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jueves, 2 de abril de 2026

No me ves porque no estoy

Hoy he tenido dos sesiones de terapia. Una por la mañana, con la experta en violencia sexual, y por la tarde una de urgencia con mi terapeuta de siempre.

Ambas me han dicho lo mismo en una cosa, que tengo derecho a estar enfadada, que ese sentimiento me grita cosas, y que es necesario sacarlo fuera, que cuando intento tragarlo se vuelve contra mi, y es cuando llegan las ideas en las que quiero hacerme daño.

He dudado de mi mismo estos días, y esa rabia, ese enfado, ese desbordamiento... es muy complicado.
No me apetece hacer absolutamente nada. Ni salir, ni moverme de la cama, ni jugar, hacer puzles, máster... no me sale nada. 
Respirar me agota.
Y la rabia me corroe.

Me han dicho "tiempo", y Maria me ha recordado que en la sesión de la semana pasada ya estaba mejor, y que el problema ha sido más la vuelta y la sensación de empezar de nuevo que la pérdida. Que puedo estar orgullosa porque esta vez me he priorizado. Que él dio el primer paso, el empujón. Pero que me di cuenta a tiempo de lo que no merecía, y no me dejé llevar por un camino que no es el mio.

Es algo que nunca había conseguido con ninguna de mis relaciones, avanzar sin caer al menos dos veces. Ni siquiera mis amigos me creían al contárselo, tuve que enseñar la conversación y que viesen que, por una vez, dije que no. Y eso está bien.

Pero me sigue corroyendo la rabia. Mis terapeutas me han dicho que la suelte, que diga todo lo malo que pienso de él, que lo grite, que me desahogue, que recuerde todas y cada una de las veces que me hizo daño o que supe que no estaba donde debía estar. Que recuerde esos valores que tantísimo chocan con los míos.

Me han hablado de límites, de mi próxima relación y de cómo ponerme primero. Y tengo claro que, esta vez, de verdad va a ser un nunca mas, lo sé. Quizá eso signifique estar soltera el resto de mi vida, pero quizá también haya suerte y en un futuro encuentre a un Germán, a un Joshua... o a una yo misma. Porque no merezco menos de lo que doy, de lo que ofrezco y entrego.
Y a mi no me cuesta, no me es difícil.

Le he hablado mucho a mis amigos estos días de mis propios fallos, de mi mal genio o las cosas que he dicho y no debía, y todos me han dicho lo mismo, que aunque me haya equivocado, fue una respuesta al llegar al limite, que la ultima vez que ellos me vieron explotar fue siendo adolescente, y que todas las veces que he explotado a ese nivel con mis parejas ha sido a raíz de enfadarme por errores que se repetían una y otra vez en el tiempo.

No quiere decir que este bien, pero me ha hecho ver que es cierto, que tengo muchísima paciencia, y que si jamás he llegado a gritar o a hablar mal a mis amigos, a las personas con las que convivo... estoy segura de que habrá alguien ahi quien, siendo mi pareja, tambien me dará la paz necesaria para no llegar a esos límites. 

Pero voy a darme mucho, mucho, mucho tiempo, muchísimo. Voy a centrarme en mi, en mis objetivos, en mis metas. Ojalá ser capaz de mantenerme fuerte, ojalá poder lanzar la rabia.

Aunque ahora me queden semanas de ser un guiñapo en mi cama, sabiendo que él está de fiesta y en paz en mi ciudad, a dos pasos de mi. Aunque ahora me quede enfrentar el miedo a la operación, la soledad de la rutina perdida. 

Que complicado gestionar la rabia. Pero que alivio poder decir abiertamente que alguien no se ha portado bien conmigo, sin esa necesidad de defender y justificar.

lunes, 30 de marzo de 2026

Rabia, miedo, decepción

Otro puto día sin parar de llorar. Sin parar.

El domingo, el puto domingo. No para de dar vueltas en mi cabeza, no paro de pensar en que anoche me decia que queria estar conmigo y que hoy me dice que el domingo. Y me pone de excusa que tiene planes con su familia, como si fuese una gilipollas, como si no le conociese a él y a sus rutinas, como si no fuera obvio que le doy exactamente igual. 

Me habla de lo mal que lo he hecho yo, de que le hice sentir menos. Me corroe la rabia, y me dan ganas de publicar absolutamente todas nuestras conversaciones y que se vea quien es el puto inmaduro que no sabe que en una relación las cosas se hablan, que se calló todo lo que le dolía hasta que explotó, y que ahora se empeña en resaltar que ninguno de los dos ha sido el malo.
Es lo unico que le importa, lo único. Su puta imagen, el quedar bien, el decir "he pedido perdon, se que me he equivocado" ya se ha quedado tranquilo, con su libro cerrado porque le he dicho que todo bien. Es lo unico que le importaba. No yo, no nosotros. Él. 

Y uso esta vía de escape porque al menos necesito soltar de alguna manera, porque estoy harta de protegerles, porque estoy harta de callarme siempre. Porque hice lo mismo con Dani, con Fran. Porque se que soy una inmadura al publicar cosas y no lavar los trapos sucios en casa, pero es que no puedo, no me es suficiente, no me sirve con hablar conmigo misma o la gente que me rodea, porque lo que necesito es volver atrás y no haberle conocido nunca, haberme querido y no haber ido detrás de él como la soplapollas que soy. Porque se ha quejado toda la relacion de como sus ex no le han valorado y como le han hecho sentir menos, pero ¿sabéis que? Que a saber qué hizo él, porque yo sé que le he valorado, sé que siempre le he dicho todo lo que se esforzaba, todo lo bueno que hacía, pero tambien se equivocaba, y cuando me lleva al limite un enfado porque se ha repetido demasiadas veces, la mala soy yo, que le hablo mal y le digo cosas hirientes. Pero no me lo dice, no se plantea el hablar como personas adultas. Decide dejarme. Yo le di mil oportunidades de mejorar y él no me ha dado ni una. Porque no valgo nada para él, porque soy un cero a la izquierda, porque soy nada.

Pero él se ha quedado en paz. Él se queda con que nadie ha sido malo y solo era incompatibilidad.

Una mierda. Una auténtica mierda. No se hace lo que él ha hecho a alguien a quien quieres. No se hace, joder. Quería a una persona que le quisiese, y al tenerla no ha sabido qué hacer con ella,  y ojalá no haber sido yo. Ojalá haber sido mas inteligente y haberme querido mas.

No tiene ni puta idea de querer, y se cree que si, se cree que tiene mucha inteligencia emocional y empatia. El mismo que me vuelve loca y es incongruente con sus palabras y sus actos.
Otra vez como el sábado pasado, otra vez pensando en las cosas que me dice en un momento y las que hace horas después. Otra vez. Otra puta vez.

Me estoy acostumbrando a esto de odiar, y creo que me viene bien, creo que me viene genial odiarle a él, a Dani. Y pienso que son incluso peores que Fran, porque al menos a Fran se le veía venir, Fran era lo que es, y no pretendió nunca quedar como el bueno, como el que pide perdón y hace las cosas "sin querer".

