Páginas

jueves, 2 de abril de 2026

Las migajas que no merezco

Siento que el dolor me esta ganando. Sigo metida en la cama, sin capacidad para salir de casa, sin querer hacerlo siquiera. 

Paso el día durmiendo o leyendo, e intento no pensar. Me gustaría encender el ordenador y hacer cosas, pero cada vez que lo miro me recuerda a él. A todas las noches de discord, a juegos, a la bomba que lo explotó todo.

No quiero huir de mi ordenador o mi escritorio. Siempre han sido mis lugares seguros, mis puzles, mis sims, mis series y pelis. Siento que ya me han robado demasiado.

He soñado con él, aunque acabo de ser consciente de que ya no recuerdo el sueño. Pero sé que me he despertado con el pecho doliéndome y echándole de menos como si no hubiera un mañana, que me quema las venas la idea de que acabará con otra.

He intentado hacer lo que me han dicho tanto mis amigos como mi terapeuta, repetirme las cosas malas, y he recordado cuando al principio me volvió loca siendo tan incongruente entre actos y palabras, cómo siempre era yo quien proponía vernos. He recordado la primera vez que me quejé de que compartía las historias que yo subía si eran en grupo, pero nunca las que eran solo nuestras. He recordado todas las veces que tuve que pedir atención. He recordado como en una semana en la que sabía que venía hecha polvo y que encima íbamos a vernos menos de lo esperaba, eligió no dejar de ir al gimnasio en vez de querer aprovechar mas tiempo conmigo. He recordado la primera vez que insultó a mi hijo, la cantidad de veces que se quejó de él, aquel día que le llamó coñazo en su cara. Y me he preguntado quién es esa Irene, qué Irene fue la que, aquel 12 de abril en el que me hundió diciendo que mi hijo era inaguantable, no cortó de forma automática. 

He recordado, también, el sexo. El fatídico sexo. Como pasó de ser increíble a ser siempre lo mismo, a notar esa falta de deseo y ganas. He recordado como yo hacía hasta lo imposible para hacerle sentir deseado, para que supiese cuánto me gustaba y ponía, o incluso los orgasmos que fingí... y que él me devolviese tan poco, que no me hiciese sentir esa diosa que sé que soy, que bajase tanto mi autoestima como lo hizo Fran. Yo, que siempre he sabido también lo que soy y lo que valgo en ese ámbito. Nunca volveré a conformarme con alguien que no me haga sentirme como la jodida diosa mas especial del mundo en el sexo, que se desviva por darme sexo oral, por darme las cosas que me gustan y, sobre todo... que todo su gusto sexual no gire solo en torno al porno, como me ha pasado ya tantas veces. Malditos hombres educados en el porno que creen que si no es así no se disfruta.

He recordado todas las veces que me ha demostrado su inmensa inmadurez, sin querer aceptarla nunca. Y he recordado la premisa de su vida, primero él, luego él, y después él. Al principio pensé que le envidiaba, y es cierto que para algunas cosas es una gran virtud. Pero luego, con los días, lo voy pensando y... que alegría no ser así, que alegría ser capaz de ver cuándo mis actos van a dañar a otros, y qué alegría saber qué cosas merecen la pena, qué personas merecen la pena.

Cuánto me equivoqué respondiendo aquellas preguntas en instagram de forma pública, sabiendo que él podía verlas. Qué segura estoy de que solo me habló por eso. Cuánto me he equivocado al publicar demasiadas cosas, demasiadas veces. Pero es mi vía de escape, escribir, y, por suerte para él, él mismo me dijo que evitaba leer mi blog, así que prefiero refugiarme aquí, sin sentimientos de culpabilidad, y recordando que, quien nunca me priorizó, fue él, que lo hizo solo en lo sencillo y fácil, en lo básico, y que nunca quiso entender que no le estaba pidiendo la luna.

