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sábado, 11 de abril de 2026

Libros que lloran

Una noche mas llorando a mares. Por terminar un libro que ha sido precioso y cuyo final me ha dejado el corazón tan blandito que si llego a saberlo no lo leo.

Hablaba del hilo rojo, y recordé las veces que hablé con Dani de que esa era nuestra leyenda, de que aún sin ser siquiera pareja intercambiamos esas pulseras, que la mía aún sigue en un cofre de mi cuarto junto a la que iba a ser nuestra alianza de boda. 

También hablaba de los pequeños detalles y gestos que hace el protagonista y que le demuestran a ella cuanto la ama, de una relación a distancia durante un año en la que ambos ponían todo de su parte para estar juntos porque no soportaban la idea de tenerse lejos, como me ha destrozado ese "ninguno de los dos podíamos estar sin vernos o tocarnos mas de dos semanas", y he pensado por qué era solo yo la que tenía esa necesidad, por qué, por qué me dejé, otra vez, todo el dinero que no tenía para hacer que algo funcionase.

Cuando me quedo soltera aparecen muchos chicos que empiezan a hablarme casi a diario, que quieren quedar, que me prestan atención... cuando lo dejé con Fran tiré mucho de ellos e incluso de aplicaciones, y ahora me veo y no quiero a ningún hombre cerca. De pronto no me fio de ninguno, ni siquiera aunque sepa claramente que solo sería sexo. Mi última relación también iba a ser solo sexo.

No entiendo como me he permitido destrozarme así y llegar a este punto, a sentirme tan tremendamente rota, a tener estos arranques de quinceañera en los que quiero escribir sobre él y publicar en todos lados el coraje que le tengo y como no pienso perdonarle nunca. 

Odio echarles de menos, a él y a Dani. No se lo merecen. Él no me dio ni la oportunidad de saber en qué estaba fallando para poder mejorar, él no se paró ni a pensar un mínimo mientras me mentía una y otra vez.
Y Dani... Dani me destrozó de la forma mas absoluta y horrorosa. Y aún tengo que escuchar sus audios o sus llamadas preocupándose por mi, hablando sobre mi operación y con ese tono de amor que tantas veces echo de menos.

Quiero estar sola, pero es que tengo esta desgana, esta incapacidad de hacer cosas, de moverme, de vivir. No puedo. Me faltan el aire y las fuerzas y no puedo. Y me odio tanto como les odio a ellos. 

Una parte de mi quiere quedarse con lo bueno, pensar en positivo, seguir adelante con el amor que fue. Pero es que no puedo, es que me siento tan engañada y estafada que siento que no volveré a confiar en absolutamente nada.

Y aún así sigo queriendo mi amor de película, ese tranquilo, sin dramas, con cuidado infinito, ese que tienen Marta y Germán, que, sin grandes florituras ni necesidad de escenas de pelicula, se ve desde fuera como precisamente eso, el amor que calma todas las tormentas.

¿Cuántos años de mi vida he perdido? ¿Por qué tuve que volver con Dani? ¿Por qué? Era joven, aún lo tenia todo por delante... y volví a él, a creer sus mentiras, a dejarme llevar por la estúpida imagen del amor que supera todas las barreras.

Me duele muchisimo el ojo por la dichosa operación y aún así aquí estoy llorando y casi sin ver, porque soy asi de idiota. Porque ojalá tener a Dani tumbado a mi lado roncando, abrazándome, sabiendo que mañana haremos algo que nos guste y que incluya cuidarme. Porque miro a mi alrededor y todo mi cuarto me recuerda a él y a los años de dormir juntos y que él fuera mi paz.
Porque por suerte o por desgracia, lo que me hizo lo hizo en su casa.

Ojalá ser capaz de recordar todo lo malo que objetivamente sé, el ser su madre, el cargar con todas las responsabilidades, su mal genio, las peleas continuas por el niño, el sexo egoista... pero es que siento que todo son motitas de polvo que podían arreglarse... hasta que él se lo cargó todo. Todo. Y entonces me pregunto si fui muy exagerada, si debí haberlo perdonado o si quizá no fue como lo recuerdo. Y la psicóloga de Amuvi me recuerda que el cuerpo no olvida, y que aunque lo hubiese intentado, nunca habría llegado a ser feliz.

Maldito Dani, maldito Maikel, maldita yo.

Y bendito Danil, German, Joshua y Julia. Bendito Jose Manuel.
En serio, ¿cómo no podia amar a Jose Manuel? Ese niño que se está desviviendo por cuidarme tras la operación, que me quiere y hace lo que sea por verme feliz, que se siente culpable de cosas que no son su culpa y que se preocupa por mi bienestar. ¿Qué adulto con dos dedos de frente no valoraría a ese adolescente porculero que me ama?

Echo muchisimo de menos a Joshua, y estoy deseando poder escaparme a su casa, tumbarme en el sofá con él a ver OUAT, dormirnos abrazados y sentirme cuidada y en paz.
Y echo de menos sentarme en mi mesa, hacer mi puzle, ver una serie, estar tranquila.
Echo de menos salir con Danil, sus risas, esa manera tan suya de subirme la moral, su fuerza.
Y hasta echo de menos ver a Germán y que me pegue duro porque no hay nadie como él para decirme lo desastre que soy (aunque algunos piensen que nunca me dice que me equivoco... es que me tengo que reír solo de pensarlo). 

Buenas noches, supongo, porque no sé cómo acabar esto, pero me duele tanto el ojo que necesito parar y dormir para siempre.

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