Somos adultos. Antes de actuar se piensa. Conoces a la otra persona, sabes lo que le hace daño. Y son unos críos que no han sabido valorar lo que tenían, que se justifican a si mismos y que me echan la culpa a mi.

Joder. No soy perfecta, soy un desastre, tengo un genio horrible, soy una inmadura en muchísimos aspectos. No sé gestionar mil cosas. Pero por dios que me parto los cuernos para mejorar y, sobre todo, para no hacer daño a los que me rodean.

Y estoy harta. Estoy harta de que me lo hagan a mi. A mi, que soy una Parrilla, hija de mi padre, que podría destrozarles la autoestima y la energía en solo dos frases, que podría hacer daño de verdad. 

Pero no lo hago, no lo soy, y quizá ese es mi problema. Que soy una auténtica gilipollas.

Ojalá se pudran. Ojalá algún día sean conscientes de verdad de lo que me han hecho. Y no, no estoy igualando lo que me ha hecho él esta semana con lo que me hizo Dani, pero la decepción que siento sí es igual, porque nunca imaginé de ninguno de ellos que me tratarían como lo han hecho.

No me merezco esto. 

Y me da pánico la operación del martes y aquí estoy, una vez mas, gestionandolo todo a la vez, intentando sobrevivir.

Y si no lo consigo y al final un dia me quito la vida porque ya no pueda mas, mi hermana entrará en cólera porque pensará que ellos han ganado, que he dejado que me ganen. Y tendrá razón. Pero es que no puedo mas, y no es justo, y esta rabia y dolor no son gestionables. 

Estoy tan rota, pero tan rota, tan destrozada y tan... que esta vez creo que sí han conseguido que me cierre por completo y nunca vuelva a confiar en una relación. 

Mejor sola que mal acompañada, mejor sola que permitiendo que sigan pisoteandome. 

Soltar

Siento que vuelvo a arrastrarme. Que estoy rogando algo que no me merezco. Que no me quieren bien.

Releo conversaciones y pienso ¿por qué lo sigo intentando? ¿Por qué me estoy arrastrando de esta manera?

Pienso en Jose. Hace veinte años y yo hice lo mismo, le rogué, le pedí, fui detrás suya, estuve siempre que quiso. Y fue una agonía que duró años. Solo tenía 16. ¿Por qué sigo siendo prácticamente la misma teniendo 34?

Me ha dolido tanto ver dónde estoy en sus prioridades, me siento, de nuevo, tan estafada. ¿Por qué sigo aqui?

Porque no me quiero. 
No debería ser un esfuerzo verme, querer estar conmigo. Sé lo que ofrezco, sé la capacidad que tengo para mejorar y arreglar fallos. Sé lo que soy.

Y él está mas preocupado en quedar bien que en estar conmigo. Le preocupa mas ser uno de los "ex malos" que hacerme feliz. No soporta la idea de que alguien piense mal de él, pero si soporta la idea de perderme o de hacerme daño. Le ha dado igual hacerme daño. No es lo que dice, pero es lo que ha demostrado.
¿Cómo podía dejarlo hasta el domingo, cuando llega el jueves? ¿Cómo he permitido que me haya esto tantas veces?

No me quiere. Y esa es una realidad. O, al menos, no me quiere de la manera en que lo merezco.

Porque vuelvo a no merecerme que me pida perdón, que me diga que quiere volver y arreglar las cosas... y luego dejar esa conversación para el último lugar. Para el hueco libre. 

Porque no valgo lo suficiente para él. 
Y tengo que aceptarlo, ser consciente de ello... y soltar. 

Porque no me lo merezco. Porque hay personas que, sin ser siquiera pareja, me demuestran continuamente lo que es el amor. Y no es esto. 
No es rogar que me priorice.

Le he idealizado demasiado tiempo. He intentado demasiado y me he volcado demasiado. 
Es hora de parar.

Por una vez, tengo que elegirme yo. Y tengo todas las veces que él no me ha elegido para mantenerme firme, para no ceder. 

Y sé que cuando se lo diga lo aceptará sin problema, sé que su respuesta será un "lo entiendo", y que seguirá su vida. Que solo quiere cerrarlo bien para no sentirse culpable.

Pero también sé que superaré esto incluso antes de lo que creo, porque tengo mil razones para ser consciente de que no era ahí, de que merezco mas. 

Ojalá esta sea la última vez que ruego a alguien que me elija, que me quiera, que me cuide.

Tengo que hacerlo yo misma.

sábado, 28 de marzo de 2026

Nunca mas

No he vuelto a leer nuestra conversación de WhatsApp. He releído mil veces lo último, ese "si", ese "gracias". He recordado cien veces la llamada de teléfono. Ese "espero que seas feliz".

No entiendo tanta frialdad, no entiendo como se pasa de todas las cosas increíbles que me dijo ese mismo día a convertirse en hielo. Y entonces dudo de absolutamente todo y me siento pequeña, idiota, estúpida. 
Siento que fui imbecil por hablar con él e intentar mejorar las cosas cuando pensé en dejarlo, pienso que fui una auténtica capulla al haberme dejado convencer la primera vez en la que, sin ser novios siquiera, quise terminarlo. ¿Por qué? ¿Por qué lo permití? ¿Para acabar así? ¿Con una conversación de media hora, con un si y un gracias y un que te vaya bien?
No me lo merecía. No me lo merecía. 

No me merezco estar todo el día otra vez llorando, ni la noche que pasé en vela. Ni las pesadillas. Ni todas las veces que intenté que entendiese como funciona una puta relación de verdad.

No me merecía ese final. Y tienen razón los putos anónimos y no me merezco que ni siquiera se haya preocupado por mi o por cómo estoy, por mi vista, por mi salud, por mi cabeza.
Es obvio que piensa primero en él, y dios mio, que envidia le tengo. Que puta envidia le tengo.

Hasta Dani me ha seguido demostrando preocupación por mi, aunque sepa que no funciona así.

Ahora tengo que vivir con miedo de cruzarmelo, dejar de ir a los sitios en los que creo que puede estar, vivir con miedo los días que sé que estará aquí y cambiar todos mis planes. No es justo.
Él no vivirá con ese miedo. Él sabe perfectamente que yo desaparezco.

Soy tan sumamente gilipollas que sigo deseando que me quiera, que me escriba, que me busque, que lo intentemos. Y me siento una cría y una imbecil, y me odio. Y siento que he perdido, una vez mas, otro puto año de mi vida.

No me merecía esto. Merecíamos dejarlo bien, de mutuo acuerdo, estando ambos preparados. No así, no con ese hielo, no de esta manera.

Sigo intentando recordar lo malo y todas las razones que yo misma tenía para dejarle, la de veces que lo pensé y cuantas vueltas le di. Pero de pronto lo he olvidado. De pronto no están. ¿Por qué no fue sincero conmigo? ¿Por qué tanto repetirme que no tenía dudas, que era feliz, que le merecía la pena? ¿Por qué me hizo eso? ¿Por qué me dejó confiarme y pensar que las dudas solo las tenía yo, que los problemas solo eran míos? ¿Por qué no me dejó mejorar a mi? ¿Por qué no me dio siquiera una oportunidad siendo sincero con él y conmigo?