Ha puesto en su twitter "Gracias trabajo personal por hacer que me elija primero a mi", como si yo le hubiera estando dificultando la vida, cuando todo lo que hice fue dar, apoyarle, estar para él... y pedir un mínimo. Pero él no esta listo para ese mínimo, porque sigue siendo un niño que solo quiere vivir tranquilo, pensar en sí mismo sin tener en cuenta a nadie mas, trabajar en su cuerpo, sus hobbies y pensar lo menos posible, sabiendo que tiene absolutamente todas sus necesidades físicas, económicas y emocionales cubiertas. 

Su madre tenía razón cuando le dijo que tuviese cuidado con mi mochila, pero creo que lo dijo porque hasta ella misma sabía que él nunca tendrá la fuerza suficiente como para acompañar a alguien que no haya tenido la misma vida fácil y sencilla que ha tenido él. Aunque se empeñe en querer defender que no lo ha tenido fácil o que eso no es cierto.

No sé cuando voy a ser capaz de salir de la cama, de respirar, de que el pecho deje de doler. Miro la hora y pienso que quizá él ya está en Sevilla, o que le faltará poco, y entonces recuerdo la agonía que pretendía hacerme vivir hasta el domingo, y que me dijo, tan tranquilo, que si quería que hablásemos antes pues haberlo dicho. Puñetero egoísta. 

Dichosa y estúpida Irene. Absolutamente todas las personas a las que les he contado lo que pasó desde el sábado, en el momento en que he dicho "me dijo que el domingo" y luego "que podría hacer algún hueco el viernes", pusieron tal cara que me hicieron ver hasta que punto he sido idiota. Hasta la terapeuta de Amuvi puso esa cara, y eso que con ella nunca llegué a hablar a fondo de él. Nadie podía creerse que de verdad se quedase tan tranquilo al alargarlo tanto.

Qué favorazo me hizo al decir "el domingo 5", porque si llega a decirme lo que yo quería escuchar, que era, al menos, el viernes... seguramente habría vuelto a caer en estar con alguien que, ni me merece, ni me valora, ni me conviene. Fue su manera mas absoluta de demostrar que no me quiere.

Quizá sea verdad que ninguno de los dos ha sido el malo de la película, pero entonces... ¿Por qué hay tanta diferencia a la hora de llevarlo, de manejarlo y de haberlo hablado?

Me estuvo mareando hasta el último momento, hasta el último segundo. Y por suerte fui capaz de decir basta. 

Sigo llorando, con el cuerpo roto, pensando en cien millones de cosas y en cien millones de miedos. No se cuando saldré de esta cama, de este encierro.

Pero tengo una certeza, él acabará siendo Fran.

A día de hoy pienso en Fran y no siento absolutamente nada, pero nada, no tengo necesidad de saber de él ni de su vida, me da igual si me lo encuentro por la calle, y solo me acuerdo de él si hay algo que me lo recuerde, y no suelen ser muchas cosas. Recuerdo el año que estuvimos juntos y lo que veo es a una Irene que nunca fue feliz de verdad pero que intento forzar serlo, a una Irene que no reconozco como yo misma. Y sé que me pasará lo mismo con esta relación. ¿Una Irene aceptando el tipo de desprecio que me ha demostrado hacia mi hijo? Madre mía, si es que no hay por dónde cogerlo. No sé quién soy o quién he sido.

Me he conformado con unas migajas tan pequeñitas esta vez... porque, seamos sinceros, Fran y él son tan iguales como diferentes, porque ambos me han dado lo mismo. Migajas. Migajas que he aceptado porque no me quiero en absoluto. 

Y a ambos les he justificado, de ambos dije "pero se esforzaron en esto, y en esto y en esto". Quizá es cierto que no son malos, pero no saben amar de verdad, no saben valorar lo que tienen.

Y nunca volveré a permitir eso.

Puedo sonar incongruente yo ahora, porque a él le dije lo contrario, que era un buen novio, que se había esforzado... etc. Sé que se ha esforzado, sé que lo ha intentado, pero también sé que magnifico demasiado las cosas buenas, y hago lo contrario con las malas. Igual que sé que mi primer impulso es aceptar, bajar la cabeza y hacer sentir bien a la otra persona. Gran fallo mio que él me ha recriminado muchas veces y en el que tiene razón. 

