiera pasado nada y seguir con él, con tal de no sentir toda la rabia y dolor que llevo dentro y que no estoy siendo capaz de gestionar. Y ella me dijo que si, que podría haberlo hecho, que muchas mujeres lo hacen, pero que el cuerpo no olvida, y que no habría podido ser feliz. Que él era mi zona de confort, y que haber seguido con él habría significado elegir desde una "comodidad" superficial, pero no desde la felicidad. Intento repetirme mucho esa realidad. 


He archivado todas sus fotos en instagram. Y me ha dolido muchísimo hacerlo. Son mas de las cinco de la mañana y estoy llorando a mares por alguien que en realidad no existe. No tengo rabia en este momento. Pero qué idiota hay que ser para perder lo que él perdió.

domingo, 1 de marzo de 2026

Hoy empiezo por mi

Te he visto quedarte quieta cuando todo se cae
Guardando la calma para que nadie se asuste
Te tragas el miedo, sonríes de frente
Dices "estoy bien" aunque no lo sientas


Fue el 17 de marzo. Me centré en protegerle, en decirme a mi misma que había sido mi culpa, que él jamás me haría algo así. Que es buena persona.
Le protegí con mi silencio, y luego le protegí con mis palabras.

Pero él no lo hizo. Él no solo no me protegió, si no que usó un supuesto arrepentimiento para victimizarse. No respetó mis necesidades o peticiones. Durante meses se convirtió en la víctima.
Me convirtió a mi en el verdugo porque quise sacarlo de mi vida, porque puse límites.
Y yo seguí callando.

Pero no hay máscara que tape el cansancio
Ni sonrisa que esconda lo que duele el silencio
A veces el cuerpo habla por lo que callas
Y se cansa de sostener lo que ya no pesa igual


El mundo se me vino encima cuando ya no pude mas. Una baja laboral, la incapacidad de seguir adelante. Una oscuridad interna absoluta que me engullía. Terapias y medicamentos que no daban resultado. Seguir adelante aunque no tuviese fuerzas. 
Pensar en mi hijo, en mis amigos. Incluso en él.

Te enseñaron a cuidar antes de cuidarte
A ceder, esperar, entenderlo todo
Pero nadie te dijo que también se vale decir "No puedo"
Y cerrar la puerta un rato

Diecisiete años de cuidarle, acompañarle, apoyarle, ayudarle a crecer y avanzar. Diecisiete años de señales que me decían una y otra vez que me marchase. Diecisiete años de amarle y de creer, pese a todo lo que había en contra, que era el hombre de mi vida. Que estábamos hechos para estar juntos.
Me lo robó todo en menos de una hora.
Volví a sufrir su egoísmo. Una vez más.

El amor no se mide en cuánto aguantas 
Si no en cuánto te eliges cuando todos se van
No hace falta tocar fondo para renacer
A veces basta con querer volver a ti

He aguantado demasiado, demasiadas veces. No solo con él, si no con muchas personas. Yo nunca, o casi nunca, he sido mi primera opción. Y eso me ha hecho perder oportunidades. 
Sin embargo hubo veces que sí me cuidé. Cuando decidí superar miedos, plantarme y continuar estudiando. Cuando busqué toda la ayuda necesaria para aprender a ser buena madre. Cuando abandoné un master que me hacía daño. Cuando cerré relaciones.
Cuando decidí no perdonar lo que él me había hecho. No otra vez. Cuando aprendí que no podía seguir perdonándoselo todo siempre.

No le debes explicaciones al pasado
Ni permiso a nadie para estar en paz

Me he ganado cada una de las cosas que tengo. No me han regalado nada. No ha sido fácil. He pasado noches en vela de estudio, horas de más trabajando, he luchado con demonios internos, con los externos. Contra todas las piedras del camino. Las sociales, las de salud, las laborales, las familiares.

Me tocó enfrentarme a las oposiciones de mi vida en mitad de la tormenta. Con la vida aplastándome, con la rabia incontrolada, con las continuas ganas de morir. Sin capacidad de concentración, sin fuerzas para salir de la cama, sin ganas de respirar.
Y aún así aprobé dos exámenes. En muy poco tiempo, dando solo un 10% de lo que podría haber dado estando en buenas condiciones. Lo intenté, lo luché.

Su final de año fue maravilloso, el mío horrible. El profundo sentimiento de injusticia de que todo le vaya bien a la persona que te destrozó la vida, que no tenga consecuencias después de hacer algo como lo que él me hizo.
El último examen era después de esas navidades infernales, de ese primer mes del año oscuro y frío.
Lo he suspendido. 
Y ya no puedo optar a la plaza por la que llevo soñando desde aquel 15 de septiembre de 2021, cuando pisé mi despacho como trabajadora social por primera vez. 
Si estando tan mal conseguí llegar a la última fase... ¿qué no habría conseguido estando bien, o al menos mas estable?

Hoy empieza por ti, no por el mundo, no por nadie más
Ya diste demasiado sin medir, ahora te toca respirar
No es egoísmo, es sobrevivir, aprender a ser tu prioridad
Hoy empieza por ti, porque si tú no estás, no hay hogar

Hoy empieza por ti, aunque tiemble el suelo al caminar
Porque elegirse también es amar
Y sanarnos siempre se ve igual
Ya diste todo, ahora sí te toca florecer aquí

Se me olvida demasiado a menudo la fuerza que tengo, la resiliencia, la capacidad de seguir. Tengo a personas a mi alrededor que me lo recuerdan constantemente. Personas que incluso me admiran, aunque yo no termine de entender por qué.

No sé qué objetivos marcar ahora. No sé muy bien cómo seguir o hacia qué dirección. Pero me he prometido que voy a pensar en mi, que no puedo seguir pensando siempre en los demás.
Que quizá el karma no exista, pero que al menos sé con certeza que soy la única de los dos que puede dormir con la conciencia limpia, limpia de verdad, no con una versión distorsionada de los hechos que he creado para poder soportarme a mi misma, tal y como ha hecho él.

Estaba mejor, y ese suspenso me ha recordado todo lo que he perdido desde aquel 17 de marzo. Todo lo que ha pasado, todo lo que ya no tengo ni tendré.
Pero ayer conseguí salir de la cama. He conseguido ganar al insomnio, 
Y aunque ahora esté llorando a mares mientras él vive un fin de semana tranquilo y feliz, aunque estos tres días hayan sido una oscuridad absoluta... mañana pensaré solo en mi. Solo en lo que merezco, en lo que me he ganado. 

No sé qué camino voy a seguir, pero sé que será solo mío. 