Estoy tan tan enfadada con él.. no voy a perdonarle, no quiero perdonarle. No quiero volver a ser la idiota que olvida y perdona. No se lo merece. No me lo merecía. 

Y aún así le sigo defendiendo, y digo lo buena persona que es, y lo mucho que me queria, y que lo estará pasando fatal y que encima él está allí solo.
Pero no, ni siquiera se merece que piense bien de él. Porque me ha abandonado de la manera mas fría posible, sabiendo cómo soy, como es mi cabeza, todo lo que me rodea. Y lo ha hecho porque ha pensado primero en él. 

Ojalá convertirme en alguien así, ojalá dejar la empatia y la consideración hacia los demas.

Soy la gilipollas que le dije que nunca le dejaría de un dia para otro, que hablaría las cosas, que buscaría soluciones. Y se ha reído en mi cara, se ha reído en mi cara y ahora yo tengo que seguir adelante con esta sensación de ser la persona mas absolutamente idiota que hay sobre la faz de la tierra.
Otra vez. Otra puta vez.

Como con Fran, como con Dani. Como nunca pensé que sería con él. 

Me siento estafada, dolida y rota. Pero por dios que voy a salir de esta, por dios que le voy a olvidar y que se va a convertir en alguien totalmente indiferente para mi, porque me da igual lo mucho que me haya querido, lo mucho que se ha esforzado. Se lo valoré durante la relación, siempre lo hice, siempre quise que supiera lo mucho que valoraba sus esfuerzos, su forma de quererme. ¿Y qué me ha demostrado él? Que nada de lo que hemos hecho en un año ha valido la pena, porque soy alguien de usar y tirar y a quien puedes decirle un día que es el amor de tu vida y quieres pasar toda tu vida con ella, y al siguiente dejarla como si fuese basura.

Me pasa por confiar en que alguien de veintitantos y sin ninguna relación de verdad a sus espaldas podia tener la madurez suficiente como para al menos terminar las cosas bien. Me pasa por no escuchar todas mis propias alarmas. Me pasa por imbécil.

De verdad que lo intenté, con todas mis fuerzas y mis ganas. Y no me merezco esto. No me lo merezco. Soy buena persona, se que lo soy, y también soy una inmadura que no sabe gestionar un millón de cosas, pero por desgracia acabo pensando demasiado en los demas, y demasiado poco en mi.

Nunca más. Juro que nunca mas.

domingo, 22 de marzo de 2026

Quiero abrir las alas

Tenía fecha de caducidad. Creo que ambos lo sabíamos. Mis amigos me lo dicen, que él solo ha dado el paso que yo no me atrevía a dar.

Pero es que yo no estaba preparada para darlo. No quería. Me podían las cosas buenas todavía. Pensaba que a él también. Me lo dijo tantas veces que me lo creí. 

No puedo con esto ahora, con esta pérdida, con este dolor profundo en el pecho. En dos días llevo gastados un rollo de papel higiénico entero y cinco paquetes de pañuelitos de cuando he estado fuera de casa. Hacia mucho que no lloraba tantísimo. No dejo de llorar. Estoy tranquila un rato y al momento lloro sin parar, siento que me ahogo y el corazón se me para. Me duele la nariz. Me duele el alma.

Me repiten que no le idealice, que no me hacía feliz, que no estaba feliz. Que somos demasiado incompatibles. Que necesito a alguien que quiera de la misma forma que yo, que se entregue, que quiera verme continuamente, que sea romántico y los mensajes bonitos le salgan solos. Que tenga detalles. Para quien ser prioridad de manera sana. Con quien comparta valores e ideales. Alguien que ame a mi hijo. Con mi mismo tipo de madurez o forma de ver la vida. Me recuerdan que todo el tiempo que he estado con él, o con otras relaciones incompatibles antes de él, es tiempo que no me he permitido para conocer a quien de verdad encaje conmigo.

Sinceramente ahora mismo no quiero encajar con nadie. Quiero volver a ser la Irene que fui en 2016, en 2017.. esos años de soltería antes de volver a caer donde nunca debí. 

Pero no sé cómo hacerlo y cómo empezar. Esta ruptura ha sido en demasiado mal momento. No me siento capaz de aguantar mas cosas. Ha sido demasiado inesperado y de golpe. No consigo procesarlo. 

Necesito que deje de salir el primero al compartir en WhatsApp, que deje de estar en "favoritos". Necesito dejar de recordar que ya no mas, que ya nunca.

Joshua me ha dado mil ejemplos de situaciones que he pasado y superado. Se ha puesto a si mismo y sus experiencias de ejemplo. Mi hermana y Germán me dicen "¿de verdad vas a echar de menos a alguien que piensa que.. *inserte valores básicos totalmente opuestos a los míos*?"
Y Danil me dijo ayer que simplemente por el hecho de dejarme y permitirse el perderme ya era tonto xD Amo a Danil y esa forma tan natural y sincera de decir las cosas, esa forma tan puramente suya. Como me hace reír. 

Vinieron en manada a por mi. A no dejarme en casa, a sacarme a rastras. Y hoy van a hacer lo mismo. Estoy demasiado bien rodeada. Muchísimo. He dormido abrazada a Joshua, que en cuanto se ha despertado me ha llenado de besos y de todo el cariño que me encanta tener al despertar, lo que me ha hecho recordar como no conseguía nunca tenerlo con él. 

También le he estado diciendo a Joshua todo lo que si me daba, como se ha esforzado a mas no poder para darme lo que me hacía feliz, como se preocupaba por mi y me cuidaba. Joshua me ha respondido que estaba forzandole a ser alguien que no era.
Me da miedo que con otra si vaya a serlo. Que simplemente yo no he sido capaz de sacar ese lado. Que no le he provocado los sentimientos necesarios.
Me da panico que algún día vea algo suyo y me invada ese sentimiento de "¿por qué conmigo no?"

Me siento pequeñita, muy pequeña. Como si todo lo que doy no sirviese nunca. Me dicen que no, que el problema ha sido la incompatibilidad, no el amor, no yo.

Lo echo tanto de menos que me quema. Me paso el día deseando que me hable, que me busque. Y me aplasta la certeza de que no lo hará. Él es experto en terminar relaciones, y yo soy una mas. En el fondo sabía que lo acabaría siendo. Me imagino sus tweets sobre ello. 

Aún así me alivia mucho que lo haya hecho él, que me haya quitado esa responsabilidad, no estar pensando yo en si será bueno hablarle o no, en si me he equivocado al terminar la relación. Siempre pensé que es más fácil que te dejen que dejar a alguien, y una vez mas vuelvo a confirmarlo. Quizá duela mucho más, pero es mas fácil de llevar. Solo tengo que llorar, aceptar y seguir.

Pero como me duele. Cuantisimo pienso en él. El viernes no dormí en absoluto, y aunque esta noche sí he podido dormir, ha sido soñando con él, pesadillas, obviamente. Supongo que ahora mis pesadillas diarias serán una mezcla entre él y Dani.

Quiero pensar que algún día, en algún momento, miraré atrás, a estos años... y sentiré que he ganado. Como me pasó al terminar bachillerato. 

