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martes, 14 de enero de 2025
Nunca sola
viernes, 10 de enero de 2025
De nuevo, Enero
Mi mejor amigo me dijo la semana pasada que busco validación en quién no me valora, que vuelco todos mis esfuerzos y recursos en personas que no saben quererme o valorarme como me merezco, y que no los uso tanto en aquellos que ya sé que me quieren de verdad, porque son un puerto seguro para mí.
Creo que no iba muy desencaminado. Quizá se debe a cómo he
crecido, a esa casa en la que hicieras lo que hicieras nunca era suficiente.
Cuántas veces habré limpiado la casa a fondo y ha llegado mi madre y solo se ha
fijado en la mínima cosa que he dejado de hacer. Cuántas veces me dijo mi padre
que un 9 no eran buenas notas porque tenía que llegar al 10. Y eso son solo
ejemplos muy tontos de más de 30 años de reproches casi diarios. He pasado la
vida buscando cumplir expectativas imposibles, andando con miedo a pisar la
mina que haría saltar a mis padres y su lluvia de críticas a lo mala que soy.
Así que ahora, cuando hay gente que me dice lo mala que
soy, en lugar de ignorar lo que sé que no es verdad, intento demostrarles
que se equivocan. Lo doy todo, me entrego en cuerpo, en alma, doy hasta lo que
no tengo. Y me acabo dejando por el camino. Siempre pensando qué he hecho mal, en
qué he fallado, por qué sigo sin ser suficiente. Siempre dándole vueltas a por
qué esa persona sigue haciendo eso que tantas veces le he dicho que me duele, a
por qué no le vale con lo que estoy dando y siempre pide más. Acostumbrada a
los castigos emocionales, los que te hacen sentirte culpable por todo, aunque
ni siquiera sepas bien qué has hecho, o porqué se supone que eso que estas
haciendo está mal.
He crecido teniendo que adivinar los pensamientos y
sentimientos de mi madre, sigo teniendo que hacerlo cada día, y me empeño en
rodearme de gente que es así. Errática en la comunicación, dañina en sus actos.
Gente que no me valora y que, cuando pongo límites, me echan la culpa. Y yo sé
lo que valgo, aunque tardé mucho en darme cuenta y creérmelo. Aunque a veces
todavía lo dude.
Pese a todo, la ansiedad me consume cuando pienso que voy a
perder a alguien, aunque sepa que eso es lo mejor para mí. No soporto la idea
de que la gente piense mal de mí, que crea que soy la mala.
Pero siempre seremos los malos en la historia de alguien, y
quizá en parte tengan razón, pero yo me quedo con mi conciencia tranquila,
sabiendo que lo di todo, que me entregué, que lo intenté.
Que nunca me rindo.
martes, 26 de noviembre de 2024
Parar
Podría escribir cien cosas, y casi ninguna me sale. Podría sobrevivir un día más haciendo como que no pasa nada, pero estoy agotada de fingir.
Estoy agotada de pensar, de dejarme llevar, estoy agotada de seguir adelante y agotada de estar en una nube de felicidad que desaparece en cuanto la realidad me golpea.
La realidad de que las cosas nunca serán como me gustaría, de que tengo que renunciar a cosas para las que no estoy preparada a renunciar.
Me toca pensar en opciones que no quiero pensar, y tomar decisiones que no quiero.
Me toca parar
sábado, 21 de septiembre de 2024
¿Qué está haciendo él?
Tenía 12 años, casi 13, era julio de 2004. Había estado un mes saliendo con el primer chico que me besó, mi primer "novio", y al que dejé yo porque veía que pasaba de mi y no tenía interés en estar conmigo, pero del que estaba absolutamente enamorada.
Recuerdo perfectamente aquel día, estaba con Rocío en el césped de nuestra piscina, y entonces le vi llegar a lo lejos, y automáticamente me puse a llorar como si no hubiera un mañana. Él ni se acercó a nosotras, se fue con sus amigos a pasarlo bien. Entonces, Rocío me dijo "Mírate como estás, y mira como está él, ¿de verdad merece la pena? Él no te merece."