Hoy empieza por ti
Y esta vez no mires atrás



Descubrí esta canción gracias a Instagram, y sentí que me hablaba a mi. Sé que hay muchas personas con los mismos sentimientos que yo, que han pasado cosas horribles, que piensan más en los demás que en sí mismas. Sé que hay personas muy fuertes con muy poco reconocimiento. 
Ojalá aprendamos a empezar por nosotras.

jueves, 12 de febrero de 2026

Porque yo puedo, y siempre podré

He pensado en el 14 de febrero, y me he acordado de mi Mimi... y de Dylan.
He recordado que la primera vez que le vi después de terminar definitivamente fue ese 14 de febrero, el día de su cumple. Pienso mucho en él, en cómo estará, en si habrá mejorado o empeorado la artrosis, en si lo sabré el día que ya no esté, en lo mucho que le echo de menos y lo mucho que me encantaba abrazarme a él en la cama y dejarle subir al sofá. En si se acordará de mi o si me reconocerá si alguna vez volvemos a vernos.

Todos esos recuerdos me han llevado a pensar en la relación que me hizo conocerle y ser parte de su vida, y he vuelto a ser consciente de que estoy "recuperada" de aquello, de la adicción, de echarle de menos o pensar en el, de la necesidad de saber de su vida. No recuerdo la última vez que le busqué o leí en redes, o cuándo miré su chat. 
Me ha dejado muchas heridas, muchísimas, que aún no estan curadas del todo y a las que sé que aún les queda tiempo. Pero a él ya no, él ya está olvidado por completo, no pienso en él con nostalgia ni muchisimo menos con amor o cariño. Veo de forma mas realista lo que viví y lo que fue la relación. 

Esta semana he aprendido que mi hermana y Germán tienen razón, que necesito priorizarme, pensar en mi de verdad y dejar de pensar en otras personas a la hora de tomar decisiones.

Tuve un ataque de ansiedad el martes comprando porque no sabía qué podría querer Maikel, y me despertó miedos casi olvidados que me cerraron la garganta y aplastaron mi capacidad, sentí ese miedo olvidado al castigo si no elegía bien, aunque racionalmente supiera que Maikel no es así y que eso no pasaría. 
Estoy dándole vueltas a aquello, y me he dado cuenta de que, aunque todo lo que iba a comprar era para los dos, no pensé ni una sola vez en lo que yo quería, solo en lo que querría él, en lo que le gustaría a él. Incluso con el par de cosas que miré solo para mi, pensé en si él me juzgaría o diría algo, ya que no eran sanas. 
No me merezco hacerme eso a mi misma. No me merezco seguir dándoselo todo a los demás y quedarme yo fuera.

Mi madre me ha repetido tantas veces a lo largo de mi vida que soy super egoísta que he pasado esa misma vida intentando demostrar que no lo soy, obligándome a no serlo. Y ahora solo pienso en ser egoísta cuando calculo el poder quitarme la vida, lo veo como ese acto de egoísmo supremo que compensará todas las veces que no lo fui y que le podrá dar la razón a mi madre. 
No pienso en usar ese egoísmo para mi bien o para protegerme, si no para hacerme daño.

Eso tampoco es justo para mi misma.

No es justo para la niña que seguía yendo todos los días al colegio porque tenía la esperanza de que el futuro sería mejor, no se lo merece la adolescente que pensó tantas veces en huir o morir, pero que se quedó porque también confiaba en el futuro. Y no es justo para la joven madre que a los 20 años dijo que le daría a su hijo todo el amor, comprensión y apoyo que ella no tuvo.
No se lo merece la mujer que buscó ayuda, que consiguió estudiar y superar miedos, que mejoró la vida de otras personas e intentó por todos los medios ser fuerte contra todo lo que el universo le echó encima.

Tengo que abrazarme, cuidarme, priorizarme. Y no sé si podré conseguirlo o si mañana volveré a ser el trapito que solo se quiere morir, que no ve salida y está agotada.

Estoy agotada. Pero incluso agotada siempre he estado para mi hijo, para mi pareja, para mi hermana, para mis amistades... y tengo que creerme que también me merezco estar para mi, aunque no queden fuerzas.

Aunque pierda a personas por el camino.

Nunca he llegado a rendirme del todo, y eso también agota. Pero miro a la niña, a la adolescente, a la madre, a la mujer... y soy consciente de todo lo que tengo ahora que ellas no tuvieron. Un trabajo estable, independencia económica (aunque no sea toda la que necesito o me gustaría), formación, una red de apoyo estable, fuerte y que no la abandona. Un futuro tangible, y no solo la esperanza de que más adelante todo irá mejor, si no la certeza de que efectivamente será así. 

Libertad.

También tengo libertad. Libertad de ya no estar atada a nadie solo porque le quiero, de no idealizar a quien me rodea, de ver la realidad en cada persona.
Soy libre porque ya no dependo de nadie para estar estable. 

Aún me queda mucho camino, me quedan muchos miedos que superar, muchas cosas de las que ser capaz, muchos logros por conseguir y retos que ganar. 

Pero he abierto los ojos, y a partir de ahora mis días van a empezar con un "¿Qué puedo hacer hoy para estar yo bien? ¿Qué necesito?"

¿Qué necesito?

Quererme más, cuidarme más, priorizarme más. 
Y darle ese mismo trato solo a las personas que me demuestran que son capaces de darme lo mismo que yo doy. 

Porque yo puedo, y siempre podré. 

martes, 13 de enero de 2026

Tiempo y Paz

El tiempo pasa de forma muy extraña. A veces miras el reloj, y, tras un instante, vuelves a mirarlo y resulta que han pasado horas. Otras veces un día parece un año. Hay momentos en los que se para, y no sabes si estás avanzando, retrocediendo o simplemente no ocurre nada.

Escribí por primera vez en un diario el 23 de diciembre del 2000. Han pasado 25 años, era una niña, pero aún recuerdo cada historia de ese diario y de los que lo siguieron. Escribir siempre ha sido mi lugar seguro.

Pero escribir es un arma de doble filo. Incluso cuando escribes para ti, nunca sabes quien va a leerte, si tu misma sabrás de lo que hablas o si en un tiempo no te habrás arrepentido de tus palabras. Y las palabras quedan ahí, registradas, enredadas dentro de sentimientos que a veces no comprendes.

Es complicado entender el tiempo. Me es complicado entenderme a mi misma, ayudarme, salvarme. 

Siento mucha tristeza por la niña que aún leo en las páginas de aquel primer diario. No sé si me gusta la adolescente que fui. La adultez me golpeó demasiado pronto y demasiado fuerte. Nunca he tenido los dos dedos de frente que debería tener.  Echo de menos la versión de mi misma que era capaz de mejorar.