La paz es muy complicada, pero no estoy sola en el camino


Tengo
El corazón hecho un trapito y no lo siento
Soy una nota en el colchón con sed de viento
Y quiero abrir las alas y no me dan las ganas

Hoy tengo
El corazón envuelto en frío y arrugao
Con la sonrisa malherida en el costao
Hoy quiero abrir las alas y no me dan las ganas

Tengo
Dentro de un puño el corazón a la deriva
En una nota de canción que desafina
Hoy quiero abrir las alas y no me dan las ganas

Tengo el corazón en carne viva
Tengo el alma rota y hecha tiras
Ando desarmándome la vida, vuelta mierda, sin salida
Y solo quiero respirar

Si me vas a embestir con los cinco sentidos
Hoy no tengo el amor para ganas de ruido
No me vengas a herir con el puñal de un día triste
No me claves más penas, no me dejes cicatrices

Si me vas a embestir donde más duro pega
Hoy no tengo el amor pa tormentas de arena
No me dejes malherida porque qué poquita vida
Para tanta eternidad





sábado, 21 de marzo de 2026

Una vez más

Llevo seis horas, seis, llorando sin parar. Gritando, dejándome la voz y toda la energía. Quedándome sin líquido en el cuerpo y sin fuerza alguna. Quiero romperlo todo y estoy tan enfadada y decepcionada y triste que el mundo se siente imposible. Que respirar se siente imposible. 

Mi cabeza es puro caos de recuerdos, conversaciones, planes, de repensar una y otra y otra y otra vez. De machacarme, de odiarlo todo.

No es justo, no es justo terminar así cuando se suponía que lo intentábamos, que lo estábamos consiguiendo. No es justo que yo me enfade por algo y eso acabe en ruptura, no es justo que yo diga cómo me siento y que se entienda como un reclamo, como si estuviera pidiendo algo cuando en realidad solo expresaba lo que siento. 
Quizá debía callarme, pero la vida y las relaciones me enseñaron que eso siempre es peor. Que la comunicación es la única salida, aunque a veces la única respuesta posible en la conversación sea "entiendo que te sientas así y estoy aquí contigo hasta cuando lo necesites".

Lo llaman autocuidado, y quizá sea verdad. Quizá sea cierto lo que me dicen y me ha hecho un favor tomando una decisión que yo no era capaz, sé que he dado demasiado, pero demasiado. Y sé que no me merecía esto. Este parar así. Sin avisos, de la nada. 
Yo me agoté hace tiempo y no me rendi, porque pensaba que merecíamos la pena, que ambos lo estábamos poniendo todo. Era muy feliz hace dos días. Solo dos días. Ayer a esta hora no dejaba de decirme cosas bonitas pese a mi enfado. Y de pronto nada. Fin. Hasta aquí.

De pronto ya no hay fotos juntos, ya no le voy a recoger de la estación, ya no estaremos juntos en feria ni celebraremos nuestro aniversario. Ya no vivirá con Gala, no nos iremos de vacaciones, ya no habrá nada. 

Y ya está. Me quedo asi. Con todo el amor en las manos, pese a lo manido de la frase. Sintiendo que no soy suficiente, que soy un problema y que agoto a la gente que me quiere. Que él lo ha intentado pero yo le he agotado. No puedo dejar de sentir que la culpa ha sido mía.

Qué envidia querer así, con la capacidad de soltar, de dejar atrás.

Que rabia no haber sido la que le dio ganas de seguir. 

Pero que te dejen tiene algo bueno, y es que solo me toca asumir y aceptar. Saber que no me rendí y que hice hasta lo imposible, lo que la mayor parte de la gente no haría. Sé que fui buena novia, sé que valoré todo lo bueno. Sé que fui siempre sincera tanto conmigo como con él. 

Y también sé que, pase lo que pase, no voy a arrastrarme mas. Que ya lo hice una vez, y que desde entonces me ha dicho y hecho tantas cosas bonitas que me hizo creer de verdad que si lo dejábamos alguna vez, seria yo. Me hizo pensar que lo daría todo y que estaba al 100% en la relación. Y yo me confié, y me lo creí. Y ahora siento que fui una idiota. 

No se trata de querer mucho, se trata de querer bien. Y cuando te quieren bien no te dejan en un arrebato, después de decirte que eres la mejor novia del mundo y que es feliz contigo. Eso no se hace. No se cambia de opinión en minutos y te vas tan plácidamente. 

En esta respuesta tienen toda la razón. Me enfoco demasiado en lo que puedo dar. Lo hice desde el principio de la relación, cuando él no quería dar nada y aún así yo me volcaba en él. Cuando puse todo el interes para vernos o hacer cosas juntos. Debí haberme marchado allí.

Pero no me quiero lo suficiente, y es probable que aún me quede mucho para ser capaz de hacerlo. 

Una cosa tengo clara, yo sé que le he valorado. Yo sé que he trabajado por lo que creía que merecía la pena. Yo sé que he querido bien y con todas mis ganas.
Si al final ha preferido rendirse, si él no valora lo que tenía... el que pierde es él. 

domingo, 8 de marzo de 2026

Matar o morir

Matar o morir.

Estoy sentada en el suelo de mi cuarto, con la espalda apoyada en la puerta. Siento mucho peso encima, mucho dolor. Vuelvo a sentir que no soy capaz y que prefiero morirme ahora que seguir intentando avanzar. Sé que es un pensamiento injusto conmigo misma.

Tengo mi habitación patas arriba, el colchón fuera de la cama, porque estaba recogiendo y me he bloqueado. El suelo está frío y estoy congelada. Me duele mucho la cabeza. 

Pienso en mi publicación de esta noche pasada, y en cómo amo siempre tan en voz alta, como lo publico todo, aparte de hacerlo también en la intimidad. Y pienso en cuantas veces han hecho eso conmigo. ¿Cuándo un hombre ha sentido ganas de publicar que hace un año que me conoció, o que pasó algo importante? ¿Cuándo una pareja ha publicado algo por mi cumpleaños o por fechas significativas? ¿Cuándo me han preparado sorpresas o detalles románticos?

Dani lo hizo a veces. Al final, en los últimos años. Joshua lo ha hecho siempre, y también Raúl. Lo han hecho amigas, algunos amigos. Sé que es una idiotez, y que lo que públicas realmente no tiene porqué reflejar la realidad, sé que hay otras mil formas de demostrar el amor. Pero es que soy tan idiota con las fechas... les doy tanta importancia, lo recuerdo tanto todo. Sé que es algo mio que debo gestionar, que no todo el mundo es igual y que eso no es malo. Pero a veces no me sale.

Sigo sintiéndome muy dolida con esas personas que me importan y que han seguido teniendo relación con Dani. Intento entender, pero duele. Tengo muchos recuerdos de muchos 8M.

El año pasado fue el primer día que conseguí salir con ganas y energía, a un plan que organicé yo, con personas que me querían y sabían lo mal que lo había pasado los meses anteriores. Fue el primer día que empecé a ver luz tras la tormenta.

También el comienzo de lo que llevó al desenlace con Dani.

