Son las 4 y media de la mañana. Es otra noche de caos. De los pensamientos que se acumulan en una tormenta que no sé gestionar. Todos los días intento levantarme de la cama, intentar buscar alguna motivación, algo que hacer. Pero cuando ese entretenimiento termina el mundo me cae encima.
Odio los pensamientos que me atacan. Odio el miedo y esta tristeza infinita. Odio estas ganas de desaparecer. Odio sentir que haga lo que haga no mejoro, y a la vez sentir que no estoy haciendo nada por mejorar.
Estoy tan cansada. Tanto.
Tan enfadada.
Lloro tanto y tan a menudo. Tengo tantísimas ganas de gritar, de quemarlo todo.
No puedo echar la vista hacia otro ladoTengo que llenar la barra al 100%
Cada día un chance más para intentarlo
Y cada día veo que no he llegado al 100
Y en vez de 100
Igual son 10
Y me he dejao la piel por 4 chavos
Pero ese 10
Más otros 10
Suman 20 y más 20 de par en par
Que del 60 a 80 son 20 más, hasta 100
"Tienes que aceptar que la vida no es justa, que a veces el karma no existe" Tengo que aceptar que es probable que nunca pague de ninguna manera lo que hizo.
Al menos ya no me habla, por suerte. Al menos ya tiene a alguien y, aunque una parte de mi siga odiando que sea feliz, a la otra le alivia que ya no tenga razones para mirarme con la cara de cordero degollado, que ya estamos en igualdad de condiciones en lo que a relaciones se refiere, ya no puede reclamarme silenciosamente que está solo.
No estoy consiguiendo el 100%, seguramente ni siquiera estoy consiguiendo el 10%. Pero sigo viva. Sigo viva. Algo tan aparentemente simple como seguir viva.
No consigo pensar en positivo ahora mismo. Lo intento, pero no me sale. Estoy agotada.
Voy a tumbarme, y mi gata se subirá encima mía. Y mañana veo a Danil, Maikel y quizá a Joshua. Voy a ir a buscar a Gala para abrazarla fuerte.
Lo estoy intentando.
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