Estoy agotada.

12 de enero de 2026, 5:50 a.m.

_________________________________________

He desinstalado la capacidad de saber, pero sigo siendo incapaz de no sentir. 

Me adentro en pensamientos que me abruman y me atacan, dándole vueltas a ideas que cada día cogen mas fuerza, a las que respaldan cada vez mas argumentos. La paz es algo que no existe.

Quizá me quitaron la posibilidad de tenerla el día que me llamaron por su nombre. 

Siempre me ha gustado que mi nombre signifique justo eso, "Paz", porque creo que me define muy bien, y me doy cuenta de que, irónicamente, llevo toda la vida buscándome a mi misma. Posiblemente en todos los sentidos.

No soy feliz. Quizá no sé serlo. Pero nunca lo he intentado en realidad, porque nunca he buscado la felicidad. 

Siempre he perseguido lo mismo. 

Simplemente paz.

13 de enero de 2026, 4:42 a.m.


lunes, 6 de octubre de 2025

Hoy mi vida es la que es

He desbloqueado el móvil y lo primero que he visto es la fecha. 6 de octubre. 

Otro seis de octubre.

Estoy sentada en un tren, de vuelta a casa tras una semana y media de convivir con Maikel.

Hace menos de un mes estuve a punto de suicidarme.
Hace tres semanas una llamada puso del revés mi día a día. 

No quiero volver a casa.

Estoy pensando en mi rutina a partir de ahora. Tras la tormenta que ha sido mi vida este mes.

Me invade el pánico. He recuperado ciertas ganas y eso me da miedo. Estoy pensando en una rutina, en seguir. Y una parte de mi no quiere volver a tener ganas. Me siento mas cómoda en la desesperanza y el agotamiento.
Esa llamada cambió demasiadas cosas.
Me dio un objetivo 
Quizá me haya salvado la vida.

Maikel y yo hemos decidido seguir y eso también me da miedo. Las relaciones se me hacen muy complicadas. Tengo pesadillas en las que vuelve a dejarme y sigo pensando que volverá a pasar. Me estoy preparando para ello, no puedo evitarlo. 
No lo había contado también por miedo.
Me da miedo que si pasa yo no tenga la fuerza suficiente como para recordarme que no es mi culpa, que no es culpa de nadie. Siento que cuando pase mi cabeza me dirá que el problema siempre fui yo y nunca me perdonará por ello.

Siempre perdono a los demas y nunca me perdono a mi. Necesito quererme mas.
Necesito releer continuamente mi última entrada. Convencerme a mi misma de lo mucho que merezco la pena.

Hoy Germán me ha dicho de forma super natural "Irene, en ocho años que hace que nos conocemos nunca me has mentido, cualquiera que te conozca sabe que tu no mientes" y parece una tontería, pero ha sido un bálsamo enorme, porque la Irene de hace 10, 15 años.. si lo hacía. Hice mucho daño muchas veces. Me prometí no hacerlo más y soy consciente de que lo fui cumpliendo, de que soy una persona totalmente distinta. Me gusta la persona que soy, la amiga, la novia, la hermana, la trabajadora. Incluso la madre que soy, aunque a veces siga sin sentirme capaz de ejercer. 

Tengo en las manos el olor del perfume de Maikel y ya lo estoy echando profundamente de menos. Me encanta abrazarle y tenerle cerca. 

También echo de menos mi espacio, la seguridad de mi cuarto, a mis animales, mis sims, mis puzles, mi lugar. 

De verdad que le tengo pánico al futuro, a mi vida en un mes, a qué hacer, qué decir.
Le tengo pánico a mi vida en un año si al final llego.

Es otro seis de octubre y siento que mi vida ha ido pasando sin ser consciente de ello al 100%. De pronto me pesa la edad que tengo, aunque siempre he defendido que no hay edades para nada y que no debemos seguir esa regla externa impuesta. Siento que voy tarde y me ahogo. Me ahogo.

Voy a intentar ir al día, centrarme en hoy, en el paso de hoy, de esta noche. Mañana en mañana, pasito a pasito, despacio. Recordando los apoyos que tengo. Recordándome lo increíble que soy. Lo mucho que he conseguido pese a todo.

El otro día me salió un video de una chica que esta en una universidad privada y ni siquiera sabe exactamente cuanto cuesta. He visto durante muchos años a mis compañeros de universidad, a amigos y conocidos... cuya familia ha podido ponérselo todo por delante. No solo estabilidad económica, no solo les han pagado la carrera y todos los gastos necesarios, si no que han tenido apoyo, un puerto seguro.
Mi hermana y yo no sabemos lo que es eso.
No hemos tenido una familia con facilidades económicas, una universidad privada jamás podria haber sido una opción. Ni siquiera han podido ser opciones títulos de experto o masters que no fuesen públicos. 
Pero es que tampoco hemos tenido ningún tipo de apoyo.
Es increíble que personas como nosotras sean capaces de terminar una carrera, salir de casa, no rendirse y continuar.
Me saqué la carrera sin quedarme ni una sola vez ninguna asignatura en segunda matrícula, me lo pagué absolutamente todo yo con mis becas, teniendo discapacidad y con una dificultad enorme para estudiar por culpa de la vista.
Y con un hijo a mi cargo. Un hijo que tenía solo 2 años cuando empecé bachillerato.

Mi hermana y yo somos enormes.
Se nos olvida demasiado.
No hemos tenido ayuda, solo nos hemos tenido a nosotras.

No venimos de una familia bien, ni siquiera de una que sirva como respaldo o apoyo moral. Y aún así lo estamos consiguiendo. 

Sé lo fuerte que soy, lo resolutiva, lo capaz. Aprendo rápido, me adapto, me atrevo. Lo hago con miedo, pero lo hago. No escondo la cabeza, me enfrento a la realidad, miro de frente siempre a lo que no me gusta, a lo que me incomoda. Lo reconozco si me equivoco, intento evitar repetir errores. Soy sincera. Digo lo que siento, lo que pienso. Me da igual ser intensa y que se note todo lo que siento. 

No sé ser feliz, y aún así llevo años intentándolo. 

Pensar en lo diferente que habría sido mi vida si hubiera tomado otra decisión aquel seis de octubre me abruma. Pero tomé la que tomé, y hoy mi vida es la que es. 

Hoy mi vida es la que es. Un caos. Una continua pelea por sobrevivir, por mantenerme fiel a mi misma, por no rendirme ni dejarme sola. Hoy mi vida está repleta de amor y de personas con las que me siento segura. También está llena de mucho miedo y cosas negativas.