Pienso en mi hijo, y en el miedo que me da cómo será su forma de pensar, de actuar. Hasta dónde podré educarle y hasta dónde influirá lo que tenga alrededor, el contenido que consuma, las personas de las que se rodee.

Hoy no quiero salir. Necesito quedarme en casa, en mi habitación, a salvo del exterior. Pero no sé cómo salvarme de mi misma.

Ayer me dijeron que no fuese trabajadora social con mis relaciones, que no siguiese intentando educar a los adultos que me rodean. Que las relaciones (de cualquier tipo) son fáciles.

Aún recuerdo cuando Germán me dijo que tener una relación conmigo era fácil, el bálsamo que fue eso en todo mi cuerpo, lo agradecida que me sentí. Lo mucho que pienso en ello. 

Estoy profundamente triste.

Decido avanzar

Es 8 de marzo, y hace justo un año que conocí a Maikel. 

Estaba dándole vueltas a publicar algo sobre ello en instagram, y entonces he pensado en todas las publicaciones que he subido a lo largo de los años con mis parejas, y en cómo se han ido acumulando en esa cuenta. Yo nunca he archivado fotos al acabar una relación, porque siempre he sentido que hacer eso seria como borrar parte de mi historia, y quería respetar a la Irene que decidió hacer esas publicaciones porque era lo que le salía de dentro.

Pero luego he pensado en Fran y Dani, en cómo me destrozaron cada uno a su manera, y me he dicho que ellos no se merecían seguir ahí, que no era borrar mi historia, si no darles a ellos el lugar que se han ganado. Ninguno.

Al empezar a archivar, he visto la última publicación que subí sobre Dani. Fue el 14 de febrero del año pasado, sin ser novios, sin ningún tipo de compromiso entre nosotros... y fue esta:



Hacía meses que no lloraba por Dani. He llorado "a causa" de él, he llorado de rabia, de frustración... pero hacia mucho que no lloraba de pena al pensar en él. Me ha invadido una tristeza enorme. Tristeza por mi, sintiéndome idiota e ingenua. Y tristeza por él, porque si yo hubiera tenido a alguien que me amase de la manera en que yo le amaba a él... jamás habría sido capaz de hacerle el tipo de daño que él me hizo.

Me leo y recuerdo a esa Irene, a la que le amaba con todo su ser y todas sus ganas. A la que no sabia como manejar su vida y su relación porque la lógica le decía cosas que el corazón no aceptaba. Me recuerdo a mi misma y... de verdad, no podríais imaginar hasta qué punto amaba a ese hombre. Creo sinceramente que ni él mismo es consciente. 

¿Cómo vas a destrozar algo así? 

¿Cómo puede seguir defendiendo que no fue consciente?

¿Cómo puede vivir consigo mismo?

He seguido archivando publicaciones, y he llegado muy atrás, al comienzo de cuando decidimos volver, y he encontrado estas palabras:



Me lo creí. Me creí de verdad que luchaba por mejorar y hacer las cosas bien. Quizá fue verdad un tiempo, o a veces. O no sé. Siento que ya no lo sé.

Media vida al lado de un desconocido. Al lado de quien creí el amor de mi vida, hasta el punto de permitir que fuese parte de ella para siempre, porque decidí tener un hijo suyo.

Hacía mucho que no recordaba lo que sentí por Dani. Pero ha sido tan tan tan fuerte durante tantos años, que aún me sorprende que haya existido algo capaz de borrar esos sentimientos. 

Me sigue importando, no puedo evitarlo. Quizá me importe el resto de mi vida, y me siga preocupando por él o asustandome si sé que le ocurre algo. Pero ese amor, ese sentimiento gigante que tenía hace solo un año... está totalmente borrado por una decepción y dolor tan grandes como lo fue el amor.

Y creo que es muy triste.

Creo que no saber valorar y cuidar lo bueno que tienes es de los peores errores que alguien puede cometer. 

Él lo hizo demasiadas veces, pero esa última... eso es algo que nunca podré perdonar, que no podré olvidar.

Él miércoles tuve sesión con la psicóloga que me trata en AMUVI, y le estuve explicando como a veces aún pienso que habría sido mejor hacer como si no hubiera pasado nada y seguir con él, con tal de no sentir toda la rabia y dolor que llevo dentro y que no estoy siendo capaz de gestionar. Y ella me dijo que si, que podría haberlo hecho, que muchas mujeres lo hacen, pero que el cuerpo no olvida, y que no habría podido ser feliz. Que él era mi zona de confort, y que haber seguido con él habría significado elegir desde una "comodidad" superficial, pero no desde la felicidad. Intento repetirme mucho esa realidad. 


He archivado todas sus fotos en instagram. Y me ha dolido muchísimo hacerlo. Son mas de las cinco de la mañana y estoy llorando a mares por alguien que en realidad no existe. No tengo rabia en este momento. Pero qué idiota hay que ser para perder lo que él perdió.

domingo, 1 de marzo de 2026

Hoy empiezo por mi

Te he visto quedarte quieta cuando todo se cae
Guardando la calma para que nadie se asuste
Te tragas el miedo, sonríes de frente
Dices "estoy bien" aunque no lo sientas


Fue el 17 de marzo. Me centré en protegerle, en decirme a mi misma que había sido mi culpa, que él jamás me haría algo así. Que es buena persona.
Le protegí con mi silencio, y luego le protegí con mis palabras.

Pero él no lo hizo. Él no solo no me protegió, si no que usó un supuesto arrepentimiento para victimizarse. No respetó mis necesidades o peticiones. Durante meses se convirtió en la víctima.
Me convirtió a mi en el verdugo porque quise sacarlo de mi vida, porque puse límites.
Y yo seguí callando.

Pero no hay máscara que tape el cansancio
Ni sonrisa que esconda lo que duele el silencio
A veces el cuerpo habla por lo que callas
Y se cansa de sostener lo que ya no pesa igual


El mundo se me vino encima cuando ya no pude mas. Una baja laboral, la incapacidad de seguir adelante. Una oscuridad interna absoluta que me engullía. Terapias y medicamentos que no daban resultado. Seguir adelante aunque no tuviese fuerzas. 
Pensar en mi hijo, en mis amigos. Incluso en él.

Te enseñaron a cuidar antes de cuidarte
A ceder, esperar, entenderlo todo
Pero nadie te dijo que también se vale decir "No puedo"
Y cerrar la puerta un rato

Diecisiete años de cuidarle, acompañarle, apoyarle, ayudarle a crecer y avanzar. Diecisiete años de señales que me decían una y otra vez que me marchase. Diecisiete años de amarle y de creer, pese a todo lo que había en contra, que era el hombre de mi vida. Que estábamos hechos para estar juntos.
Me lo robó todo en menos de una hora.
Volví a sufrir su egoísmo. Una vez más.

El amor no se mide en cuánto aguantas 
Si no en cuánto te eliges cuando todos se van
No hace falta tocar fondo para renacer
A veces basta con querer volver a ti

He aguantado demasiado, demasiadas veces. No solo con él, si no con muchas personas. Yo nunca, o casi nunca, he sido mi primera opción. Y eso me ha hecho perder oportunidades. 
Sin embargo hubo veces que sí me cuidé. Cuando decidí superar miedos, plantarme y continuar estudiando. Cuando busqué toda la ayuda necesaria para aprender a ser buena madre. Cuando abandoné un master que me hacía daño. Cuando cerré relaciones.
Cuando decidí no perdonar lo que él me había hecho. No otra vez. Cuando aprendí que no podía seguir perdonándoselo todo siempre.

