He pensado en el 14 de febrero, y me he acordado de mi Mimi... y de Dylan.
He recordado que la primera vez que le vi después de terminar definitivamente fue ese 14 de febrero, el día de su cumple. Pienso mucho en él, en cómo estará, en si habrá mejorado o empeorado la artrosis, en si lo sabré el día que ya no esté, en lo mucho que le echo de menos y lo mucho que me encantaba abrazarme a él en la cama y dejarle subir al sofá. En si se acordará de mi o si me reconocerá si alguna vez volvemos a vernos.
Todos esos recuerdos me han llevado a pensar en la relación que me hizo conocerle y ser parte de su vida, y he vuelto a ser consciente de que estoy "recuperada" de aquello, de la adicción, de echarle de menos o pensar en el, de la necesidad de saber de su vida. No recuerdo la última vez que le busqué o leí en redes, o cuándo miré su chat.
Me ha dejado muchas heridas, muchísimas, que aún no estan curadas del todo y a las que sé que aún les queda tiempo. Pero a él ya no, él ya está olvidado por completo, no pienso en él con nostalgia ni muchisimo menos con amor o cariño. Veo de forma mas realista lo que viví y lo que fue la relación.
Esta semana he aprendido que mi hermana y Germán tienen razón, que necesito priorizarme, pensar en mi de verdad y dejar de pensar en otras personas a la hora de tomar decisiones.
Tuve un ataque de ansiedad el martes comprando porque no sabía qué podría querer Maikel, y me despertó miedos casi olvidados que me cerraron la garganta y aplastaron mi capacidad, sentí ese miedo olvidado al castigo si no elegía bien, aunque racionalmente supiera que Maikel no es así y que eso no pasaría.
Estoy dándole vueltas a aquello, y me he dado cuenta de que, aunque todo lo que iba a comprar era para los dos, no pensé ni una sola vez en lo que yo quería, solo en lo que querría él, en lo que le gustaría a él. Incluso con el par de cosas que miré solo para mi, pensé en si él me juzgaría o diría algo, ya que no eran sanas.
No me merezco hacerme eso a mi misma. No me merezco seguir dándoselo todo a los demás y quedarme yo fuera.
Mi madre me ha repetido tantas veces a lo largo de mi vida que soy super egoísta que he pasado esa misma vida intentando demostrar que no lo soy, obligándome a no serlo. Y ahora solo pienso en ser egoísta cuando calculo el poder quitarme la vida, lo veo como ese acto de egoísmo supremo que compensará todas las veces que no lo fui y que le podrá dar la razón a mi madre.
No pienso en usar ese egoísmo para mi bien o para protegerme, si no para hacerme daño.
Eso tampoco es justo para mi misma.
No es justo para la niña que seguía yendo todos los días al colegio porque tenía la esperanza de que el futuro sería mejor, no se lo merece la adolescente que pensó tantas veces en huir o morir, pero que se quedó porque también confiaba en el futuro. Y no es justo para la joven madre que a los 20 años dijo que le daría a su hijo todo el amor, comprensión y apoyo que ella no tuvo.
No se lo merece la mujer que buscó ayuda, que consiguió estudiar y superar miedos, que mejoró la vida de otras personas e intentó por todos los medios ser fuerte contra todo lo que el universo le echó encima.
Tengo que abrazarme, cuidarme, priorizarme. Y no sé si podré conseguirlo o si mañana volveré a ser el trapito que solo se quiere morir, que no ve salida y está agotada.
Estoy agotada. Pero incluso agotada siempre he estado para mi hijo, para mi pareja, para mi hermana, para mis amistades... y tengo que creerme que también me merezco estar para mi, aunque no queden fuerzas.
Aunque pierda a personas por el camino.
Nunca he llegado a rendirme del todo, y eso también agota. Pero miro a la niña, a la adolescente, a la madre, a la mujer... y soy consciente de todo lo que tengo ahora que ellas no tuvieron. Un trabajo estable, independencia económica (aunque no sea toda la que necesito o me gustaría), formación, una red de apoyo estable, fuerte y que no la abandona. Un futuro tangible, y no solo la esperanza de que más adelante todo irá mejor, si no la certeza de que efectivamente será así.
Libertad.
También tengo libertad. Libertad de ya no estar atada a nadie solo porque le quiero, de no idealizar a quien me rodea, de ver la realidad en cada persona.
Soy libre porque ya no dependo de nadie para estar estable.
Aún me queda mucho camino, me quedan muchos miedos que superar, muchas cosas de las que ser capaz, muchos logros por conseguir y retos que ganar.
Pero he abierto los ojos, y a partir de ahora mis días van a empezar con un "¿Qué puedo hacer hoy para estar yo bien? ¿Qué necesito?"
¿Qué necesito?
Quererme más, cuidarme más, priorizarme más.
Y darle ese mismo trato solo a las personas que me demuestran que son capaces de darme lo mismo que yo doy.
Porque yo puedo, y siempre podré.
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