Pero es la única vida que tengo.
Estoy luchando por ella.


martes, 30 de septiembre de 2025

No he ganado la guerra, pero tengo el coraje

Ayer leí una conversación antigua, de allá por 2022, con una persona a la que quería (y quiero) muchísimo. 
En ella le hablaba de uno de esos señores que me dejaron el autoestima por los suelos, y equiparaba algunas cosas que me pasaban en ese momento con mi pareja de entonces. 
Al leerla me puse a pensar en esos hombres (porque siempre han sido hombres) que me han hecho sentir poco deseada, o que era demasiado, que tenía demasiadas ganas, que era demasiado "fogosa" o "agresiva", y cómo poco a poco fueron apagando mis ganas y mi forma de verme a mi misma. 
En esa conversación hablábamos también de cuando estuvimos juntos, de lo sencillo y fácil que era. De que nunca me sentí así con él. 

Entonces acabé viendo lo que siempre he sabido, que no se trata de ellos o yo, se trata de compatibilidad y deseo. Y si, obviamente no ayuda que la persona con la que estás tenga cero empatia y la inteligencia emocional de un zapato, pero fui yo la que se mantuvo en esas relaciones, la que no se fue pese a ser consciente de que me estaban haciendo daño. 
Y en cambio suelo irme muy rápido de las que nunca me lo han hecho.

He tenido pesadillas toda la noche, el día ha empezado con una noticia feísima, ha continuado con una revisión médica que me ha afectado mucho emocionalmente, y tras eso he tenido a mi lado a un hombre que me ama con locura, al que se le nota mas que de sobra lo muchísimo que le importo, y que me ha llevado a comer sushi.
Le he escrito a Germán simplemente para decirle que le quiero muchísimo, y sus respuestas me han hecho reír y sentir querida.

Quizá no he tenido lo que quería o necesitaba en ese momento, pero la gente que me rodea me da lo mejor de si misma, y me demuestran continuamente lo mucho que me quieren.

Mi terapeuta y Germán insisten muchísimo en que tengo que trabajar la seguridad en mi misma, la primera me ha dado pautas y "ejercicios" para hacerlo, para que no me afecte el deseo que despierto (o no) en otros, si no que me valga conmigo misma. 

Es curioso como funciona mi cerebro, cómo sé perfectamente lo mucho que atraigo a muchísima gente y cómo me fijo solo en las veces que no lo hago, y les acabo dando más importancia. 

Hay veces que me miro en el espejo y pienso "puf, es que estoy tremenda". Hoy ha sido uno de esos días. Me he vestido con todo el cuerpo roto tras la noche y la mañana que he pasado, he buscado algo que me hiciese sentir bien, y al mirarme en el espejo he pensado cómo es posible que dude de mi misma. Si sé el poder que tengo, la facilidad para ciertas cosas. La energía. 
Quienes se han perdido esa energía son ellos, los que me hicieron sentir demasiado y nada a la vez.
Me dedico a hacer sentir enormes a hombres que claramente no lo son. Espero lo mismo a cambio y no quiero darme cuenta de que no puedo obligar a los demás a que sientan las mismas cosas que siento yo. No pueden forzarse a si mismos a cosas que no salen.

Lo primero es aprender a quererme, a no necesitar la validación de mi pareja, a mirarme a mi misma de la misma forma que le miro a él, sea quien sea. 
Me lo dice mi hermana, Germán, la gente que me conoce y lo ha vivido continuamente, que cuando me enamoro idealizo a esa persona en todos los sentidos. Que no son tan increíbles ni física ni personalmente, que son los ojos con los que los miro.
Quizá tienen razón y tengo que aprender a equilibrar, a idealizarme a mi y ser realista con ellos. ¿Por qué mirar con adoración absoluta a quien ya no me mira así? 

Al final siempre repito el mismo patrón, personas que al principio me hacían sentir increíble y que después se les pasa y, mientras yo sigo fascinada, ellos dejan de mirarme igual.
Si les dejo vuelven a hacerlo, también lo he vivido. Su manera de echarme de menos cuando me voy y por tanto intentar recuperarme. Tratarme otra vez como si fuera el ser mas deseable e increíble mientras me intentan convencer de que vuelva. Desaparecer de nuevo si lo consiguen.

Me he prometido no volver nunca mas con un ex. No mas oportunidades, no mas "quizás ahora si". Si me voy me voy a ir para siempre. Sé que eso también va a hacer que tarde en irme, pero no voy a seguir repitiendo patrones.

Me gusta mi actual relación. Me siento querida y cuidada, se que me ama tanto como yo a él. Sé que se esfuerza cada día por hacerme feliz y darme todo lo que necesito. Sé que lo que no funciona no es culpa de ninguno de los dos, que estamos intentando buscar formas de coincidir y que las diferencias puedan sostenerse en el tiempo. 
No voy a rendirme fácil. 
Pero sí voy a trabajar mucho mas en mi misma. 

Realmente lo tengo todo para conseguir una vida maravillosa. Solo tengo que tener paciencia, quererme... y creérmelo. 

Cansada de este bucle del que no puedo salir
Heridas mal cerradas que se me vuelven abrir
Del constante repetir

Y si te digo la verdad, te estaban esperando a ti
No recuerdo verte marchar
Porque vives dentro de mí

¿Y cómo le hago jaque al rey si soy un mísero peon?
Acato normas de la ley
No ha sido mi propio guión

Solo sé pedir perdón
Huyendo siempre sin mirar atrás

Porque soy fuego que arde
Quemo lo que toco
No voy a quedarme
Esto me sabe a poco

Me asusta que me mires
Sin maquillaje, no
No he ganado la guerra
Pero tengo el coraje

Y sin saber cómo nadar
Estoy delante del timón
Con menos miedo a naufragar
Con hambre de revolución

No volveré a mirarte
Con maquillaje, no
No he ganado la guerra
Pero no llego tarde




jueves, 25 de septiembre de 2025

Todo va bien desde que te fuiste

¿Te has parado a pensar que igual hay algo que no sabes?
¿Sabes qué?
Que me ha costado un poco estar sin ti
Pero estoy bien
La verdad no espero que lo entiendas
Siempre voy con la maleta a cuestas
Y estoy todo el día oyendo la de Paradise
Aún queda el invierno pero me da igual

"Todo va bien desde que te fuiste"
A veces lo dudo, aún pienso muchas veces en todo lo que iba bien contigo y que ya no está. La seguridad del futuro, el confort. La responsabilidad compartida, la estabilidad económica. La facilidad para independizarnos, para ser una familia. Para que todo siguiese una estructura. 