No le debes explicaciones al pasado
Ni permiso a nadie para estar en paz

Me he ganado cada una de las cosas que tengo. No me han regalado nada. No ha sido fácil. He pasado noches en vela de estudio, horas de más trabajando, he luchado con demonios internos, con los externos. Contra todas las piedras del camino. Las sociales, las de salud, las laborales, las familiares.

Me tocó enfrentarme a las oposiciones de mi vida en mitad de la tormenta. Con la vida aplastándome, con la rabia incontrolada, con las continuas ganas de morir. Sin capacidad de concentración, sin fuerzas para salir de la cama, sin ganas de respirar.
Y aún así aprobé dos exámenes. En muy poco tiempo, dando solo un 10% de lo que podría haber dado estando en buenas condiciones. Lo intenté, lo luché.

Su final de año fue maravilloso, el mío horrible. El profundo sentimiento de injusticia de que todo le vaya bien a la persona que te destrozó la vida, que no tenga consecuencias después de hacer algo como lo que él me hizo.
El último examen era después de esas navidades infernales, de ese primer mes del año oscuro y frío.
Lo he suspendido. 
Y ya no puedo optar a la plaza por la que llevo soñando desde aquel 15 de septiembre de 2021, cuando pisé mi despacho como trabajadora social por primera vez. 
Si estando tan mal conseguí llegar a la última fase... ¿qué no habría conseguido estando bien, o al menos mas estable?

Hoy empieza por ti, no por el mundo, no por nadie más
Ya diste demasiado sin medir, ahora te toca respirar
No es egoísmo, es sobrevivir, aprender a ser tu prioridad
Hoy empieza por ti, porque si tú no estás, no hay hogar

Hoy empieza por ti, aunque tiemble el suelo al caminar
Porque elegirse también es amar
Y sanarnos siempre se ve igual
Ya diste todo, ahora sí te toca florecer aquí

Se me olvida demasiado a menudo la fuerza que tengo, la resiliencia, la capacidad de seguir. Tengo a personas a mi alrededor que me lo recuerdan constantemente. Personas que incluso me admiran, aunque yo no termine de entender por qué.

No sé qué objetivos marcar ahora. No sé muy bien cómo seguir o hacia qué dirección. Pero me he prometido que voy a pensar en mi, que no puedo seguir pensando siempre en los demás.
Que quizá el karma no exista, pero que al menos sé con certeza que soy la única de los dos que puede dormir con la conciencia limpia, limpia de verdad, no con una versión distorsionada de los hechos que he creado para poder soportarme a mi misma, tal y como ha hecho él.

Estaba mejor, y ese suspenso me ha recordado todo lo que he perdido desde aquel 17 de marzo. Todo lo que ha pasado, todo lo que ya no tengo ni tendré.
Pero ayer conseguí salir de la cama. He conseguido ganar al insomnio, 
Y aunque ahora esté llorando a mares mientras él vive un fin de semana tranquilo y feliz, aunque estos tres días hayan sido una oscuridad absoluta... mañana pensaré solo en mi. Solo en lo que merezco, en lo que me he ganado. 

No sé qué camino voy a seguir, pero sé que será solo mío. 

Hoy empieza por ti
Y esta vez no mires atrás



Descubrí esta canción gracias a Instagram, y sentí que me hablaba a mi. Sé que hay muchas personas con los mismos sentimientos que yo, que han pasado cosas horribles, que piensan más en los demás que en sí mismas. Sé que hay personas muy fuertes con muy poco reconocimiento. 
Ojalá aprendamos a empezar por nosotras.

jueves, 12 de febrero de 2026

Porque yo puedo, y siempre podré

He pensado en el 14 de febrero, y me he acordado de mi Mimi... y de Dylan.
He recordado que la primera vez que le vi después de terminar definitivamente fue ese 14 de febrero, el día de su cumple. Pienso mucho en él, en cómo estará, en si habrá mejorado o empeorado la artrosis, en si lo sabré el día que ya no esté, en lo mucho que le echo de menos y lo mucho que me encantaba abrazarme a él en la cama y dejarle subir al sofá. En si se acordará de mi o si me reconocerá si alguna vez volvemos a vernos.

Todos esos recuerdos me han llevado a pensar en la relación que me hizo conocerle y ser parte de su vida, y he vuelto a ser consciente de que estoy "recuperada" de aquello, de la adicción, de echarle de menos o pensar en el, de la necesidad de saber de su vida. No recuerdo la última vez que le busqué o leí en redes, o cuándo miré su chat. 
Me ha dejado muchas heridas, muchísimas, que aún no estan curadas del todo y a las que sé que aún les queda tiempo. Pero a él ya no, él ya está olvidado por completo, no pienso en él con nostalgia ni muchisimo menos con amor o cariño. Veo de forma mas realista lo que viví y lo que fue la relación. 

Esta semana he aprendido que mi hermana y Germán tienen razón, que necesito priorizarme, pensar en mi de verdad y dejar de pensar en otras personas a la hora de tomar decisiones.

Tuve un ataque de ansiedad el martes comprando porque no sabía qué podría querer Maikel, y me despertó miedos casi olvidados que me cerraron la garganta y aplastaron mi capacidad, sentí ese miedo olvidado al castigo si no elegía bien, aunque racionalmente supiera que Maikel no es así y que eso no pasaría. 
Estoy dándole vueltas a aquello, y me he dado cuenta de que, aunque todo lo que iba a comprar era para los dos, no pensé ni una sola vez en lo que yo quería, solo en lo que querría él, en lo que le gustaría a él. Incluso con el par de cosas que miré solo para mi, pensé en si él me juzgaría o diría algo, ya que no eran sanas. 
No me merezco hacerme eso a mi misma. No me merezco seguir dándoselo todo a los demás y quedarme yo fuera.

Mi madre me ha repetido tantas veces a lo largo de mi vida que soy super egoísta que he pasado esa misma vida intentando demostrar que no lo soy, obligándome a no serlo. Y ahora solo pienso en ser egoísta cuando calculo el poder quitarme la vida, lo veo como ese acto de egoísmo supremo que compensará todas las veces que no lo fui y que le podrá dar la razón a mi madre. 
No pienso en usar ese egoísmo para mi bien o para protegerme, si no para hacerme daño.

Eso tampoco es justo para mi misma.

No es justo para la niña que seguía yendo todos los días al colegio porque tenía la esperanza de que el futuro sería mejor, no se lo merece la adolescente que pensó tantas veces en huir o morir, pero que se quedó porque también confiaba en el futuro. Y no es justo para la joven madre que a los 20 años dijo que le daría a su hijo todo el amor, comprensión y apoyo que ella no tuvo.
No se lo merece la mujer que buscó ayuda, que consiguió estudiar y superar miedos, que mejoró la vida de otras personas e intentó por todos los medios ser fuerte contra todo lo que el universo le echó encima.