Pese a todo, y siendo sincera conmigo misma... ojalá no haberle conocido nunca. Ojalá no enamorarme nunca más de alguien como él. 

No me ves porque no estoy

Hoy he tenido dos sesiones de terapia. Una por la mañana, con la experta en violencia sexual, y por la tarde una de urgencia con mi terapeuta de siempre.

Ambas me han dicho lo mismo en una cosa, que tengo derecho a estar enfadada, que ese sentimiento me grita cosas, y que es necesario sacarlo fuera, que cuando intento tragarlo se vuelve contra mi, y es cuando llegan las ideas en las que quiero hacerme daño.

He dudado de mi mismo estos días, y esa rabia, ese enfado, ese desbordamiento... es muy complicado.
No me apetece hacer absolutamente nada. Ni salir, ni moverme de la cama, ni jugar, hacer puzles, máster... no me sale nada. 
Respirar me agota.
Y la rabia me corroe.

Me han dicho "tiempo", y Maria me ha recordado que en la sesión de la semana pasada ya estaba mejor, y que el problema ha sido más la vuelta y la sensación de empezar de nuevo que la pérdida. Que puedo estar orgullosa porque esta vez me he priorizado. Que él dio el primer paso, el empujón. Pero que me di cuenta a tiempo de lo que no merecía, y no me dejé llevar por un camino que no es el mio.

Es algo que nunca había conseguido con ninguna de mis relaciones, avanzar sin caer al menos dos veces. Ni siquiera mis amigos me creían al contárselo, tuve que enseñar la conversación y que viesen que, por una vez, dije que no. Y eso está bien.

Pero me sigue corroyendo la rabia. Mis terapeutas me han dicho que la suelte, que diga todo lo malo que pienso de él, que lo grite, que me desahogue, que recuerde todas y cada una de las veces que me hizo daño o que supe que no estaba donde debía estar. Que recuerde esos valores que tantísimo chocan con los míos.

Me han hablado de límites, de mi próxima relación y de cómo ponerme primero. Y tengo claro que, esta vez, de verdad va a ser un nunca mas, lo sé. Quizá eso signifique estar soltera el resto de mi vida, pero quizá también haya suerte y en un futuro encuentre a un Germán, a un Joshua... o a una yo misma. Porque no merezco menos de lo que doy, de lo que ofrezco y entrego.
Y a mi no me cuesta, no me es difícil.

Le he hablado mucho a mis amigos estos días de mis propios fallos, de mi mal genio o las cosas que he dicho y no debía, y todos me han dicho lo mismo, que aunque me haya equivocado, fue una respuesta al llegar al limite, que la ultima vez que ellos me vieron explotar fue siendo adolescente, y que todas las veces que he explotado a ese nivel con mis parejas ha sido a raíz de enfadarme por errores que se repetían una y otra vez en el tiempo.

No quiere decir que este bien, pero me ha hecho ver que es cierto, que tengo muchísima paciencia, y que si jamás he llegado a gritar o a hablar mal a mis amigos, a las personas con las que convivo... estoy segura de que habrá alguien ahi quien, siendo mi pareja, tambien me dará la paz necesaria para no llegar a esos límites. 

Pero voy a darme mucho, mucho, mucho tiempo, muchísimo. Voy a centrarme en mi, en mis objetivos, en mis metas. Ojalá ser capaz de mantenerme fuerte, ojalá poder lanzar la rabia.

Aunque ahora me queden semanas de ser un guiñapo en mi cama, sabiendo que él está de fiesta y en paz en mi ciudad, a dos pasos de mi. Aunque ahora me quede enfrentar el miedo a la operación, la soledad de la rutina perdida. 

Que complicado gestionar la rabia. Pero que alivio poder decir abiertamente que alguien no se ha portado bien conmigo, sin esa necesidad de defender y justificar.