Y entonces pienso en las cargas. En toda esa carga mental que siempre llevé yo, que aún sigo llevando. En la idealización de cuando no estamos juntos, frente a la realidad de cuando sí lo estamos. 
Lo que me demuestras sobre quién eres cuando la relación se rompe y nos vemos obligados a la formalidad exigida por la situación. 

¿Y ahora cómo hago pa' decirte que cada día que se va y yo paso sin ti se va haciendo ya menos triste?
Todo va bien desde que te fuiste
Hasta al vecino le caigo mejor
Se rompió tu foto, ay, qué despiste
Qué suerte no tenerte alrededor

Cuando no estás, cuando no apareces... estoy realmente tranquila, en paz. Con mis mil demonios, pero sabiendo que esos van a curarse en algún momento, que soy fuerte. Que lo tengo todo para ser feliz.
Aunque independizarme parezca imposible. 
Aunque ser madre de un adolescente sea excesivamente complicado y agotador.
Aunque a veces te siga echando de menos

A veces me olvido de que existes
Y a veces me olvido de quién soy
Todo lo que antes era triste
Ahora es de otro color
No me lo creo ni yo

Dos años. Es increíble que ya hayan pasado diecisiete. Que a veces esto sea la historia interminable.
Sigo sin poder procesar que hicieras lo que hiciste. Ni sus consecuencias (para mi, porque para ti... no hubo ninguna)

Pero he aprendido tanto en estos meses... 
He visto a quienes me rodean, a mi misma. Volví a demostrarme lo fuerte que soy, la capacidad para seguir adelante incluso cuando me veo absolutamente incapaz.

Han pasa'o ya dos años desde aquel día que te fuiste y ¿sabes que?
Que aún hay días en que pasas por mi mente
Ya lo sé
Yo sé que no hay nadie que me entienda
Si sigo con los recuerdos a cuestas

Lo estoy logrando. 
Sin ti.
Es más, lo estoy logrando,
Pese a ti.

Incluso cuando vienes a desestabilizarme y volverme loca, incluso cuando siento que sin ti no puedo, que te necesito.

Claro que puedo. 
Puedo sin ti, y es mejor sin ti.
Puedo porque no estoy sola.
Puedo porque tengo unas capacidades increíbles.
Me lo demuestro cada día, cuando salgo de la cama pese a la incapacidad que siento, pese a todo lo que me pesa el mundo y la vida.

Si supieras lo que he logrado esta semana...
Estoy orgullosa de misma.
Los que me rodean lo están.

Te sigo odiando. 
Pero me estoy queriendo mas a mi.

Qué suerte no tenerte alrededor.

¿Y ahora cómo hago pa' decirte que todo va bien desde que te fuiste?
Hasta al vecino le caigo mejor
Se rompió tu foto, ay, qué despiste
Qué suerte no tenerte alrededor

A veces me olvido de que existes
Y a veces me olvido de quien soy
Todo lo que antes era triste
Ahora es de otro color

¿Y ahora como hago pa' decirte que cada día que se va y yo paso sin ti se va haciendo ya menos triste?
Todo va bien desde que te fuiste


Qué suerte tener a quien me está esperando en la estación




 

.

miércoles, 16 de julio de 2025

Me quedo conmigo

Vivo, instante al momento seguido
Intentando caminar, perdido
Existo, segundo a segundo yo existo
Intento salir de mí, conmigo
Recogiendo todos los pedazos que llevo escondidos.



Tengo muy claro lo que quiero, a lo que aspiro, lo que necesito. No tengo dudas, no tengo que pensarlo demasiado.


Quiero ser independiente, quiero vivir tranquila, en paz, sabiendo que no necesito a nadie mas para conseguir esa paz y, sobre todo, que nadie puede venir a destruirla.
Quiero conseguir mi propio piso, pagado por mi, sin necesitar a alguien que me ayude a hacerlo. Quiero sentir que tengo un espacio seguro que me pertenece, sin miedos, sin vivir en alerta. Solo eso, en paz.
No quiero lujos, no aspiro a que el dinero me salga por las orejas, no necesito un super coche, ni un piso gigante. No me hace falta tenerlo todo de última generación.


Muchas veces me cruzo en redes sociales con el cartel de "una persona criada en el amor y otra criada en la supervivencia nunca verán el mundo igual" y creo que tiene tanta razón que me abruma. Llevo toda mi vida viendo a la gente a mi alrededor, sus vidas, sus familias, sus historias. Soy trabajadora social y me dedico a entender cómo el contexto y la historia de vida influyen en todo lo que serás.
Nunca voy a ser igual que la mayoría de mis amigos, y ellos nunca verán el mundo de la misma forma que lo veo yo.
Quizá por eso siempre encajo mas y me entiendo mas con personas que han tenido una vida de mas supervivencia que amor. Porque ellas si lo entienden. Ellas saben lo importante que es la paz, la estabilidad. Sin nada mas.


Quiero estar lejos y a solas, ganarle más tiempo a mis horas
Dejar de sentirme culpable por ser vulnerable a todos mis excesos
Estas son mis cicatrices, caigo por mi propio peso
Todas mis expectativas las doy por perdidas y no salgo ileso.



Despertar un día más sigue siendo un logro. Levantarme de la cama, enfrentar el día, relacionarme, cumplir responsabilidades, pensar y sobrevivir a ello.
No todo el mundo comprende hasta que punto es eso una batalla ganada. Lo mucho que me ha costado estar donde estoy, sobrevivir.
Lo increíblemente complicado que es luchar contra mis pensamientos y aprendizajes.


Me dan mucha envidia esas personas, las que se han criado en el amor. Cuando lo hablo con mi hermana me dice que muchas de esas personas, pese a criarse en el amor, no tienen, por ejemplo, la relación que tenemos nosotras. Y es cierto, quizá crecer en el amor te hace normalizarlo, y no ves tan genuino que alguien te ame de verdad, te proteja, te cuide y se quede a tu lado. Para mí es mas normal el maltrato, que la gente que "te quiere" te haga daño, y que tu perdones y sigas a su lado. Que aguantes. Que empatices.


Mi relación con él se ha basado en eso durante media vida. Empatizar, perdonar, seguir adelante. Pensar que todo irá a mejor.


Y me miro a mi misma, y pienso en lo que quiero, en lo que merezco.
¿Qué merezco?


Me despierto siempre hiperactivo
Antes de que entre el bajón de sentir cómo cruje ese ruido
Que hacía un extraño eco en mi habitación
¿Qué va a pasarme hoy?
No sé qué puedo esperar
Me da miedo que se agote el tiempo
Que se me olvide lo que siento
Que lo haga todo con el mismo amor, pero distinto sentimiento



Soy consciente de mis limitaciones. También de mis fortalezas.
Sé que idealizo las cosas buenas, que endioso a cualquier persona que me cuide un mínimo, que lo que debería ser normal me parece increíble.
Sé que quiero demasiado y a veces a quien no lo merece.
Sé que todo lo que tengo lo he luchado y ganado yo.
Sé que he tenido mucha ayuda, que me he rodeado de personas maravillosas.