Tengo que abrazarme, cuidarme, priorizarme. Y no sé si podré conseguirlo o si mañana volveré a ser el trapito que solo se quiere morir, que no ve salida y está agotada.

Estoy agotada. Pero incluso agotada siempre he estado para mi hijo, para mi pareja, para mi hermana, para mis amistades... y tengo que creerme que también me merezco estar para mi, aunque no queden fuerzas.

Aunque pierda a personas por el camino.

Nunca he llegado a rendirme del todo, y eso también agota. Pero miro a la niña, a la adolescente, a la madre, a la mujer... y soy consciente de todo lo que tengo ahora que ellas no tuvieron. Un trabajo estable, independencia económica (aunque no sea toda la que necesito o me gustaría), formación, una red de apoyo estable, fuerte y que no la abandona. Un futuro tangible, y no solo la esperanza de que más adelante todo irá mejor, si no la certeza de que efectivamente será así. 

Libertad.

También tengo libertad. Libertad de ya no estar atada a nadie solo porque le quiero, de no idealizar a quien me rodea, de ver la realidad en cada persona.
Soy libre porque ya no dependo de nadie para estar estable. 

Aún me queda mucho camino, me quedan muchos miedos que superar, muchas cosas de las que ser capaz, muchos logros por conseguir y retos que ganar. 

Pero he abierto los ojos, y a partir de ahora mis días van a empezar con un "¿Qué puedo hacer hoy para estar yo bien? ¿Qué necesito?"

¿Qué necesito?

Quererme más, cuidarme más, priorizarme más. 
Y darle ese mismo trato solo a las personas que me demuestran que son capaces de darme lo mismo que yo doy. 

Porque yo puedo, y siempre podré. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Todo en su lugar

Cojo aire y perspectiva
Y poco a poco, me empiezo a calmar
Miro de lejos todo lo que me preocupa
Y me doy cuenta de lo pequeño que es en realidad


Quizá no sea pequeño. Quizá sea tan enorme que es difícil mirarlo de lejos. Pero sigo aquí. Aún sigo.
No sé muy bien como expresarme o qué decir. Sigo agotada. Sigo sintiendo que, haga lo que haga, me estoy equivocando.
Me dan mucha envidia las personas capaces de pensar primero en si mismas. 
He perdido las ganas de intentarlo, de seguir a flote.
Estoy tan cansada.

Después de noches en vela conseguí dormir mi conciencia
Miro hacia atrás y volvería a quererte de la misma manera
Porque soy de querer sin miedo a que no lo hagan de vuelta
Creo que se lleva más quien quiere que quien se deja

No me siento igual, hay cosas que se han apagado. Está claro que hay otras que no debería haber visto, que confirman mis miedos y me hacen ver que no estoy tan loca, aunque no pueda reprocharlas.
Hay otras que ya no veo, y es algo que me da muchísima paz.

Llevo días con muchísimas ganas de escribir, con mil ideas en la cabeza, y ahora que he podido parar a hacerlo y tenía ganas... de pronto mi cabeza se ha quedado en blanco.
Estoy planeando mi nueva rutina cuando vuelva a casa, pero he planeado tantas veces rutinas que al final no cumplo... por las noches intento pensar en positivo, en cosas bonitas, en ideas que me calmen. Pero cada vez hay menos y dejo de verle sentido.

La rabia sigue siendo mi emoción principal, seguida por la tristeza. Tristeza profunda. Decepción, frustración. No recuerdo cuando sentí de manera prolongada una emoción bonita. Mi terapeuta siempre me dice que las emociones nos hablan, que nuestro cuerpo nos habla, y que es su forma de decirnos que algo nos hace mal o nos hace bien. Pero yo aún no sé leer mi cuerpo o mis emociones, se hacen barullo y no encuentro la forma de entenderlo todo.

Me deja más tranquila comprobar que el tiempo te alejó de mi vista
Porque ponía todo en su lugar
Que lo que no es para mí me lo quiten de las manos
Que lo que me haga feliz lleve un cartel bien iluminado
Que lo que no es para mí me lo arranquen aunque duela
Por si tardo demasiado en aprender que quien quiere quedarse, se queda


Siempre tardo demasiado en darme cuenta de las cosas. De cuando parar, de cuando seguir. 
Nunca debí haber empezado mi última relación, y no solo la empecé, si no que tardé un año en irme, aunque todas las señales me gritaban "corre". No dejé de intentar estudiar, aunque todo me gritaba que me rindiese. Pero eso salió bien, mereció la pena. 
Durante muchos años seguí dando oportunidades a quien no debía. 
Me sigo dando oportunidades a mi misma. 
Sigo bien rodeada.
Lo intento.

Por si tardo en reaccionar y me frena el miedo a equivocarme
Por si de lo que me hace daño no sé desengancharme
Por si no me atrevo a saltar de otra cuerda floja
Por si me siento incapaz de detectar a tiempo esas banderas rojas




jueves, 22 de enero de 2026

Sale el sol

Las noches siguen siendo un infierno. Dormir es una odisea y en mi cabeza se agolpan pensamientos en todas las direcciones. Siento que me ahogo, que nunca podré dormir. Noches en vela, días que no acaban. Es como si me quemase todo el tiempo, como si estuviera bajo el agua sin mas aire y a la vez todo quemase.

Odio tanto no estar siendo capaz de superarlo. Pero tanto.

Y odio más aún irme a dormir. No imagináis el infierno que se crea en mi cabeza una vez cierro los ojos. Puro infierno, queriendo morir sin ser capaz.

Ya ni siquiera hablo con nadie de ello, no a fondo, no como lo siento. Quizá con mi hermana, porque pienso que es la única que va a aguantarme repitiendo lo mismo mil veces, quizá porque siento que es la única que nunca va a dejarme.

20 de enero, 6:10 a.m.

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Un día mas de sentir la tormenta en cada célula de mi piel, esa que mi cabeza no para, esa que no me da tregua. Ni aún con objetivos.

Intento escapar de todos los pensamientos que sé que me hacen daño, pero me persiguen. Siento que corren demasiado y que no tengo capacidad de esquivarlos. No sé cómo pedir ayuda ni cómo sobrevivir.

Ni siquiera sé exactamente de qué serviría. Es decir... ¿para qué vivimos? ¿cuál es el objetivo? Si consiguiera mis metas (independizarme, un trabajo estable que me guste, tener paz) ¿después qué? ¿qué se hace?.

Sigo sin soportar la idea de que él estará ahí el resto de mi vida. Viviendo la suya sin consecuencias por sus actos. Siendo el amigo perfecto, la persona perfecta, el novio perfecto. Y yo la mala. La exagerada. Siempre la negativa.

El 3 de febrero termina el camino que empecé en septiembre. Tengo mucho miedo. Y estoy enfadada con las circunstancias, con lo diferente que habría sido todo de otra manera. Con la frustración de estar dando un 20% porque no soy capaz de dar mas.

Sé la teoría de lo que debo hacer y pensar, de verdad que me la se. Pero no soy capaz de aplicarla. No soy capaz.

21 de enero, 21:10 p.m.

