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domingo, 12 de abril de 2026

Bajo mantenimiento

Pienso demasiado en él. Recuerdo demasiadas cosas. El enfado se mezcla con la añoranza y vuelvo a pensar en todas las cosas que podría haber hecho diferente para que fuese mejor.

Entonces pienso en las que podría haber hecho él, y siento que no puedo echarme toda la culpa. Yo al menos se lo dije. 

Sigo llorando demasiado, y sigo sin entender por qué, ni sé qué echo de menos exactamente. Cuando hablo con Julia o con amigos y me hacen pensar en qué me aportaba se me ocurren pocas cosas. Recuerdo más cosas de Fran, por ejemplo. Siento que me dejé llevar por la euforia y la ambivalencia. Se lo dije a mis amigos hace poco, he sido consciente de que la ambivalencia me hace adicta.

He leído un libro, muy corto y sencillo, con cuya protagonista me he sentido super identificada. Sentía que hablaba de mi. Contaba como en todas sus relaciones sentía la necesidad de ser la salvadora, de darlo todo para sentirse importante y querida, olvidándose de sí misma. 

Recuerdo cuando al principio de nuestra relación él me dijo que mi miedo era que por primera vez estaba con alguien que no necesitaba ser salvado, pero la verdad es que no era cierto. Sus inseguridades eran algo real que yo quería curar, sus miedos, sus traumas con relaciones anteriores. Le dije que creía que necesitaba ir a terapia pero él no lo veía necesario, sin embargo yo veía como cargaba en mi cosas que sus ex habían hecho, aunque yo nunca hubiese sido igual, o incluso cosas de su crianza, infancia y adolescencia que aún le pesaban.

Le echo de menos, pero no sé qué echo de menos. ¿La ansiedad de si me escribía? ¿De si podía decirle que no estaba bien o sería mejor callar para no agobiarle? ¿Las ganas de acostarme con él junto al miedo de no ser suficiente?

Se esforzó mucho, en adaptarse a mi, en darme lo que le pedía. No puedo negarle eso. Y eso tambien lo echo de menos, porque ahí si creo que es la pareja que mas me ha demostrado ese esfuerzo y ganas de cambio. Pero claro, no fue recíproco, no me dijo en qué debía mejorar yo. Y siento que vuelvo a ser el puente que enseña a una persona a llegar hasta la relación en la que sí hará las cosas bien.

Me dijo que pensaba que era una de esas veces de las de "persona adecuada, momento equivocado" y que quizá en el futuro, en otras circunstancias, podría ser distinto. Pero esta vez no estoy dispuesta a perdonar, no quiero hacerlo. Y creo que me merezco mas, que merezco ganas reales, que merezco presencia real, aquí y ahora, y no en un supuesto futuro. 

Sinceramente, no creo que fuese la distancia. Creo que fue la falta de ganas, ese "bajo mantenimiento", y el hecho de que yo no fui la persona que le despertó las ganas de hacerlo todo. Y eso duele muchísimo porque activa esa herida de "no soy suficiente"

Pero luego pienso en los ex que han querido volver conmigo y que se han arrepentido tanto de haberlo dejado, de las personas que me perdieron y quisieron recuperarme. De las amistades que me rodean. Y recuerdo que sí soy suficiente, pero para la persona adecuada, la que me haga la vida fácil y sencilla y se desviva por mi tanto como yo por ella.

Sé que le superaré, sé que antes de lo que pienso. Sé que he superado a todas mis exparejas y que la única que realmente me cuesta es Dani, pero porque nuestra historia es muy compleja y lleva media vida y un hijo en ella. Esta vez no es el caso, como no lo fue con Fran. El contacto cero, el amor que me rodea y mi propia fuerza harán que en unos meses esto sea solo un recuerdo. Igual que recuero ahora esos meses de dolor infinito por Fran, pero que desapareció por completo.

¿Qué echo de menos?

La rutina, las palabras bonitas, las promesas de futuro y el sentirme especial, a veces el sexo. Pero todo eso esta vacío, porque los hechos nunca lo acompañaron, y nunca volveré a conformarme con una relación de "bajo mantenimiento". Y por suerte, sexo puedo encontrar en muchos sitios, conexión también. Y lo demás no lo necesito para seguir adelante.

Ya he pasado por la soltería, y, sinceramente, sé que es lo mejor para mi. Esta vez haré lo posible por no volver a dejarme llevar, ni, repito, conformarme con menos de lo que merezco.

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