También sé que sigo sin saber cómo seguir. Que todo me da miedo. Que sigo pensando que desaparecer sería lo mas sencillo y lo que mas paz me daría.


Recogiendo todos los pedazos
Los pedazos que estaban perdidos
Que me estaban rompiendo en pedazos todo lo vivido.



Pero sigo. Continúo el camino. Y solo veo mi objetivo, ese piso, esa paz. No quiero cosas grandes, no necesito aspiraciones enormes. Solo quiero paz.
Y quien quiera acompañarme tiene que ayudar a darme esa paz. No desestabilizarme, no darme aún mas preocupaciones, agobios o malos recuerdos. Por eso tengo que dejar ir, superar, aprender a vivir sin esas personas que, pese a su importancia, dejan mas mal que bien. Que me roban la paz.


Sé lo repetitiva que soy. Sé que suena muy simple y pequeño, pero que grande será el día que salga de esta casa sabiendo que no voy a volver, que ya no volveré a estar atrapada, que soy libre. Que tengo mi propio sitio.


Nadie criado en el amor podrá entender al cien por cien la importancia de la paz para alguien criado en la supervivencia.
Pero las personas que hemos sobrevivido, las que llegamos a adultas e intentamos no hacer daño a nadie por el camino, las que hemos aguantado y seguido adelante... nosotras vemos el mundo distinto.
Nos hemos roto cien veces, y seguimos pegando los pedazos, recomponiendo lo que otras personas destrozaron.


Yo no le tengo miedo a estar sola.
A lo que le tengo miedo es a seguir dependiendo de alguien que me hace daño de forma continua.
Le tengo miedo a rendirme y que todo acabe.


Tengo miedo de dejar algún día de ser yo misma para adaptarme a un mundo que no quiere entender que la intensidad es necesaria. Que la gente de tu alrededor tiene que saber cuanto te importa. Que hay que disfrutarlo todo como si fuera la última o la primera vez. Que querer con tantísima fuerza no es una debilidad, que mostrarlo, tanto en palabras como en actos, hace falta. Que la felicidad aumenta cuando el amor se respira es cada partícula de aire, cuando se siente en cada poro de la piel.


Para quienes no hemos conocido el amor de la forma adecuada al crecer, cualquier muestra de amor actual nos hace aún mas grandes. Mas felices. Nos cura.


La gente que me ama está curando, sin saberlo, a la niña que siempre estuvo sola, la que no quería estar viva, la que se sentia una molestia y un error. Están curando a la adolescente que ya estaba rota y no sabía como unir los trozos.
Están alzando a la adulta que lucha por sus sueños, por su paz.


Yo también me curo a mi misma cada día que me levanto de la cama y decido elegir lo que me hace bien. Cuando elijo seguir intentándolo.
Cuando me miro al espejo y me recuerdo que merezco la pena, que me gusta mi forma de ser, que merezco cosas buenas.


Que algún día, cada vez más cercano, voy a encontrar la paz.


Y por eso, aunque sepa que soy mi peor enemigo
Hoy yo me quedo conmigo
Yo me quedo conmigo
Me quedo conmigo



jueves, 26 de junio de 2025

¿Cómo haces?




No sé cómo lo haces
Sabes leerme tan bien
Me conoces mejor que yo misma
Veo todo lo que haces
Para que me sienta bien
Has sido fuerte, aunque este fuerte la vida

Tú eres mi refugio
Y mi lugar seguro
Estar entre tus brazos es lo que me cambia el mundo
Sé que lo tengo todo
Así se acabe el mundo
Porque estarás conmigo hasta el último segundo

A veces me siento derrotada
Un poco cansada,
Y tú, te quedas a mi lado
Aunque me he equivocado
Nunca te has ido lejos
Tú nunca me has soltado

Solo tú me conoces
Con lo bueno y lo malo
Quédate para siempre
Nunca sueltes mi mano


Esta canción lleva atormentándome desde que la escuché por primera vez, hace semana y algo. 
Me encanta la canción, la letra y la melodía.
Pero me atormenta. Me atormenta muchísimo. 

Porque me recuerda a él. Porque se la hubiera mandado de forma automática si la hubiese escuchado en febrero, la habría puesto de fondo en nuestra vida. Sería de esas que habría querido en nuestra boda. 
Me sigo sintiendo rota. Demasiado.
Odio cada vez que me habla, cada vez que tengo que verle. Ojalá pudiera desaparecer al 100% de mi vida. Le odio tanto como he llegado a amarle. Y odio odiarle. No quería hacerlo nunca mas. Este no era el plan, así no iban a ser las cosas. Nunca.

Ni siquiera quiere admitir lo que hizo. No quiere reconocerse a si mismo que sí fue mucho mas consciente de lo que cree. Me dice "cree lo que quieras", y, con esta misma canción sé que él se sentiría identificado, porque nadie le conoce como yo, nadie me conoce como él. Ni familia, ni amigos. Demasiado tiempo juntos, demasiada vida.
Es imposible que no se diese cuenta. Absolutamente imposible.
Pero no quiso darse cuenta.
Y por eso le odio.
Tengo que vivir con ello el resto de mi vida. 
Este no era el plan.

Odio echarle de menos, y la vez tener la más absoluta certeza que no quiero tenerle cerca nunca mas. Odio recordar toda una vida que de golpe ha desaparecido, unos recuerdos que ya no significan nada.

Me atormenta pensar en cómo la persona que más cosas ha hecho en mi vida por mi, con la que más segura me he sentido, la que mas tranquila me ha hecho sentir, el que era mi hogar, mi sitio, quien más me ha amado en todos los sentidos... se ha convertido en todo lo contrario.
Y tengo que aceptarlo, seguir adelante, continuar. Pero por qué, por qué, por qué. Si parecía que todo iba cada vez mejor. Si estábamos en el camino.

Sé que lo idealizo. Sé que no era tan así. Sé que fallaban demasiadas cosas. Sé que he pasado demasiado tiempo forzando y esperando algo que, claramente, no iba a pasar. ¿Pero tenía que terminar así?
Quizá sí. 

Quizá era la única manera de despegarme de él de verdad, de dejarlo atrás. De avanzar sin seguir esperando.

Quizá es eso lo que me ha permitido enamorarme de esta manera en la que estoy ahora y que tan rara se me hace. Tan poco conocida, tan abrumadora. 