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Dormir con él me ayuda y me calma, aunque solo sea a través de un teléfono.
Recordar lo que se siente cuando le abrazo y le tengo cerca, esa calidez, ese tipo de amor.
Solo dos semanas.

Este sábado estaré con ellos, mi familia, mi calor.
Ayer fui capaz de hablar con las niñas y contarles todo lo que llevo sintiendo estos meses.

Sigo siendo la que lleva la responsabilidad de prácticamente todo, pero al menos no estoy loca. Me han dicho que tenga paciencia, que la edad tiene mucho que ver. Me he recordado a mi misma y creo que pueden tener razón.

Estoy bien rodeada. Soy fuerte.

22 de enero, 13:20 p.m


Te lloré hasta el extremo de lo que era posible
Cuando creía que era invencible
No hay mal que dure cien años,
Ni cuerpo que lo aguante
Y lo mejor siempre espera adelante

Y un día después de la tormenta,
Cuando menos piensas, sale el sol
De tanto sumar, pierdes la cuenta
Porque uno y uno no siempre son dos
Cuando menos piensas, sale el sol

viernes, 16 de enero de 2026

No sé salir

Estoy oyendo como llueve, y, mientras lo oigo, soy consciente del tiempo que hace que no salgo a la calle, a la luz del día. Todos los días me propongo hacerlo, pero al final mi habitación es mi propia cárcel, esa de la que no soy capaz de salir.

Hoy, además, me pregunto de qué clase de monstruo he estado enamorada, hasta cuándo durará este dolor en el pecho y esta guerra fría, y si de verdad acabará mereciendo todo la pena. 
Me pregunto por qué a los monstruos les salen las cosas bien.

Sigo teniéndole pánico al futuro. A los genes, a la historia.
A los bucles que se repiten.

Estoy encerrada en mi misma.
No sé salir.

jueves, 15 de enero de 2026

No quiero

Vuelvo a no poder [a no querer] dormir.
Siento que no soy sincera conmigo misma, que no sé lo que hago, que no podré con todo.
Necesito constantemente una validación externa que a la vez nunca es suficiente. Y sé que estoy rota.
Mi hermana no deja de decirme que saldré adelante, que lo superaremos. Mi terapeuta dice lo mismo. Mis amigos, las personas que me rodean.
Yo me lo digo mas de lo que lo pienso.
Pero no termino de creérmelo.

Me anestesio con cosas que me hacen dejar de pensar, que me evaden. Siento los genes viciados de mi padre invadirme. Me da miedo mi futuro.

No quiero dormir. No quiero que el día acabe ni que otro empiece. No quiero tener que pensar, tener que hacer, tener que moverme. 
No me apetece hablar con nadie, ni relacionarme, ni... no sé, ni simplemente existir. 
Es demasiado agotador.

Pero no me queda otra, ¿verdad?

martes, 13 de enero de 2026

Tiempo y Paz

El tiempo pasa de forma muy extraña. A veces miras el reloj, y, tras un instante, vuelves a mirarlo y resulta que han pasado horas. Otras veces un día parece un año. Hay momentos en los que se para, y no sabes si estás avanzando, retrocediendo o simplemente no ocurre nada.

Escribí por primera vez en un diario el 23 de diciembre del 2000. Han pasado 25 años, era una niña, pero aún recuerdo cada historia de ese diario y de los que lo siguieron. Escribir siempre ha sido mi lugar seguro.

Pero escribir es un arma de doble filo. Incluso cuando escribes para ti, nunca sabes quien va a leerte, si tu misma sabrás de lo que hablas o si en un tiempo no te habrás arrepentido de tus palabras. Y las palabras quedan ahí, registradas, enredadas dentro de sentimientos que a veces no comprendes.

Es complicado entender el tiempo. Me es complicado entenderme a mi misma, ayudarme, salvarme. 

Siento mucha tristeza por la niña que aún leo en las páginas de aquel primer diario. No sé si me gusta la adolescente que fui. La adultez me golpeó demasiado pronto y demasiado fuerte. Nunca he tenido los dos dedos de frente que debería tener.  Echo de menos la versión de mi misma que era capaz de mejorar.

Estoy agotada.

12 de enero de 2026, 5:50 a.m.

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He desinstalado la capacidad de saber, pero sigo siendo incapaz de no sentir. 

Me adentro en pensamientos que me abruman y me atacan, dándole vueltas a ideas que cada día cogen mas fuerza, a las que respaldan cada vez mas argumentos. La paz es algo que no existe.

Quizá me quitaron la posibilidad de tenerla el día que me llamaron por su nombre. 

Siempre me ha gustado que mi nombre signifique justo eso, "Paz", porque creo que me define muy bien, y me doy cuenta de que, irónicamente, llevo toda la vida buscándome a mi misma. Posiblemente en todos los sentidos.

No soy feliz. Quizá no sé serlo. Pero nunca lo he intentado en realidad, porque nunca he buscado la felicidad. 

Siempre he perseguido lo mismo. 

Simplemente paz.

13 de enero de 2026, 4:42 a.m.


domingo, 4 de enero de 2026

Lo estoy intentando

Son las 4 y media de la mañana. Es otra noche de caos. De los pensamientos que se acumulan en una tormenta que no sé gestionar. Todos los días intento levantarme de la cama, intentar buscar alguna motivación, algo que hacer. Pero cuando ese entretenimiento termina el mundo me cae encima. 

Odio los pensamientos que me atacan. Odio el miedo y esta tristeza infinita. Odio estas ganas de desaparecer. Odio sentir que haga lo que haga no mejoro, y a la vez sentir que no estoy haciendo nada por mejorar.

Estoy tan cansada. Tanto.

Tan enfadada.

Lloro tanto y tan a menudo. Tengo tantísimas ganas de gritar, de quemarlo todo. 

No puedo echar la vista hacia otro lado
Tengo que llenar la barra al 100%
Cada día un chance más para intentarlo
Y cada día veo que no he llegado al 100
Y en vez de 100
Igual son 10
Y me he dejao la piel por 4 chavos
Pero ese 10
Más otros 10
Suman 20 y más 20 de par en par
Que del 60 a 80 son 20 más, hasta 100

"Tienes que aceptar que la vida no es justa, que a veces el karma no existe" Tengo que aceptar que es probable que nunca pague de ninguna manera lo que hizo. 
Al menos ya no me habla, por suerte. Al menos ya tiene a alguien y, aunque una parte de mi siga odiando que sea feliz, a la otra le alivia que ya no tenga razones para mirarme con la cara de cordero degollado, que ya estamos en igualdad de condiciones en lo que a relaciones se refiere, ya no puede reclamarme silenciosamente que está solo.

No estoy consiguiendo el 100%, seguramente ni siquiera estoy consiguiendo el 10%. Pero sigo viva. Sigo viva. Algo tan aparentemente simple como seguir viva.

No consigo pensar en positivo ahora mismo. Lo intento, pero no me sale. Estoy agotada. 
Voy a tumbarme, y mi gata se subirá encima mía. Y mañana veo a Danil, Maikel y quizá a Joshua. Voy a ir a buscar a Gala para abrazarla fuerte. 
Lo estoy intentando.