Cuando me calmé, me dijo que pensara en ello cada vez que me pusiera mal por él, "piensa en cómo está él mientras tu lloras a mares"
Han pasado 20 años, veinte, que se dice pronto, y he llevado esa imagen y esa frase tantas veces en mi vida que ya perdí la cuenta. Lo he pasado mal por mis relaciones un millón de veces, y me he enamorado de hombres que no se lo merecían, y que han llegado a hacerme mucho daño. En esos momentos de desesperación en los que gritaba por dentro y por fuera, mientras sentía que me rompía... siempre he recordado a Rocío y a aquel día. Y entonces, de a poco, he conseguido calmarme.
Son las 23:47, y llevo desde las 22:30 al borde del colapso, pensando en que mi única salida era volver a buscarle, porque al menos el dolor que he sentido estos meses solo ocurría a veces, y este que siento ahora es continuo, constante, fortísimo y desgarrador. Este tipo de dolor no lo he sentido por una relación desde que tenía 16 años, concretamente desde febrero de 2008 (si, soy una friki de las fechas) y me dejó el único novio que me ha dejado a día de hoy. Aquel dolor duró tantos meses y fue una época tan oscura que no se lo deseo a nadie. Por eso la salida fácil era ceder, volver a la droga a la que soy adicta, dejarme llevar, tener mi noche de paz... Y pese a las voces de mi alrededor que me han dicho que no lo haga, que tengo que pasar el mono y luego todo será más fácil, he estado tan a punto de coger las llaves del coche que de verdad he llegado a estar convencida de que iba a hacerlo.
Pero entonces... entonces esa frase. Rocío en mi mente, en mis recuerdos. Una niña de 13 años que le dice a su mejor amiga, con toda la sabiduría que lleva dentro, que aquel por quien llora está perfectamente bien mientras ella llora desconsolada.
Y he pensado... ¿qué está haciendo él exactamente en este momento? Y obviamente no puedo saberlo a ciencia cierta, no soy adivina. Pero le conozco, a él y sus rutinas, y he visto su forma de actuar esta semana. Cada persona lleva el dolor a su manera, y con esto no digo que no lo esté pasando mal, porque seguro que está sufriendo a su manera, pero sí puedo afirmar, con un 90% de seguridad... que no está hecho un manojo de ansiedad, pensando en coger el coche y venir a buscarme para que las cosas se arreglen. De hecho podría decir con bastante certeza qué cosas estaba haciendo durante esta hora y media que yo he pasado al borde del colapso. Venir a buscarme no ha sido en ningún momento una opción en su cabeza.
Le envidio muchísimo. Ojalá me hubiese dejado él, y mi dolor consistiera en aceptar la decisión de otra persona, en pensar qué cosas he podido hacer mal para mejorarlas de cara a la siguiente relación y gestionar la impotencia de no poder "hacer nada". Sinceramente, estoy harta de ser yo quien termine relaciones que claramente no van bien. Estoy harta de ser la fuerte, la que da el paso... y la que tiene que mantenerse firme después.
Ojalá algún día luchen por mi tanto como yo he luchado en mis dos últimas relaciones, donde me he dejado la piel y el alma. Pero eso será dentro de mucho tiempo, porque os aseguro que no volveré a decir la palabra "novio" hasta dios sabe cuando.
Sé, de verdad que sé, que muchas de las cosas que estoy haciendo, esta entrada incluida, son gritos de socorro de una niña de 15 años que no ha madurado en absoluto. Pero tengo 33 años, y llevo siendo madura por encima de mis posibilidades desde muy pequeña, creo que me merezco permitirme unos días de estos berrinches, estas salidas, estos gritos. Y sé que el mes que viene seré una persona diferente que volverá a tener dos dedos de frente, que luchará por mantenerse fuerte. Pero ahora quiero llorar, gritar, enfadarme, llamar la atención... y que mis amigos y mi familia me quieran, me cuiden y me protejan.
P.D. El chico del 2004 me acabó reconociendo que efectivamente no le interesaba estar conmigo, que solo quería darle celos a la chica que realmente le gustaba. Ya empecé de primeras con un idiota profundo 🙆