¿Qué es lo que hace que nos enamoremos de alguien? No paro de darle vueltas a esa pregunta, de analizarme a mi y a mis relaciones, a los sentimientos que he tenido y tengo...
Pero eso lo hablaré en otra entrada.

Hoy estoy derrotada, cansada... y estoy intentando no necesitar que nadie se quede conmigo. Mantenerme sola, continuar sola. 

Porque si, me estoy acostumbrando a las grandes pérdidas. 
Pero ya no puedo con mas.

Ya no puedo, así, en general, con esta vida que tanto me pesa.

sábado, 3 de mayo de 2025

Vas a sobrevivir


La primera vez que dejé por escrito que quería quitarme la vida tenía 12 años.
Lo decía en serio, no era simplemente un pensamiento dramático de una preadolescente. No veía salida. No encontraba apoyos.
El mes que me quedé embarazada ya tenía decidido cómo y cuándo hacerlo, y ese positivo en el test de embarazo lo paró todo, por eso siempre digo que, literalmente, mi hijo me salvó la vida.
Recuerdo pocas épocas de mi vida en las que ese pensamiento haya desaparecido de forma absoluta. Y, seré sincera, la única razón que me ha mantenido aquí es José Manuel.

En enero volví a estar convencida de hacerlo. Empecé a mover las cosas, a idear planes, buscar opciones y formas. Mis anclas, la terapia y José Manuel lo fueron aplazando. Luego la época de paz fue aliviando la idea.

Hasta el miércoles. El miércoles entré en tal crisis que puedo asegurar que si José Manuel no hubiera estado en casa, yo no estaría ahora escribiendo esto. Lo puedo asegurar con absoluta certeza.

Y es que estoy agotada. Agotada de luchar, de superar cosas, de no salir de una y entrar en otra, de ser fuerte, de tener siempre que seguir adelante.

Pero estoy tan bien rodeada, tan acompañada, tengo tanta suerte en ese aspecto de mi vida que creo que, de alguna manera, el universo me compensa todo lo demás, todas las guerras, toda la sangre. Y mi gente es mi paz, mi bandera blanca.

Nunca hablo de ello, nunca lo he dicho en voz alta, salvo a mi psicóloga y a los pocos amigos en los que he confiado tanto como para hacerlo. 

Sé que hay mucha gente igual (y peor) que yo. 
Sé que hay gente que no lo entiende.
Sé que siempre me han llamado dramática y quizá esto se vea como una prueba más, una manera de llamar la atención y poco más.

Pero escribirlo, publicarlo, también es ayudarme. Es gritarle a quien no lo sepa el cómo me siento, la desesperación interior con la que paso los días, y también reconocerles a quienes me mantienen viva su lugar, su manera de salvarme. Es decirle a las personas que se sientan como yo que no están solas. Es sentir que no tengo que esconderlo porque estoy buscando salida, porque sigo sin rendirme. Porque lucho y lucho y lucho. Y cuando estoy agotada pido ayuda para que luchen conmigo. Porque no estoy sola.

Y de pronto se me ocurrió escribirlo, de mi puño y letra, con la mariposa que mi hermana convirtió hace años en mi símbolo. Para recordarme que sigo, que he sobrevivido, que estoy sobreviviendo, que voy a sobrevivir.

Que todavía no me he rendido.




martes, 8 de abril de 2025

Ya no tengo miedo

Recuerdo perfectamente el día que lo dejamos. Lo recuerdo porque creo que jamás podré olvidar ese día.

Fue el 16 de septiembre, un lunes. 

Ese día, mi hijo comenzaba el instituto. Su primer día de clase en un centro nuevo, una etapa nueva, un mundo nuevo, primero de la ESO.

Ese día, también fue mi primer día de trabajo en un sitio nuevo. Un lugar en el que nunca había estado, con nuevas funciones, nuevos compañeros y por primera vez a jornada completa.

Por primera vez en la vida no podría llevar a mi hijo al cole en su primer día de clase, por primera vez en la vida no iría yo a recogerlo y estar ahí para que me contase todas esas nuevas experiencias e impresiones.

Estaba acojonada.

La semana anterior la había tenido de vacaciones (las que me quedaban de haber dejado el anterior trabajo), y, por supuesto, la pasé entera en su casa. Fue una semana de pura ansiedad porque seguía dándole vueltas a si me habría equivocado al dejar mi trabajo actual por algo totalmente distinto, por el miedo al comienzo del instituto de José Manuel, por el cambio de vida casi radical que comenzaría a partir de ese lunes... Él no entendía tanto miedo o ansiedad, para él todo era fácil, y los primeros días reconozco que sí intentó cuidarme, pero creo que se acabó cansando. Al final, el domingo por la tarde tuvimos una pelea, casi ni recuerdo por qué (podría pararme a pensar y sé que lo recordaría, pero casi prefiero que no), y parece que el mundo explotó. Sé que ni siquiera fue algo de verdad importante, y también sé que, una vez más, no me sentí escuchada, cuidada o comprendida. 

No hacía más que pensar que yo no me merecía eso, que ya tenía demasiado encima pensando en el día que se me presentaba al día siguiente y que no podía ser que la persona a la que quería y con la que compartía mi vida me aumentase esa carga en vez de hacerla mas liviana. Nos fuimos a dormir enfadados, y, obviamente, no dormí absolutamente nada.

Ese primer día de trabajo fue un infierno, no hacía mas que pensar en mi hijo y cómo estaría pasando el día, en él y en la pelea, en qué hacer a partir de ahora... no escuché casi nada de las explicaciones que me daban y muy pocas veces pude concentrarme en lo que debía. Decidí que al salir iría a su casa a hablar con él y arreglar las cosas, porque sabía que no podría seguir así.

Fui, tuvimos una conversación de casi dos horas, y pareció que todo se arreglaba e iría bien. Él salió a sacar al perro, y entonces... entonces repasé esa conversación agotadora que acabábamos de tener, y pensé en cuantísimas veces habíamos tenido esa misma conversación y luego no había servido de nada, recordé todas las promesas que nunca se cumplían, los acuerdos que no llegaban, pensé en el día y la noche que había pasado... y acudí a mis amigas. Les dije que estaba pensando en recoger mis cosas y terminar, que estaba cansada, que no me merecía lo que había pasado. Respondieron de inmediato y me dijeron que lo hiciese, que yo era fuerte y capaz. Recogí mis cosas. Llamé a mi hermana y a Dani para que vinieran a buscarme. Él llegó de sacar al perro y lo vio todo encima de la mesa, entró en cólera. Pensó que ya lo tenía todo planeado, que le había hecho perder el tiempo, no me quiso creer cuando le dije que había sido una decisión tomada tras analizar nuestra conversación vacía.

Me fui completamente rota y destruida, con mis amigas dándome la enhorabuena, con mi hermana y Dani abrazándome, con el cariño de mi hijo al llegar a casa.


Esa semana (y los meses que siguieron, en realidad) fue un absoluto infierno. La ansiedad me devoraba, tuve la formación en la nueva empresa y no me enteré de nada, no hacía más que pensar que la había cagado, la cabeza me daba vueltas, quería morirme con tal de no sentir todo lo que sentía... y mis amigos me felicitaban. Aún recuerdo la pura felicidad real de Danil, como casi que le oí saltar de alegría al otro lado del teléfono cuando se lo dije. Todos diciéndome que por fin había salido de ahí, que era más fuerte de lo que pensaba, que había sido muy valiente, que ahora por fin podría ser feliz.


Siempre hay muchos malos en una misma historia. Depende de quién la cuente, de los detalles y versiones que se den, de cómo lo han percibido quienes lo han vivido.

En mi versión, lo único que tengo claro es que, objetivamente, vivo más tranquila desde que él ya no está en mi vida. Una vez superado el síndrome de abstinencia, la ansiedad ha desaparecido, he podido dejar los antidepresivos, ya no vivo con miedo de no saber qué mina será la que se pise hoy. Ya no hay nadie que me haga sentirme pequeña, mal conmigo misma, una molestia. 

Ya no tengo miedo. 

Miedo.

Jamás pensé que llegaría a estar tanto tiempo en una relación donde el sentimiento que mas veces me inundaba era ese.

Pero salí. Y ahora soy libre. Y vivo tranquila, en paz. Sanando las heridas, yendo a terapia, mejorándome a mi misma y a mi vida.

Quizá el capítulo aún no está tan cerrado como me gustaría, pero ya casi nunca pienso en él, no le echo en absoluto de menos, no me apetece verle ni hablar, ni tenerlo cerca en general. Es real que estoy mucho más feliz, y una parte de mi siente como que este año ha sido una nube extraña en la que ni siquiera he sido yo misma y mi vida no la controlaba yo. 

Ahora estoy bien. Recuperándome, pero bien. Bien rodeada, bien querida, bien cuidada. Me gusto, me quiero, sé quién soy. 

Ya no tengo miedo.





Hay un malo en cada serie
Cada uno aquí lo entiende a su manera
Siempre habrá quien odie todo lo que seas

La vida de los demás sе ha vuelto una novela
No sabemos la vеrdad, y nos da igual
Se hace fácil disparar cuando hay trinchera
Pero luego eres víctima y condenas

Y hay tanto que no digo
Tanto que me digo
Tanto que al final voy a explotar

Si no van a parar, a mí me da igual
El tiempo pondrá todo en su lugar
No voy a aparentar ni una cara más
Me doy la vuelta, y espalda para quien no se merezca
Ni una palabra, ni una sola letra
Estoy cansada de fingir en fiestas
Todos lo mismo, sois los mismos
Y os voy a dar un Oscar por las pelis que os montáis




viernes, 14 de marzo de 2025

No quiero echarme más de menos

Seré sincera, hoy no me he despertado al 100%. No sabría explicar bien la razón, porque no ha pasado absolutamente nada que lo justifique, aunque bueno, es obvio que aún no estoy bien y que recomponerme sigue siendo un proceso lento.

Venía en el coche pensando en todas las cosas que quería escribir y expresar, y siento que de pronto me he quedado muda. A veces me resulta complicado exteriorizar todo el barullo de mi mente, todo lo que me atrapa. 

Sigo pensando en él, en cómo fueron las cosas y cómo son ahora. Ayer pasé tan cerca de su casa que por un momento volvió a darme el impulso de ir, y tuve que recordarme que no, que me tengo que cuidar y querer a mi, que ya le he entregado demasiado.

Tengo ganas de cuidarme, pero no sé cómo hacerlo, no termino de ubicar la mejor forma de hacer las cosas. Siento que siempre me equivoco, que al final siempre la cago. 
He pasado dos meses en modo supervivencia, sin razonar lo que hacía, simplemente intentando continuar. Hay pensamientos que siguen demasiado instalados en mi cerebro, aunque pensé que ya no estaban. Pero me siguen atrapando. Más aún desde la conversación del martes.

Sigo agotada.

Sigo amando a mi familia, la que se elige. Son las relaciones más recíprocas que tengo, las que más me llenan. Mis niñas, mis chicos. 

Pero quizá sigo entregándome demasiado, quizá tengo que aprender a frenar y esperar, ver lo que me dan y actuar en consecuencia.

Me siguen llegando canciones en Spotify con las que me siento identificada, yo creo que el algoritmo sabe como me siento y me da lo que me gusta, lo cual agradezco tela, la verdad 😅

Este fin de semana veo a Ivan Herzog, y la semana que viene, por fin, a Paula Mattheus. Tengo muchísimas ganas.

No sé cómo voy a estar este fin de semana, o la semana que viene, o el resto del día. Siento que sigo fallando, siento que no lo estoy haciendo bien, y la verdad es que no sé cómo hacerlo. 
Yo solo quiero paz.

¿Se puede pasar toda la vida jugando a Los Sims y viendo pelis y series de comedia romántica?



Desde pequeña, siempre he creído que era especial
Y lo especial acabó siendo la nostalgia
Estar siempre pensando en ellos
Y no mirarme a mí

Me he perdido afuera, me he perdido dentro
No sé dónde estoy ni lo que es blanco o negro
No sé ver el mundo como un plano abierto
Si me queda grande o me queda pequeño

Me he dejado ir, pero sé que ahora vuelvo
Aunque no vea luz intuyo algún reflejo
Quiero que me quieran como quiero al resto
Que no sea tan grande el sentirse pequeño

Siento cómo me elevo
Cómo la vida me revienta desde dentro
O desde fuera, qué más da eso
Si lo importante es que ahora sé qué es lo que quiero

Y no quiero echarme más de menos
Volver a sentir que estoy haciendo lo que puedo
No sentir la culpa en cada paso incierto
Y de preguntarme primero a mí

Y no quiero volver a desaparecer
A romper todo lo que soy por nada
Más que el miedo a no ser 
Lo que siempre he esperado

Estoy cansada de perder la apuesta
De intentar todo y ver cómo se quema
De los disparos en la isla desierta
En que se ha convertido mi cabeza

Me he dejado ir, pero sé que ahora vuelvo
Aunque no vea luz intuyo algún reflejo
Quiero que me quieran como quiero al resto
Que no sea tan grande el sentirse pequeño